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sábado, 6 de septiembre de 2014

Atacayte, de Carlos-Guillermo Domínguez

Carlos-Guillermo Domínguez es un escritor y periodista canario con una muy larga trayectoria en este mundillo. Nacido en 1925, empezó en el mundo de la radio pero ya en 1956 ingresó en la Sociedad General de Autores de España y su relación de libros publicados es muy extensa. Especialista en literatura infantil y juvenil, «Atacayte», obra con la que obtuvo algún premio, forma parte de una trilogía compuesta además por «Sosala» y «Bencomo», publicadas a mediados de los años ochenta y principios de los noventa.

Taguaro es el jefe de los Aquexata, uno de los diez territorios o cantones en los que está dividida la isla canaria, referida por Plinio en sus relatos del siglo I antes de Cristo y llamada así por la existencia en ella de perros, canes, de gran tamaño, que aparecen en determinados momentos en el relato con los nombres de raza de Tibicenas y Bardinos. Casado con Arima, el hijo de ambos, Atacayte, es el protagonista de la historia que nos lleva desde su adolescencia a su nombramiento como guerrero, interviniendo activamente y con valor en varios de los sucesos relatados, entre los que se encuentran desde fiestas populares y correrías infantiles hasta enfrentamientos con hordas de perros o invasores que han desembarcado en la isla con ánimo de hacer esclavos entre sus gentes.

Aunque es un libro dirigido en principio al lector juvenil, yo, que no me puedo encuadrar ni de lejos en ese tramo de edad, he disfrutado con la lectura de sus 175 páginas que contienen poco más de 43.000 mil vocablos. Calificada por el autor como novela histórica, bien pudieran haber sucedido así los hechos relatados aunque esto no queda aclarado en ningún momento. Es interesante el glosario de términos «especiales» usados con profusión a lo largo de la novela, si bien muchos de ellos se auto explican en el contexto en el que son utilizados. Su texto destila relaciones de amistad, de valor, respeto a los mayores, enemigos o la naturaleza, entre otras virtudes. Una lectura fresca y veraniega que podemos intercalar, como ha sido mi caso, entre otras de mayor enjundia y larga extensión.

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