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miércoles, 26 de junio de 2013

Severo Ochoa, la emoción de descubrir, Marino Gómez-Santos

La vida de las personas que han dejado huella en la historia siempre resulta atrayente y se puede aprender algo práctico y positivo. El autor de esta biografía, Marino Gómez-Santos es periodista y vivió de cerca los últimos momentos de la vida de Severo Ochoa, acompañándole en algunos viajes. Este libro fue presentado por el propio doctor Ochoa, en junio de 1993, cinco meses antes de su fallecimiento víctima de una neumonía.

El relato cubre toda la vida del científico desde su nacimiento en la villa asturiana de Luarca en 1905 hasta su fallecimiento ocurrido en Madrid en 1993, a los 88 años. Es uno de los dos científicos españoles, junto con Santiago Ramón y Cajal, que ha recibido el premio Nobel de Medicina, aunque técnicamente no era español en 1959 en la fecha de concesión del premio, ya que tres años antes, en 1956, se había nacionalizado norteamericano junto con su mujer Carmen, que le siguió y alentó en todos los momentos de la vida. De hecho, el fallecimiento de Carmen en 1986, al poco de establecerse definitivamente en España, dejó a nuestro protagonista sumido en un gran desinterés por seguir en este mundo, aunque siguió atendiendo sus numerosos compromisos pero ya sin la chispa que le había caracterizado a lo largo de toda su vida.

Desde muy pronto se decantó en su interés por la naturaleza y la biología, mostrando gran pasión por la investigación. Enrolado en la carrera de medicina en Madrid, por ser la más cercana a sus intereses, fue discípulo de Juan Negrín, que luego dejaría la docencia y la investigación para meterse de lleno en la convulsa política de aquellos tiempos de la II República y la Guerra Civil. Bien es verdad que Severo Ochoa tenía un ego alto, y en 1937 dejó España…

“La pronta insatisfacción que Ochoa sintió en España porque no podía mantener un nivel científico alto, le llevaría a peregrinar por Europa. Un hecho cierto es que las facultades que apuntaba como científico no habrían podido madurar al lado de Negrín. Para que ganara su plenitud, necesitó trabajar en un país donde se hiciera ciencia de calidad y en abundancia. Esto solo ocurría en los Estados Unidos,

Instalado en Nueva York, sus investigaciones y las de su equipo en los campos de la biología y todas sus ramas fueron muy fructíferas, llegando a obtener el Nobel en 1959. Mantenía contacto con científicos de todo el mundo para intercambio de opiniones y viajó a lo largo y ancho del globo en numerosas ocasiones para asistir a congresos y eventos similares. Siempre dijo y mantuvo que era un exiliado científico y no político, aunque es difícil saber dónde está la frontera entre lo uno y lo otro. Margarita Salas, otra relevante científica española y discípula suya manifestó que “que ni a él le gustaba la dictadura ni a la dictadura le gustaba Ochoa». Aunque no dejó de ser español, se sentía norteamericano por su agradecimiento a esta nación que le permitió y alentó en el desarrollo de todas sus posibilidades como científico e investigador. Tímidos intentos pudieron traerle a España en los años 70 pero la situación política y económica no lo hizo posible con lo que siguió en EE.UU, trasladándose definitivamente a España en 1985, donde siguió con sus investigaciones en el Centro de Biología Molecular hasta muy avanzada edad.

El carácter con que fue acogido en EE.UU. marcó su vida. En la pared de sus laboratorios podía verse colgado el siguiente texto:

“Si llegase algún monje peregrino de lugares distantes, con deseos de vivir como huésped en este monasterio, y se amoldara a los costumbres que aquí encontrase, si alterar por su prodigalidad la paz del monasterio y dándose por satisfecho con lo que este le brinde, podrá permanecer aquí todo el tiempo que desee. Si, por otra parte, hallase en algo algún defecto, y lo hiciera notar en algo prudentemente, no sea que Dios haya enviado al peregrino justamente para tal objeto. Pero si se mostrara murmurador y contumaz durante su permanencia como huésped, se le dirá honradamente que debe partir. Si no se fuere, que dos monjes fornidos, en nombre de Dios, se lo expliquen mejor.”

