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sábado, 8 de diciembre de 2012

La mancha humana - Philip Roth

Escuchando la radio en uno de los interminables desplazamientos que nos impone esta ciudad escuché que alguien recomendaba esta novela. Decía de ella dos cosas: que es una "auténtica novela" y que es un retrato fiel del actual modo de pensar norteamericano.

Una de las cosas que más echo en falta en el carácter norteamericano es su falta de autocrítica, su arrogancia intelectual, moral y en los negocios. Ese creerse líderes del mundo y estar orgullosos de ello. Ese llevar su forma de vida a todas partes, como si fuera la única,  la mejor y más perfecta. La única viable, en definitiva.

Por eso, leer a Philip Roth es como escuchar la voz de la realidad que nos dice que no todo es tan perfecto. Que tras su defensa de la democracia y la igualdad, se esconde el racismo. Que tras su aparente religiosidad y defensa de los valores fundamentales, se esconde el qué dirán y las apariencias por encima de todo. Ese estúpido orgullo que hace mirar por encima del hombro a los que no son como ellos.
Philip Roth nos cuenta una historia de amor, de secretos y de violencia (no solo física), aprovechando para retratar una sociedad hipócrita que no duda en destrozar a un individuo que pronuncia una frase que se puede malinterpretar.


La noche en que Frankenstein leyó el Quijote, Santiago Posteguillo

@SPosteguillo. Hace ahora unos tres años que este autor se hizo conocido con su trilogía sobre Publio Cornelio Escipión. Lo recuerdo nítidamente por ser uno de los primeros libros que leí en edición electrónica. En este blog se han comentado sus cuatro libros anteriores y solo hay que darle al buscador del blog para acceder a ellos. Pero el título sugerente y chocante de este último libro rompía un poco con la tradición de novela histórica de romanos a la que nos tenía acostumbrados por lo que me causó un pequeño impacto solo con la lectura del título. ¿Es este nuestro Posteguillo o nos lo han cambiado?. La cosa quedó ahí hasta que ayer, ya bien entrada la tarde decidí hincarle el diente, sin saber lo que me iba a encontrar. Una agradable decisión que supuso unas muy pocas horas de lectura amena y entretenida sobre un tema, o mejor dicho, varios temas, sorprendentes. Santiago Posteguillo, filólogo, lingüista, doctor europeo por la Universidad de Valencia, es en la actualidad profesor titular en la Universitat Jaume I de Castellón. Muchos datos acerca de él y sus libros pueden encontrarse en su muy recomendable página web donde hemos leído que está preparando la segunda parte de la trilogía sobre Trajano que verá la luz en el otoño del año que viene.

El libro que nos ocupa está compuesto de una serie de relatos independientes sobre muchas curiosidades que rodean al mundo del libro y de las letras. Empezando por el primer uso del alfabeto en la clasificación, el autor nos desvela numerosas curiosidades surgidas a lo largo de la historia, muchas de ellas desconocidas al menos para mí, y que me han supuesto un rato de lectura ameno y agradable. Poco rato, bien es verdad, por que se me ha terminado el libro en un suspiro. Cuestiones como si Shakespeare es o no el autor de sus libros, quién fue el autor del Lazarillo de Tormes, como Alejandro Dumas solo impuso un toque de gracia en sus famosas novelas, como se publicó casi por azar el primer libro del mago Potter, el último vuelo de Saint Exupery, la piratería informática en tiempos de Dickens y unos relatos más para acabar con la visión del autor acerca del actual libro electrónico.

Estos textos han ido apareciendo en el periódico Las Provincias en forma de entregas para desvelar el mundo secreto de los libros. Relatos cortos, interesantes, muy amenos e instructivos, un paseo fresco como música para los oídos en un viaje por la historia de los libros en una faceta hasta ahora desconocida de este autor. Puede ser uno de esos libros que no hay que leer con continuidad y que retomamos de vez en cuando, en momentos puntuales, entre lectura y lectura, para leer uno o varios capítulos. Como hemos dicho, son historias independientes que pueden ser leídas en momentos diferentes. Al igual que para el autor puede haber supuesto un descanso y un hacer-otra-cosa entre tanto romano, a nosotros nos puede venir bien para intercalar entre lecturas más enjundiosas. Muy recomendable y con numerosas pistas de grandes libros de la literatura universal que deberíamos de leer si no lo hemos hecho.

