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domingo, 16 de septiembre de 2012

La granja de cadáveres, Bill Bass






Una autobiografía sobre la vida de uno de los científicos que con más profundidad han investigado sobre la muerte y la práctica forense aplicada al esclarecimiento de sus procesos y causas.

Puntuación 5/5

A los libros, como a las personas, los encuentras por casualidad, para bien o para mal. Tropecé con "La Granja de Cadáveres" en una librería de Gijón. Me capturó la portada y sobre todo la venal  promesa de su contenido al dorso del libro. Desde aquel Agosto de 2.005, esta es la quinta vez que leo esta obra, y os aseguro que ha merecido muchísimo la adquisición y tiempo invertido en su lectura, mezcla de placer y aprendizaje.
 Este investigador, autobiografía su vida, narrándonos sus comienzos como psicólogo y antropólogo, hasta derivar, por razones del azar, en la que será su profesión, la antropología forense, rama científica, en la ha despuntado y obtenido reconocimiento a nivel mundial. El libro está escrito con un estilo fluido, con sutiles ironías, donde demuestra su facilidad para relatar situaciones reales con un hilo de suspense, casi literario.
 Por supuesto, además de la interesante trayectoria vital, desde su infancia como huérfano de un padre que se suicidó de un disparo en la cabeza por motivos de un fraude en la época de la Gran Depresión americana, pasando por los avatares de su formación y su largo período como arqueólogo expoliando científicamente los cuerpos de miles de nativos americanos, nos narra su labor como funcionario y profesor universitario.
Nos ilustra sobre su pasión, la antropología forense. Numerosos casos resueltos gracias a su intervención. Particulares de sus pesquisas profesionales en todo tipo de asesinatos o muertes violentas, misteriosas, premeditadamente ocultadas o enmascaradas por los ejecutores, en todo tipo de situaciones y escenarios. Nos narra su relación con las víctimas, a las que conoció por la exigua herencia de sus restos oseos, diseminados, mancillados, manipulados, pero para Bil Bass locuaces, delatores y dispuestos a revelar las causas de su muerte e indicios explícitos de sus asesinos. Vida y muerte entrelazados en los mismos párrafos, la vida del escritor y la de los muertos, compañeros involuntarios de su labor científica y profesional, todas ellas contadas con brillantes, amenidad y propósito divulgador en este intenso libro. En el se perciben los rasgos de un hombre humilde, valiente, trabajador y sensible pese al funesto entorno de sus prácticas policiales.

Este hombre, ha convertido la antropología forense en una ciencia rigurosa y empírica, y ha obtenido el reconocimiento de todas la naciones gracias a la "granja de cadáveres", título de este libro y también de la conocida novela de Patricia Cornwell, gran amiga del autor, que se inspiró en sus trabajos, con la que es motejado el centro de investigación antropológica dirigido por el en Knoxville en el departamento de la Universidad de Tennesse.

 Esto merece una explicación, pues nació de uno de los errores profesionales más comentados en Estados Unidos, como nos explica con sinceridad y rubor en el éste libro.
 El 29 de diciembre de 1.977 se le pidió un informe sobre un cuerpo desenterrado hallado en la tumba de un héroe de la guerra de Secesion, el coronel Shy. Tras el examen del cuerpo dató la fecha de la muerte en una antigüedad de una año como máximo. Los análisis químicos posteriores de los tejidos del traje demostraron que se había equivocado en la fecha en 113 años, y que para mayor escarnio demostraron ser los muy bien conservados y embalsamados restos del propio coronel. Ese es el punto de inflexión de su carrera y de la ciencia antropológica forense a nivel mundial. En el libro explica el autor abochornado y arrepentido su error: "simplemente yo no sabía demasiado –ni mucho menos- sobre los procesos postmortem que se inician cuando acaba la vida humana. Ni los antropólogos, patólogos, jueces de instrucción o la policía: nadie sabía absolutamente nada de lo que les ocurre a los cadáveres después de la muerte, ni cómo, ni cuando. El coronel Shy [..] había puesto en evidencia el alcance de mi propia ignorancia y el enorme vacío de conocimientos forense. Personalmente, yo estaba avergonzado, científicamente, intrigado, pero sobre todo estaba empeñado en hacer algo al respecto"
Desde ese instante, su propósito fue escrutar la muerte, las causas de la descomposición de los cadáveres desde un prisma estrictamente experimental y científico. Analizar y fechar con precisión y garantía empírica las fases, los agentes climatológicos y ambientales que la condicionan. El estudio y pormenorizado listado de los organismo implicados en la descomposición, principalmente la entomología forense, con datación del momento en que acuden al cadáver, cual es la intervención de los mismos y las causas de su inexistencia o de su desaparición, como método indiciario y eficaz para eliminar errores en el estudio forense de los cuerpos. Este proyecto se llevó a cabo de la única manera posible.
Proyectó un estudio en la universidad de Tennesse, de la que obtuvo financiación, licencia y lo más importante un terreno prudencialmente apartado y sobre todo cadáveres. Los sometío a estudio bajo distintos protocolos de investigación,bajo todo tipo de condiciones, ambientales, de temperaturas convencionales o extremas, enterramientos, intermperies, inmersión en líquidos, incineraciones parciales o severas y los documentó analíticamente. De esta forma, los procesos de la muerte y sus fases pasaron de estar basados en meras suposiciones a cimentarse en los resultados de estos estudios, en tesis doctorales y tratados sectoriales que aún continúan en ejecución y perfeccionamiento.
Pero la belleza del libro está en que el autor no se basa solo en los postulados de meros resultados teóricos y su incidencia en la ciencia forense. Plasma también el lado humano, emotivo de las muertes, los aspectos marginales y domésticos de las vidas de los cadáveres, hoy depositados bajo la lupa de su mesa de investigación. Nos habla, se preocupa de quiénes fueron, por qué motivo, lamentablemente delictivo, finalizaron sus días en aquél privilegiado centro de estudio. Esto hace del libro un compendio divulgativo y de crónica personal, que debe de estar en todas las bibliotecas...