En el recorrido por su vida, el autor de la biografía no escurre el bulto en la información técnica que rodeó en todo momento la vida de Severo Ochoa. Tecnicismos tales como bioquímica, inmunología, biofísica, genética, microbiología, virología, neurobiología, biología del desarrollo y otras muchos se encuentran con profusión a lo largo del libro, pero no molestan, a mi entender, aunque la formación del lector no llegue a entenderlos. «No le daba importancia al Premio Nobel» -que consiguió en 1959 por el descubrimiento de un enzima, la polinucleótido fosforilasa, «esencial en el desciframiento de la clave genética»- porque hacía lo que le gustaba». Por opiniones leídas y escuchadas de personas que trataron con él personalmente en algún momento, hay que decir que la biografía no profundiza en la personalidad del eminente científico, que al parecer no se distinguió por su humildad en el terreno personal aunque su actuación científica fue en todo momento irreprochable con colegas y discípulos. Quizá sea necesario acercarse con otras de las biografías que se han escrito sobre el para mejorar y centrar ideas.

En estos tiempos actuales en que se está cuestionando y de qué manera el tema de la educación en general, creo que es una buena ocasión para recordar las palabras del rey Juan Carlos pronunciadas en 1.982 con motivo de la concesión a Severo del Premio Ramón y Cajal del Ministerio de Educación y Ciencia. Tienen, en mi opinión, demasiado sentido.

Con ello he querido dar testimonio de mi voluntad de amparar y promover la dedicación a las tareas de investigación, sea esta básica o aplicada, a sabiendas de que no habrá desarrollo sin avance en las ciencias y en las técnicas sin fomento de la investigación pura. Deseo también afirmar que al lado del impulso del Estado, tiene que estar también el aliento y la colaboración de la sociedad a través de fundaciones y empresas privadas… … pero confío en que vuestra constante y creciente atención a estos quehaceres evite que los jóvenes y futuros investigadores tengan que trabajar en otras partes por no encontrar aquí los estímulos y recursos necesarios.

Que se nos quede, al menos y aunque sea en plan aficionado, la coletilla de sentir “emoción al descubrir”, descubramos lo que descubramos cada uno de nosotros en nuestro mundo.

sábado, 15 de junio de 2013

Judíos españoles en la Edad Media, Luis Suárez Fernández

El 31 de Marzo de 1492, cuando todavía no se habían apagado los ecos de la conquista de Granada, los Reyes Católicos, Isabel y Fernando, firmaban el Decreto de expulsión de los judíos de España, a instancias del inquisidor general Tomás de Torquemada. Si bien desde 1.483, y dicho sin segundas intenciones, se estaba “oliendo la quema”, fue en esa fecha en la que se concretó de forma oficial la erradicación del pueblo judío en España, bien por conversión a la fe cristiana bien por salir de la que había sido su tierra durante años. Luis Suárez, reputado historiador, nos lleva de la mano por estos ocho siglos en lo que hubo comunidad judía en España, desgranando las numerosas vicisitudes por las que fueron pasando. Trabajadores y callados, muy avispados por lo general en todo lo que tuviera que ver con el dinero y la economía, supieron granjearse la confianza de los poderosos, principalmente los reyes, a los que sirvieron con dedicación aunque no siempre fueron bien defendidos por ellos de los casi continuos ataques de los “cristianos” y de los “religiosos”.

Su residencia en las aljamas, guetos en ocasiones, marcaba las relaciones con sus vecinos, que les infringían toda clase de vejaciones y acusaciones la mayor parte de las veces infundadas de prácticas contrarias a la religión cristiana. Marcados en sus ropas sufrieron a lo largo de los años continuas humillaciones aunque tuvieron épocas de esplendor y reconocimiento. Cuando en las arcas de los reyes y de los poderosos empezaban a formarse las telarañas, estos no dudaban en acudir, por las buenas o por las malas, a los recursos de los judíos, esgrimiendo las más peregrinas acusaciones para hacerse con sus dineros pasando por encima de sus vidas si fuera necesario.

“Ningún oficio o dignidad que, de manera directa o indirecta, comporte algún poder sobre cristianos podrá ser nunca ejercido por judíos. Tampoco podrán, en ningún caso, testimoniar contra cristianos ni ganar cartas que les permitan actuar en contra de estos.” Tras el Concilio de Vienne, enero de 1.311.