Como a todo conviene ponerle un pero, es un libro muy caro para lo ofrecido en su versión en papel y tremendamente caro hasta rayar lo prohibitivo en su versión electrónica.

viernes, 7 de diciembre de 2012

Isabel la Católica, Manuel Fernández Álvarez

En una entrada publicada hace un par de meses en este mismo blog de otro libro sobre la biografía de Isabel La Católica, mencionábamos a este autor, Manuel Fernández Álvarez, catedrático emérito de Historia Moderna y miembro de La Real Academia de La Historia, como gran experto y una referencia en la historia de España en la segunda mitad del siglo XV y todo el XVI, que es como decir desde los Reyes Católicos hasta Felipe II, una época de esplendor en la historia de España, aunque también de luces y sombras como reza el título de otro libro de este mismo autor. El tema está de moda en estos días en que ha finalizado la emisión en RTVE de la primera tanda de la serie sobre esta reina. Bien realizada y con cierto rigor en el fondo, la serie es muy recomendable porque puede complementar nuestros conocimientos de historia de una forma entretenida, eso si, de forma parcial por ahora, hasta el momento en que Isabel es coronada Reina de Castilla en 1474 a los veintitrés años.

Como no puede ser de otra forma, el libro narra los aconteceres de la reina Isabel desde su nacimiento en 1451 hasta su muerte en 1504. Toda una vida llena de avatares desde su niñez hasta su muerte en una época en que se escribieron dos grandes gestas de la historia de España, como son la finalización de la Reconquista y el descubrimiento de América. Pero hubo otras muchas cosas, intrigas, guerras fratricidas, la Inquisición, expulsión de los judíos, conquista de Melilla, problemas con Portugal y Francia, y un sinfín de hechos que son los mismos, no podía ser de otra manera, en todas las biografías que podamos leer de este personaje.

El autor narra la historia de forma amena y entretenida, ajustándose a hechos reales y documentados. Intercala entre sus párrafos textos complementarios de la época que dan una nota exótica con el lenguaje y la redacción del castellano antiguo. Al final del libro se encuentra una parte importante de información complementaria sobre la época. Nadie duda que Isabel es uno de los personajes clave en la historia de España y acercarnos a él y mejorar nuestro conocimiento de la historia es siempre agradable.

El propio autor nos dice “que se trata de un personaje importante, lo sabéis muy bien; puede que no haya otro igual en toda nuestra historia. Y que en su reinado ocurrieron grandes cosas, algunas de las que invitan a las recias polémicas, también lo sabéis perfectamente. Por eso he de confesaros que escribí este libro con el mayor cuidado. Pero también con gran ilusión, incluso con pasión a veces. Pues bien: yo quisiera que algo de esa ilusión y de esa pasión llegara hasta vosotros. Eso querría decir que mi tarea no ha sido en balde.”

Rescatando el final de la entrada anterior antes aludida, decir que la bibliografía sobre esta mujer y los personajes de su época es inmensa, pudiendo consultarse una relación en este enlace a la biblioteca Cervantes, que no es exhaustiva pero si muy completa.

martes, 4 de diciembre de 2012

Juegos de la edad tardía, Luis Landero

Se trata de la primera novela de este autor, publicada en 1989, resultando al año siguiente galardonada con el Premio de la Crítica y el Premio Nacional de Narrativa. Luis Landero nació en Alburquerque, Badajoz, en 1948, en el seno de una familia campesina extremeña, que emigró a Madrid a finales de la década de los cincuenta. A los quince años escribía poemas al mismo tiempo que trabajaba como mecánico en un taller de coches y chico de recados en una tienda de ultramarinos Se licenció en filología hispánica por la Universidad Complutense, ha enseñado literatura en la Escuela de Arte Dramático de Madrid y fue profesor invitado en la Universidad de Yale (Estados Unidos). Como ya se ha mencionado, se dio a conocer con la novela que comentamos, a la que siguieron Caballeros de fortuna (1994), El mágico aprendiz (1998), El guitarrista (2002), Hoy, Júpiter (2007, XV Premio Arzobispo Juan de San Clemente), Retrato de un hombre inmaduro (2010), y su reciente Absolución (2012), todas ellas publicadas por Tusquets Editores. Traducido a varias lenguas, Landero es ya uno los nombres esenciales de la narrativa española. Ha escrito además el emotivo ensayo literario Entre líneas: el cuento o la vida (2000), y ha agrupado sus piezas cortas en ¿Cómo le corto el pelo, caballero? (2004).