Si  no os ha interesado el libro pero si el tema, OS propongo que hagais una vista al museo de antropología forense de Madrid, visita breve pero que a buen seguro no olvidaréis.

º

5 comentarios:

  1. ¿Cinco veces? Con todo lo que hay que leer, hacerlo cinco veces con un libro ya tiene que ser un objeto de culto. La verdad que solo el excelente y documentadísimo comentario que nos regala Javier en esta entrada le da a uno una pátina de conocimientos sobre el particular y le incita a dos cosas: leer el libro sin dilación y visitar el museo.
    Lo haré lo antes que pueda, porque ya no sé como manejar mi lista de libros pendientes de lectura, que sobrepasa los setecientos.
    Enhorabuena por el comentario.

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  2. Gracias por el comentario. Me consta que en entre especialistas este libro si esta reconocido como obra de culto. Mi tendencia cada vez mas acusada es hacia la relectura no puedo evitar acudir con relativa frecuencia a libros para mi significativos en mi vida. En este caso la erudición se acompaña de una prosa de indudable calidad y no te sacias de recibir conocimientos. S i puedes hacerle un hueco entre los setecientos, una persona como tu curiosa por naturaleza, se que te gustara. Lo del museo, es de ese tipo de joyas ocultas y semi-inaccesibles ineludibles. Cualquier otro país con ese museo hace una obra de arte, pero en España solo se incentiva la mediocridad.
    Como siempre un sincero abrazo.

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    1. Gracias por tu comentario.
      Si todo sigue como previsto nos veremos el próximo sábado. Si tuvieras a bien confiar en mí y prestarme este libro, te lo devolvería en nuestro próximo encuentro el martes 2 de Octubre.
      Un abrazo

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  3. Confianza absoluta. El sábado lo tienes allí.

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  4. Ante la imposibilidad de adquirir este libro en electrónico me fue prestado amablemente anteayer por Javier el ejemplar en papel durante el encuentro de condueños. Me ha costado el volver al papel, especialmente en el transporte público, pero es un libro que hay que leer sea como sea. Poco hay que añadir a la estupenda reseña hecha por Javier y que me ha llevado a dejar temporalmente lo que estaba leyendo para materialmente devorar sus 340 páginas impresas más algunas anotaciones personales y láminas añadidas del propio Javier altamente interesantes.
    Es un misterio como te embauca el autor hablando de cadáveres en descomposición, moscas, gusanos, cresas, huesos, humedades y toda clase de conceptos sumamente desagradables en las descripciones de crímenes reales en los que ha intervenido. Y todo ello mezclado con un poco de humor -–-llegados a este punto, en este caso ondeaban más banderas rojas que en un desfile militar chino---, su biografía personal y alguna enseñanza de tipo genérico como “…en la Ciencia pasa lo mismo que en la vida; una cosa conduce a la otra y, sin darte cuenta, de pronto te encuentras en un lugar al que nunca te hubieras imaginado que llegarías”.
    Y como a la lectura de este libro he llegado yo gracias a este blog, a la reseña de Javier y al préstamo físico del libro, que devolveré puntualmente el próximo jueves cuando coincidamos en “otro” club de lectura, no puedo menos de dar las gracias a todos por hacer posible que pasen estas cosas y que yo hoy sepa un montón de cosas interesantes sobre la muerte y lo que la rodea que hace dos días ni pensaba que iba a conocer.

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