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martes, 2 de noviembre de 2021

¡Melisande! ¿Qué son los sueños?, de Hillel Halkin


Hillel Halkin nacido en Nueva York, pero residente en Israel desde 1970 es escritor, crítico literario y traductor. Ha escrito reportajes y ensayos sobre Israel para numerosos medios norteamericanos e internacionales. Su primer libro, «Letters to an American Jewish Friend: A Zionist’s Polemic», publicado en 1977, recibió el premio National Jewish Book Award y originó debates encendidos por las ideas expuestas. Otro ensayo de carácter histórico titulado «Across the Sabbath River: In Search of a Lost Tribe of Israel» y publicado en 2002 recibió el Lucy Dawidowicz Prize. Como traductor de hebreo y yiddish, ha vertido al inglés obras de A. B. Yehoshua, Amos Oz y Meir Shalev. Con 73 años, en 2012, publicó esta novela que hoy comentamos: «¡Melisande! ¿Qué son los sueños?».

A finales de los años cincuenta, en Nueva York, dos chicos: Hoo y Ricky, y una chica, Mellie, se conocen mientras trabajan en la redacción de la revista literaria de su instituto. Allí forjarán una amistad que durará años y condicionará el resto de sus vidas. Décadas después, Hoo, convertido en catedrático de filosofía, rememora su relación con Ricky y con Mellie, y también el trasfondo cultural y social de la época que les tocó vivir: los coletazos del macarthismo, la liberación de los años sesenta o las protestas contra la guerra de Vietnam. Conforme avanza la historia se van revelando las razones que le han llevado a escribir el relato de esa amistad, que es, en realidad, una maravillosa carta de amor a Mellie. En ¡Melisande! ¿Qué son los sueños? la sabia mirada de un hombre maduro sobre su vida y sobre aquello que le da sentido convierte este libro en un canto al amor y a la amistad, en una invitación al perdón. Una de las novelas de amor más extraordinarias de los últimos años que nos habla del poder de la literatura y la memoria. (Sinopsis tomada de la contraportada del libro)

Celebramos juntos nuestros dos cumpleaños, el día que había luna llena entre ambos días.

Estamos ante una historia de amistad entre tres adolescentes que se prolonga durante toda la vida pero que en sus primeros momentos y debido a la estructura del relato se hace un poco difícil de seguir. En general el libro presenta algunas historias atractivas de la vida diaria de estos tres personajes, pero se presenta a mi entender de forma deslavazada y con cierta inconexión, aderezadas con otras historias que pudieran apoyar las ideas pero que yo como lector no he sabido encontrar y me han sobrado. Las dos terceras partes finales se leen con fluidez y agrado si bien los diálogos son un poco reiterativos y pesados con la muletilla de «le dijo», «me dijo»... Hay otros muchos libros de este o parecido corte que recomendaría antes que este. Por haber sido seleccionado en uno de los clubes de lectura en que participo lo he leído hasta el final, pero en la reunión del club, en general, las opiniones se han movido hacia la calificación baja.

Aún estaba oscuro cuando bajé las escaleras por la mañana. Te habías quedado dormida vestida en el sofá con "Agárrate" en los brazos.

miércoles, 6 de octubre de 2021

En la orilla, de Rafael Chirbes


Rafael Chirbes, valenciano, nacido en Tabernes de Valldigna en 1949, escritor y crítico valenciano, ganador de varios premios de literatura internacionales y nacionales, entre ellos el de la Crítica de Narrativa Castellana en 2007 y 2013. Con 16 años se trasladó a Madrid estudiando Historia Moderna y Contemporánea. A lo largo de su vida vivió en Marruecos, París, Barcelona, La Coruña, y Extremadura, regresando en el año 2000 a Valencia. Cuenta con una quincena de novelas en su haber. Se dedicó a la crítica literaria durante algún tiempo y posteriormente a otras actividades periodísticas, como las reseñas gastronómicas (en la revista Sobremesa) y los relatos de viajes. Con esta novela, «En la orilla», recibió varios premios —CRÍTICA, NARRATIVA, UMBRAL y DULCE CHACÓN—. Falleció en 2015.

Un marroquí descubre dos cadáveres que están siendo devorados por perros en la orilla del pantano de Olba, una localidad pequeña donde todos se conocen. Esteban ha cerrado su carpintería —negocio de tradición familiar— dejando en la calle a sus operarios. Cuida de su padre, mayor y enfermo en fase terminal y relata con detalle pasajes de su vida y la de sus amigos y algunos paisanos, lo que permite conocer a fondo gran parte de la sociedad del siglo XX en España. El pantano —marjal— es una referencia a lo largo de todo el relato, cerrando el círculo en su final.

la gente está muy ligera para pedir responsabilidades a los demás, tiene mucha desenvoltura para marcar las obligaciones ajenas y se muestra muy poco dispuesta a asumir las propias, ni siquiera dispuesta a hacer favores está.