Los anhelos de una vida de intelectual que Gregorio Olías pretendió en su juventud estaban perdidos al haberse convertido en un oficinista gris que atendía el teléfono en una empresa de vinos y aceitunas. Un día, un vendedor destinado en un pueblo perdido contacta con él para hacerle un pedido y comienza un diálogo sobre la ciudad y sus eventos que llevará a nuestro protagonista a recrear una historia llena de mentiras. Desde el otro lado de la línea, Gil Gil Gil, convertido en Dacio Gil Monroy, alimenta la vanidad de Gregorio que desdobla su personalidad en la de Augusto Faroni, culto, poeta, escritor y triunfador, con una vida intelectual, profunda que solo existe en la mente de Gregorio y de su seguidor telefónico, que necesita alguien en quién volcar sus expectativas truncadas. El andamiaje de mentiras va creciendo hasta que Gil se presenta en la ciudad dispuesto a vivir la realidad de todo lo que hasta ahora era simple palabrería. Gregorio no se vuelve atrás y sigue adelante con su farsa llegando a situaciones esperpénticas, que alcanzan a su mujer Angelina, su madre y todo su entorno, llegándose a ausentar de casa y de su trabajo y maquinar una trama de persecución política solo existente en su imaginación y la de su admirador. La imaginación es gratis y la admiración incondicional hace ver las estrellas a pleno día.

Sería incapaz de decir si el libro me ha gustado o no, porque cuando trato de decidirlo paso del blanco al negro con suma facilidad. Por un lado hay que quitarse el sombrero ante la riqueza de vocabulario y el estilo impecable con que el autor acomete y desarrolla el relato, con un manejo espléndido del lenguaje que es, por momentos, verdadera música para el lector. Pero se podía haber buscado otra historia o hacerla un poquito más verosímil. Una idea central que se desgrana en matices infinitos, al convertir una vida real mediocre y anodina de un oficinista en una serie de hechos inventados dentro de una atmósfera irreal cada vez más complicada, haciendo gala de una desbordante imaginación que se adentra en lo absurdo. Personajes vulgares, sin resplandor en sus opacas existencias, se convierten en fulgurantes héroes actuales y reales con solo dejar volar la imaginación. Podemos ser, imaginar ser, lo que queramos, escapando del entorno negro que nos rodea. No sé si hubiera llegado al final de esta novela de no ser por la “obligación” del club de lectura pero me quedo con ganas de leer otras cosas de este autor. Al menos si la historia no me gusta preveo divertimento en la prosa.

Un par de párrafos extraídos del libro:

En cuanto se acostó Angelina, Gregorio se instaló en la sala y deslazó la caja de zapatos. Temeroso quizá de haber perdido el favor de las musas, o de no encontrar, agobiado por la responsabilidad y los años, el ardor de las pasiones juveniles, se concedió una tregua: despejó la camilla, cargó la pluma, aguzó el lápiz agrupó las virutas, numeró las páginas de la libreta -sin caer en la cuenta de que aquellos interminables preparativos eran los mismos que habían enredado a Gil en sus noches de bachiller autodidactoy quedó sometido a los caprichos de la inspiración.