En suma, un libro pequeñito en cuanto a su extensión, 275 paginas, pero con mucha enjundia y contenido donde el autor nos cuenta con profusión de datos, pelos y señales, el devenir de este pueblo por nuestro suelo patrio. Muy recomendable su lectura para enterarse de muchas cosas, con rigor histórico, y quedarse a las puertas de otras nuevas, sobre las que volveremos, como es La Inquisición y sus actuaciones a lo largo de muchos años.

“Cuando una sociedad llega a convencerse a sí misma de que es dueña absoluta de la verdad ---summum ius--- corre el peligro de creer que es justa la mayor injusticia de todas, el desconocimiento de la dignidad ajena ---summa injuria---. Todo esto sucedió en España en 1492.”

Cada vez estoy más convencido, y estas lecturas me reafirman más en mi pensamiento, que la religión debe ser una cuestión que pertenezca a la esfera íntima de las persona. Cuando gobiernos, políticos, reyes o prelados meten sus manos en ello y fuerzan una determinada opción, mal asunto.

martes, 11 de junio de 2013

Sostiene Pereira, de Antonio Tabucchi.

SOSTIENE PEREIRA
Antonio Tabucchi
Anagrama, 2006
Traducción de Carlos Gumpert y Xavier González Rovira.
184 Págs. 7,90 Euros.

            Pereira comenzó a sudar, porque pensó de nuevo en la muerte. Y pensó: Esta ciudad apesta a muerte, toda Europa apesta a muerte. (p.13)

            Esa ciudad que apesta a muerte, como toda Europa es Lisboa en el año 1938 durante la dictadura salazarista; y el hombre que suda y piensa en ese olor es Pereira, un periodista del Lisboa que un día decide buscar a alguien para que escriba las necrológicas anticipadas de los artistas que mañana morirán. Entonces encuentra a Monteiro Rossi, un joven que a diferencia de Pereira no está interesado en la muerte sino en la vida. Pero, ¿qué dice, señor Pereira?, exclamó Monteiro Rossi en voz alta, a mí me interesa la vida. (p.22)
           
            Efectivamente, Monteiro Rossi habla en voz alta, porque le interesa la vida, el presente, la política. Poco a poco, Pereira irá acercándose más a Monteiro Rossi y a su novia Marta, y serán para él la encarnación de lo que el  doctor Cardoso –que ha leído a Freud –denomina el evento: el evento es un acontecimiento concreto que se verifica en nuestra vida y que trastoca o perturba nuestras convicciones o nuestro equilibrio, en fin, el evento es un hecho que se produce en la vida real y que influye en la vida psíquica, usted debería reflexionar sobre si en su vida ha ocurrido algún evento. He conocido a una persona, sostiene haber dicho Pereira, mejor dicho, a dos personas, un joven y una muchacha. (p.102)

            Gracias a ese evento, a la aparición de esos dos jóvenes, Pereira empezará a cuestionarse su vida y a replantearse si debe permanecer en silencio o empezar a hablar. Callar, mirar hacia otro lado, hacer como si no fuera con él  la cosa, seguir "monologando" con el retrato de su difunta esposa y recordar sus años de estudiante en Coimbra; o bien hablar, mirar de frente al presente, tomar partido. Sí, dijo Pereira, pero si ellos tuvieran razón mi vida no tendría sentido, no tendría sentido haber estudiado Letras en Coimbra y haber creído siempre que la literatura era la cosa más importante del mundo, no tendría sentido que yo dirija la página cultural de ese periódico vespertino en el que no puedo expresar mi opinión y en el que tengo que publicar cuentos del siglo XIX francés, ya nada tendría sentido, y es de eso de lo que siento deseos de arrepentirme, como si yo fuera otra persona y no el Pereira que ha sido siempre periodista, como si tuviera que renegar de algo. (p.103)
           
            Sostiene Pereira sostiene que uno se puede arrepentir de lo que no ha hecho y empezar a hacerlo. Sostiene Pereira a través de la boca del doctor Cardoso, nos habla de la teoría de la confederación de las almas que vendría a confirmar esa posibilidad de cambio: Lo que llamamos la norma, o nuestro ser, o la normalidad, es sólo un resultado, no una premisa, y depende del control de un yo hegemónico que se ha impuesto en la confederación de nuestras almas; en el caso de que surja otro yo, más fuerte y más potente, este yo destrona al yo hegemónico y ocupa su lugar, pasando a dirigir la cohorte de las almas, mejor dicho, la confederación, y su predominio se mantiene hasta que es destronado a su vez por otro yo hegemómico, sea por un ataque directo, sea por una paciente erosión. Tal vez, concluyó el doctor Cardoso, tras una paciente erosión haya un yo hegemónico que esté ocupando el liderazgo de la confederación de sus almas, señor Pereira, y usted no puede hacer nada, tan sólo puede, eventualmente, apoyarlo. (p.104)