Denso, intenso, quizá para algunos o muchos difícil de leer. El hecho de que haya sido propuesto en uno de los clubes de lectura en los que participo me ha obligado en cierta manera a llegar al final, de lo que no sé si me alegro; lo hubiera dejado en sus primeros momentos. El relato es fangoso, con numerosos detalles de los personajes y sus vidas sin solución de continuidad, contados a borbotones, sin cohesión, lo que puede derivar en que el lector se encuentre perdido. Las descripciones son bellas y minuciosas, el lenguaje cuidado, pero he tenido la sensación de estar descolocado en todo momento y confieso que he llegado al final sin enterarme de algunas cosas que me han quedado desapercibidas y que solo los comentarios de otros integrantes del club me han aclarado: debo ser mal lector o no he puesto toda la intensidad —creo que debe ser mucha— que este libro necesita. Realismo puro y duro, lenguaje descarnado y directo, personajes que se abren en canal, pesimismo a raudales, personajes que pululan alrededor del protagonista con conexiones que es necesario determinar muy bien para no perderse… Lo privado y lo público puesto ante los ojos del lector con valentía, tal y como es o fue. Los premios recibidos certifican que se trata de un magnífico libro, pero no para cualquier lector: lo recomendaría con mucho cuidado y advirtiendo de lo que se puede encontrar quien se asome a sus páginas. Un detalle: la novela tiene dos capítulos, el primero se titula «El hallazgo» y el segundo «Localización de exteriores»; muchas veces leemos los títulos por encima…

Las tías buenas se las paga uno. Por unos cuantos euros tienes una rusa de dieciocho años de esas que no ves ni en el cine. Follas, pagas, y te vuelves a casa para cenar con la familia, con tu mujer, que cocina bien y folla mal, pero que no piensa en separarse de ti, entre otras cosas porque nadie la mira con demasiado interés. Ella va a las reuniones de padres en el colegio, controla las ampas, las aplas, todas esas asociaciones que ni sé cómo se llaman, esos servicios, esa jerga, la broza socialdemócrata que los…

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viernes, 1 de octubre de 2021

Panza de burro, de Andrea Abreu

Libro correspondiente a la 37 edición del Club de Lectura de ALQS2D durante el tercer trimestre de 2021.

Andrea Abreu, tinerfeña nacida en 1005 en Icod de los Vinos, un pueblo siempre nublado al norte de Tenerife famoso por su drago milenario, donde creció entre gatos y flores hasta comenzar sus estudios de periodismo en la Universidad de La Laguna a los 18 años. Tras varios saltos recaló en Madrid en el verano de 2017, para cursar el Máster en Periodismo Cultural y Nuevas Tendencias de la Universidad Rey Juan Carlos. Ha transitado por múltiples empleos —becaria, camarera, dependienta de una tienda de lencería… Ha colaborado en diferentes medios y publicado sus escritos en revistas y antologías. Coodirectora del Festival de Poesía Joven de Alcalá de Henares, «Panza de burro» es su primera novela, que ha cosechado un gran éxito de crítica y público.

Es verano, a principios de los 2000. Dos niñas, Isora y su amiga Shit se mueven en un pequeño pueblo rural tinerfeño con sus calles empinadas y sus alrededores siempre oscurecidas bajo un cielo (casi) siempre nublado. No sin disputas, sus relaciones con la familia y los del pueblo van conformando su vida y descubriendo la adolescencia y todas esas sensaciones nuevas que van surgiendo ante sus ojos.

    Isora tenía los ojos verdes como un verdino verde como una mosca en agosto sobre el bocadillo de salpicón de atún en la playa de teno como una botella de vino vaciada la abuela de Isora se enfadaba y le decía te vacio por dentro te vacio hoy bebo sangre tuya cachoputa Isora tenía las tetas redondas y se le reventaron como la tierra cuando escupe una flor que primero pequeño luego grande la tierra de su pecho seca luego estrías la teta no le cabía en la piel y lloraba Isora tenía pelos en el pepe y a veces se los afeitaba todos hasta el güeco del culo y le picaba el culo Isora tenía un pelo negro tieso tupido como el cespe de mentira de las casas rurales en el pepe el pelo de Isora olía a molino de gofio a almendras tostadas a pan bizcochado ver a Isora llegar me hacía sentir tranquila como cuando escuchaba el potaje hirviendo a las doce y media [...]