Son hijas bastardas del grito y legítimas del susurro -cuchicheó-. De cintura para abajo se les condensan todas las neblinas. Tienen allí el alma en vinagreta. Son húmedas de por sí. Hasta las beatas adoratrices llevan bragas. Las hay blancas y negras, y de todos los colores y más que el arco iris. Se las quitan y se las ponen. Limpias y sucias. Suben una pierna y luego la otra, y se las ajustan a la horcajadura. También las monjas. Todas. Y eso durante siglos. Da escalofríos pensarlo, ¿eh? Imagínese, ilustre amigo, la reina con el caballerizo, el abad con la costurera, la marquesa con el mastín, la peluquera con el fresador, arriba y abajo, poner y quitar, y siempre lo mismo. No me negará estos hechos. Mire -y se llevó las manos a los bolsillos-. ¿Ve esto? -y fue dejando sobre la mesa una pelota de pimpón, tres avellanas, cuatro horquillas, una barra de labios, dos pinzas de la ropa y unas bragas marchitas-. Esto es todo lo que quedó en la fonda. ¿Ve? Todavía huelen -y se las metió a Gregorio en las narices.

domingo, 2 de diciembre de 2012

El último testamento de Oscar Wilde, Peter Ackroyd

Novela histórica, de perfecta ejecución
 exquisito relato de la vida de este
polémico escritor.
Puntuación 4/5

El autor en esta novela histórica situa a Oscar Wilde en los últimos años de su existencia, en la ciudad de París, escribiendo un diario fechado desde el 9 de Agosto a 30 de Noviembre de 1.900, donde malvive merced a los sablazos perpetrados a sus allegados, exiliado  y aborrecido de la sociedad inglesa, como un producto pernicioso y depravado del vicio de sus calles.
Allí lejos de Inglaterra, adopta el nombre de "Sebastián Melmoth" parapetando así su verdadera identidad.
Quien en otro tiempo fuera escritor, conferenciante y periodista reconocido, creador de modas literarias, pionero en estrafalarias actitudes y vestimentas, hoy, se guarece en otro país, víctima de sus propios errores y de  un proceso judicial en donde diseccionaron sus debilidades como persona y sus vicios sexuales y diletantes.
Escondido en París, decide iniciar un diario, con mera pretensión de entretenimiento y exhumación de recuerdos e ideas, en el que escribe, desde el presente, en primera persona, oteando su pasado, tropezando con las causas de su actual aflicción y del desmoronamiento de su vida.
En la novela, aparece su pérfida biografía, mostrando con sinceridad y sin eufemismos a los miembros de su compleja familia, su condición de bastardo, el alcoholismo de su madre, la frialdad paterna, sus conatos infantiles como extraño niño irlandés en la sociedad británica. Sus prejuicios hacia los ingleses se expresan en el diario con estas frases:
"No era popular, pero me aceptaban. Aunque estos eran hijos de Irlanda; después aprendí que los ingleses son capaces de reírse y golpearse al mismo tiempo sin el menor remordimiento. Este es el secreto de su triunfo como nación."
Van desfilando matices de su afilada pluma, sus primeros escritos y obras de teatro, su condición de referente en los círculos bohemios literarios y artísticos, en una nación que lo alaba y emula con la hipócrita cautela de la traición. Se confiesa víctima de su propio histrionismo en estos términos:
"al verme imitado comprendí inmediantamente que si quedaba atrapado en mi personalidad estética, ésta podría convertirse en un íncubo. La imitación no consigue cambiar al imitador, pero si al imitado."
Pero, mientras aventa recuerdos en el escrito, sigue contándonos su agrio presente, su precaria economía, el abandono y desprecio de los británicos hacía él, la camada de amantes que lo soportan y aprovechan su díscola fama, postreros carroñeros de su ingenio, de su devaluada condición de exitoso escritor. Un presente de un sabor acre, decadente, sin retorno.
Desentierra el recuerdo culpable de su esposa Constance y de su hijos, Cyril y Vyvyan, a los que repudió al escoger la alternativa del alcohol, de la vida nocturna y disoluta, en brazos de homosexuales, de amores adolescentes y mercenarios, incapaz de afrontar la monotonía y simplicidad de una vida marital convencional. Se abandona en una bacanal de lujo, vicio y desplifarro, sintetizado en estas líneas:
"Alquilé un cabriolé que me seguía a todas partes y, en mi huida de la vida doméstica vivía en restaurantes, hoteles y apartamentos privados. Solía sentarme en el Café Royal y discutía cosas improbables con personajes imposibles. Era vano y el mundo adoraba mi vanidad. Si hay algo que los ingleses admiran es el éxito..."
Narra la depravación de barrios londineses como Southwark y Clekenwell centricos y vergonzantes donde se solazaban en el desenfreno los miembros más escabrosos de la ciudad:
"Me entrego, por qué no admitirlo, a la compañía de la bebida y de muchachos; los chicos resultan más caros aunque, desde luego, son bastante mas maduros. En realidad la bebida me produce mejor efecto pues, según tengo entendido, impide que me vuelva aburrido. Algunas personas beben para olvidar; yo bebo para recordar. Bebo para comprender lo que digo y para descubrir lo que ya sé."
Incluye  en el diario, con dramático dolor, la escocedura del proceso judicial. Su procesamiento y condena, la  reclusión en los establecimientos penitenciarios de Pentonville y Reading, la infamia de los transporte, la tétrica arquitectura de las prisiones, las insalubres instalaciones, el trato degradante al que fue sometido. Denuncia la dispensa a los presos de vejaciones físicas y psicológicas. Narra la humillación de ser obligado a coser sacas de correos, la incomunicación en celdas de castigo, las secuelas físicas con un daño incurable en uno de sus oídos y la perdida de visión.

 El libro está escrito con la maestría característica de este autor, con su estilo fluido y contundente, administrando los datos biográficos y las conexiones con el supuesto diario, sin altibajos ni incurrir en el error de atormentar con muchas fechas y acontecimientos, matizando la diferencia entre el género de la novela y la biografía.
Se percibe que Peter Ackroyd es un erudito de la época y del personaje, y utiliza un estilo con una prosa en la que imposta a la perfección el estilo cáustico e incisivo de Oscar Wilde, con su inmersión y evocaciones mitológicas. Una demostración plausible de oficio y del profundo conocimiento de la obra del autor, en la que entrevera frases y expresiones de Wilde, con una sutileza y discrección sorprendentes, virtud esta, sólo reservada a grandes escritores como Ackroyd.

sábado, 1 de diciembre de 2012

Brooklyn Follies; Paul Auster

Bienaventurados los que aún no han leído este libro pues ahora ya esta avisados

Puntuación 2/5




¡ADVERTENCIA!
Esta reseña, puede herir la sensibilidad de los seguidores y acólitos de Paul Auster. Por favor, ABSTÉNGANSE de leerla.-

Nathan Glass es un maduro agente de seguros diagnosticado de cáncer de pulmón. Tras luchar contra la enfermedad y recibir la esperanzadora noticia de su mejoría, decide jubilarse y comenzar una nueva vida en el barrio que le vio crecer, Brooklyn. Allí intentará cauterizar las heridas de la enfermedad, de un conflictivo divorcio, la difícil y distante relación con una hija anodina, y, sobre todo, la tendenciosa soledad de su vida.
Deambulando por las calles de su antiguo barrio, recala en una librería de segunda mano, donde entabla amistad con Harry Brightman o Dunke, un individuo sarcástico, locuaz y retórico, con un pasado proceloso y delictivo en fraudes artísticos, personalidad aderezada por su condición de padre homosexual. Por casualidad, el sobrino de Nathan, Tom Wood, es uno de los empleados. Este familiar, hijo de una hermana fallecida, era un joven con grandes expectativas como "doctorando" en literatura americana. Ahora, arrumbado en la librería desempeña labores de archivo, después de un peligroso pasado laboral como taxista neoyorkino, tras el inesperado abandonó de la tesis doctoral, de la docencia y la investigación. Al desvelarse estas contingencias, Tom, habla de su hermana Rory, una niña despierta, prometedora y díscola en su infancia y actualmente con un tortuoso bagaje por el mundo de la pronografía, conocida como "Rory la Magnífica", la hostelería, la música, las drogas, las sectas religiosas y la maternidad. Sorprendentemente, como todas las concatenaciones de los argumentos en las novelas de este escritor, aparece en la novela Lucy, la hija de Rory, que con sus 10 precoces años, desciende en solitario del autobús, en un viaje desde Carolina del Norte hasta el mismísimo Brooklyn, para ser cuidado por Tom y Nathan. Tras estas viandas argumentales, antes expresadas, en la novela se suceden, una larga lista de situaciones, la mayoría de ellas rozando el absurdo y el límite de la credibilidad. Entre ellas, como lista enunciativa: fraudes en grado de