Desde el principio, sorprende el lenguaje utilizado, puro canario local, que destroza las reglas ortográficas, haciendo el relato extraño e incómodo al lector en los primeros momentos. Una historia de niñez y adolescencia en un pueblo de la Canarias profunda que poco a poco va calando en el lector que se acostumbra y da significado a la multitud de vocablos que suponen la jerga del lugar. «Fisquito a fisquito» —poquito a poquito— el lector asume la rareza lingüística —fonética canaria escrita— para descubrir de la mano de las protagonistas y sus aventuras cotidianas las vivencias del pueblo y sus habitantes. Trama sencilla, historias narradas en capítulos cortos que es un canto a la amistad, a las relaciones personales, a la vida en un pueblo. Libro singular, valiente, impactante, extraño, sensible, mágico y… atractivo, aunque seguramente habrá lectores que lo consideren indigno de ser publicado por los vocablos empleados y los horrores ortográficos. Para gustos hay colores… pero no es tan sencillo escribir bien con vocablos ortográficos intencionados.


 

martes, 28 de septiembre de 2021

Los vencejos, de Fernando Aramburu

Fernando Aramburu es un escritor vasco nacido en San Sebastián en 1959. Es licenciado en filología hispánica por la Universidad de Zaragoza y ha sido a lo largo de su vida un miembro activo en la vida cultural española en el País Vasco, Navarra y Madrid con propuestas de todo tipo. Profesor de lengua española en Alemania, donde reside desde 1985, desde 2009 se dedica de forma exclusiva a la literatura. Ha publicado novela, ensayo, poesía, libros de relatos y cuentos para niños, contando con varios premios en su haber y habiendo sido sus libros traducidos a varios idiomas e incluso alguno de ellos llevado al cine con éxito. Su libro «Patria» alcanzó enorme éxito y fue llevado a una serie de televisión. Este que comentamos hoy, «Los vencejos» ha sido publicado en agosto de 2021.

Yo milito desde hace largos años en el PPES, en el Partido de los que Prefieren Estar Solos, donde no desempeño cargo alguno. Lo integra un solo militante, yo, y ni siquiera soy el jefe. Todo el programa de mi partido se reduce a un lema: Dejadme en paz.

Toni es un profesor cincuentón de filosofía que está harto del mundo y que convive con su perra Pepa y su (algo más que una) muñeca Tina. Procura con celo que sus relaciones personales sean las mínimas imprescindibles, salvo con su ex, Amalia, su hijo, Nikkita y un amigo, Patachula, con el que intercambia sus pareceres, hablando de lo divino y lo humano. Patachula, locuaz y sarcástico, sufrió la pérdida parcial de un pie en los atentados del 11-M en Madrid y destila un humor y una ironía por encima de lo normal que Toni comparte o soporta según los días, hasta lo más profundo. A lo largo de todo un curso, Toni irá desgranando su presente y su pasado porque ha tomado una decisión: la vida que lleva no presenta aliciente alguno para él y al finalizar el curso se suicidará. En un encontronazo no esperado, aparece en la vida de Toni una antigua novia de juventud, Águeda, que poco a poco se irá entrometiendo en su reducido círculo y en su vida hasta formar un trío de amigos. Los meses irán pasando entre historias actuales y pasadas que Toni va reflejando en un diario hasta que llega el momento de la verdad.

Yo me tengo prohibido el amor. Así, como suena. El amor es un coñazo. Es estresante y fatigoso, un pésimo invento del género humano que al principio cosquillea agradablemente y al final te parte con el mismo ruido que a un palo seco. Un nuevo accidente amoroso daría al traste con mi tranquilidad. Me he propuesto preservarla a toda costa en lo poco que me queda de aquí al reencuentro con mi padre.

 

Ese estimulante de las glándulas sudoríparas que en lenguaje popular se denomina amor y que sirve, entre otras cosas, para ensamblar individuos y a continuación amargarles la existencia, a mí hoy día me produce alergia. Más aún, pánico. Te sale de pronto un amor como te sale un carcinoma. Prefiero, por razones de salud, la calma del solitario, del indiferente, del que sobrevive en la soñolienta paz de una fatiga crónica. Nada de cuanto acontece a mi alrededor me interesa. Ni siquiera me intereso…

Tras el rotundo éxito de «Patria», los lectores estábamos esperando una nueva obra de Aramburu; en palabras del propio autor se trata de una obra para Madrid, que se la debía. Con unos personajes muy logrados, una historia que podría ser común a muchos de los habitantes de este mundo, contada con un magistral manejo de los tiempos —fogonazos adelante/atrás—para ir calando en el lector, de menos a más, a base de capítulos muy cortos, hasta el desenlace final. Aun siendo una obra de ficción, no creo que diste mucho de la realidad en los personajes, las situaciones y las historias. Sin duda, vencidos los momentos iniciales quizá un poco anodinos para algunos, calará en el lector, que irá avanzando poco a poco deseoso de conocer al protagonista y sus adláteres a fondo y saber cómo acaba la historia, si llevando a cabo su amenaza anunciada o no, para lo cual habrán de recorrerse las 704 páginas de la edición en papel o los casi doscientos cuarenta mil vocablos en la digital. Sería deseable no hacerse demasiadas conjeturas porque todas las comparaciones, con «Patria» especialmente, pueden resultar odiosas: esta novela no es ni mejor ni peor… es otra gran novela de este autor.