tentativa y consumación, amorios previsibles de lángida semblanza, enigmáticas conversiones al lesbianismo, infartos, sabotaje de vehículos por cándidas niñas de 10 años, masturbaciones intempestivas, taimados intentos de seducción a camareras, un delirante pasaje de transformismo en un entierro, felaciones con propósitos de liberación religiosa, eso si, con el aliciente argumental de un enorme pene del reverendo, enamoramientos otoñales, herencias de fortunas en sorpresivos legados, y eso, si, aburrimiento, mucho, muchísimo aburrimiento.
Ahora entiendo a Miguel Angel cuando confesaba en este blog su incompatibilidad con la lectura de las obras de Umberto Eco o su frustrado intento de asimilar "en busca del tiempo perdido", de Marcel Proust.
Confieso mi ignorancia en materia literaria. Mis rudimentos son básicos, desordenados y precarios, pero si soy un ávido lector, dispuesto a zambullirme en cualquier tipo de libro y muy reflexivo con lo que leo y con las intenciones del que lo escribe y publica. Soy un maestro en saber lo que me gusta, entretiene, seduce o decepciona y escama.- Y con este libro, y sobre todo con este escritor, todo tiene un tufo de estafa editorial y oropel. Un escritor que me aburre hasta el hastío, con un estilo ramplón, tedioso, lineal, con supuestas sorpresas en la trama histrionicas y bochornosas. Las meditaciones y disgresiones del autor, exhaladas por sus personajes, son una seudofilosofía fútil e intranscendente, vacia de contenido, acuñada, imagino, en tertulias compartidas con sesudos intelectuales de su jaez o en profunda reflexión en la terraza del hotel tras recibir el Premio Príncipe de Asturias rodeado de adoratrices de muchos Ministerios y Consejerias.
Los personajes de la novela han sido alumbrados por el calibre del menguado cajón de sastre del escritor y deambulan por el relato con la misma torpeza arbitraria que por la imaginación del Paul Auster.
Como en este blog escriben y leen personas mucho mas versadas y con una mayor aptitud para la hermenéutica de la novelística norteamericana contemporánea, estoy preparado para la avalancha de opiniones contrarias a lo expuesto en esta mi entrada.
Pero como postrer alegato afirmo que A Dios pongo por testigo que nunca más leeré a Paul Auster....
Este tipo de libros, en mi opinión, junto con la nota de promisión y colorista del editor en la portada del libro, glosando las virtudes de la prosa por leer y las sorpresas narrativas por paladear en sus páginas, debieran de llevar impreso el siguiente texto admonitorio:
"-Advertencia-
Algunos lectores, en o tras la lectura de las páginas de este libro puede padecer alguno de estos síntomas, aislada o simultáneamente: somnolencia, tedio, perplejidad, sonrojo, enfado, decepción, incomprensión, estupor, aturdimiento, manifiesta intención de cerrar sus páginas, de darle usos alternativos al papel  o resetear el E-book, e incluso, en casos extremos, imperiosas ganas de encender la televisión."

domingo, 25 de noviembre de 2012

las voces bajas, Manuel Rivas

un relato intimista y nostálgico
de la niñez y adolescencia
en Galicia
Puntuación 3/5

En esta obra, compuesta por un entramado de recuerdos conexos, hablan la memoria intimista del autor, escarbando en imágenes del pasado.
La infancia y adolescencia doméstica de una familia y su entorno, en una Galicia desaparecida y rescatada en las vivencias descritas en el relato.
En episodios de temática variada, audaz y arbitraria, revive a los miembros de esta familia, narrando sus experiencias tamizadas por el tiempo y la nostalgia, localizada en Castro de Elviña, una aldea colindante con A Coruña, desenterrando el sedimento de la niñez, en un contexto agrario y de posguerra. Un padre albañil, trabajador, emigrante a Venezuela, ensimismado, saxofonista vocacional y esporádico, docto en silencios y actitudes frente a la vida, afanado en la ingrata y dura labor de proveer al hogar de lo necesario.
La madre Carmiña, amante de la literatura y de las palabras, “verbibora”, que compagina trabajo y la inclinación hacia la lectura, con inducción a los hijos por descubrir los misterios que en los reglones de los libros se cifran.
María, su hermana, como un alma gemela, compañera de miedos y descubrimientos, de peleas sofocadas por la inteligencia paterna. Una presencia melancólica y doliente en su pasado. Una niña, convertida en mujer ante sus ojos, con alma de sufragista y revolucionaria, incipiente escritora, lectora y desaparecida:
“Y encima de la mesa María, Lee en voz alta el periódico. No hay radio, no hay televisión. María esta leyendo con la linterna de sus ojos verdes en medio de un silencio antiguo.”
Latente en todos los comentarios la persistencia atávica del franquismo, con los fantasmas adheridos a la dictadura, con su represión física y emocional, el miedo al hablar, a ser escuchado, a ser señalado como desafecto y sospechoso.
El murmullo de las voces de los personajes, en una letanía amortiguada por el tiempo. Todos los recuerdos estibados en la mente, la apertura a la vida de unos niños, los primeros trabajos como periodista, los poemas olvidados o aplazados, los parientes, escenarios arrumbados en la memoria y recuperados en este libro. La Galicia agraria, donde las vacas se asoman a un mar, símbolo de peligro, de provisión de huida, batiendo en los acantilados su telúrica sinfonía, con las bestias como espectadoras.
Todo rezuma melancolía y añoranza, con el escozor de la pérdida de los seres amados y resucitados en el relato, invocados de manera arbitaria, de forma cronológica y desordenada:
relatos radiofónicos de Carlos O,Xestal,
una maleta convertida en asiento en su primera escuela, permonitoria y metáfora de la emigración en Galicia,
el peluquero locuaz y retórico suspendiendo historias al filo de un tijerezado en el aire,
el asombro ante el progreso simbolizado en una fabrica de Coca-Cola
“mirabamos asombrados el movimiento incesante de la cinta transportadora donde las hileras de botellas de la pócima entraban vacías por una lado y salían llenas por el otra sin la presencia a la vista de ningún ser humano. Cuando me hablan del <<realismo mágico>> esa etiqueta literaria de la que abusan los críticos perezosos, lo primero que me vine a al cabeza es aquella fábrica transparente y la visión de las botellas que se llenaban solas”
oficios en extinción apuntalando las constantes del día,
“un cantero que tenía su taller en un alpendre, al pie del monte del faro. El golpear del mazo en el cincel con el que labraba el granito, cruces y lápidas, se imponía a la manera de un reloj resentido, con su tiempo hecho a mano”,
de mujeres portando la colada en la cabeza sin aparente esfuerzo, en esferas perfectas de pertrechos, un maestro tullido y politizado aficionado al boxeo, impartiendo docencia en un bar ante un televisor retransmitiendo un combate de Cassius Clay contra Joe Frazier,
fotógrafos ambulantes estafando las ilusiones de la gente, en esa primera foto de familia nunca disparada ni disfrutada,
detenciones de la policía franquista en los estertores de la dictadura.
 redacciones de periódicos, obituarios en prensa, del ruido de las máquinas, el olor a la tinta y la leche de los talleres gestando el noticiario.
El título del libro lo explica el mismo autor, y proviene de una frase de la obra Esperando a Godot, en la que dos personajes “oyen las voces bajas de los muertos. Su sonido es como de alas. Como de arena. Como de hojas. Susurran. Murmuran
En toda la narración se impone un lirismo contenido, una rememoranza doliente del escritor por el rescate de las voces de sus parientes fallecidos, hilvanando un trapantojo de su pasado, que pese a algunos afortunados momentos, es demasiado disperso para el lector, desenfocado.
Manuel Rivas, y me duele escribir estas líneas, un escritor, reconocido, premiado instucionalmente y sobre todo por sus seguidores, podría haber sacado más partido a un material tan emotivo e intenso como el manejado en el relato, falto de ritmo y descompensado, y pese a ello, una obra que merece el aprobado y su lectura, pero carente de la brillantez de otras de sus obras.-