            Pereira finalmente apoyará a ese yo que puja por derrotar al otro que hasta ahora ha dominado su personalidad, y ayudará a Monteiro Rossi y a Marta, dejará a un lado el silencio y por fin podrá pedirse un oporto seco y fumar tranquilamente un cigarro.
            ¿Una limonada, señor Pereira?, le preguntó solícito Manuel mientras él se sentaba a una mesa. No, respondió Pereira, tomaré un oporto seco, prefiero un oporto seco. Es una novedad, señor Pereira, dijo Manuel, y más a estas horas, pero de todos modos me alegra, eso quiere decir que está mejor. (p.175)

            ¿Es la literatura un evento –como lo son Monteiro Rossi y Marta  para Pereira –que puede trastocar nuestras convicciones?

            Sostiene Pereira de Antonio Tabucchi (1943-2012) me gustó mucho la primera vez que lo leí y me ha gustado mucho la segunda. Espero conseguir un día  la adaptación cinematográfica, aunque sin haberla visto todavía, ya me he imaginado a Marcelo Mastroianni como Pereira.

Fotograma de Sostiene Pereira (1996), de Roberto Faenza.
Patricia L.D.

lunes, 10 de junio de 2013

FRANCO, CRÓNICA DE UN TIEMPO 03 Victoria frente al bloqueo 1945-1953, Luis Suárez

Tenemos a Luis Suárez como historiador experto enfocado a nuestra España medieval del siglo XV, como ya se ha comentado en otras entradas en este blog, como por ejemplo esta, pero también ha dedicado sus esfuerzos a otra no menos interesante época de nuestra historia como es el siglo pasado, donde hay no pocas vicisitudes tan desconocidas como no suficientemente investigadas. Es este el tercer volumen de una serie de seis, cuyos índices completos, con nombres y topónimos podemos consultar y descargar aquí, para hacernos una idea más exacta del extenso contenido y del período que abarca esta ingente y magna obra. Es más un libro de estudio o de consulta que de lectura por la gran profusión de fechas, hechos y datos y nombres que contiene pero también puede leerse a capítulos sueltos, de vez en cuando, para tomar conciencia de esa época de nuestra historia, me atrevería a decir que gran desconocida por muchos.

Los volúmenes y los años que componen la obra son los siguientes:

Tomo 1 - EL GENERAL DE LA MONARQUÍA, LA REPÚBLICA Y LA GUERRA CIVIL. De 1.892 a 1.939.
Tomo 2 - ESPAÑA, FRANCO Y LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL. De 1.939 a 1.945.
Tomo 3 - VICTORIA FRENTE AL BLOQUEO. De 1.945 a 1.953.
Tomo 4 - PROYECTOS PARA UNA DOBLE ESTABILIZACIÓN. De 1.953 a 1.961.
Tomo 5 - RESISTENCIA A LA SUBVERSIÓN. De 1.961 a 1.966.
Tomo 6 - LOS CAMINOS DE LA INSTAURACIÓN. De 1.967 a 1.975.

Son cerca de cuatro mil cuatrocientas páginas en gran formato repletas de hechos relatados de forma magistral y sin ningún tipo de condicionamiento, al objeto de que sea el lector el que, al conocimiento de los mismos, tome sus propias decisiones. La obra está muy documentada y apoyada en numerosa bibliografía tanto de la época como actual, por lo que es una fuente de información que cualquier estudioso, o simplemente curioso, del tema debe tener a su alcance.

En este tercer tomo queda claro porque Franco siguió rigiendo los destinos de España tras la finalización de la Segunda Guerra Mundial, donde no intervinimos alineados con Alemania e Italia y las vicisitudes que fueron ocurriendo hasta que en 1.953 se firmaron sendos acuerdos con la Santa Sede y Estados Unidos que dieron aire a nuestro país, su Gobierno y su maltrecha economía.

jueves, 6 de junio de 2013

Don Juan, Luis María Anson

Recomendado por el profesor de un seminario sobre los Exilios Españoles y localizado en la biblioteca local, he devorado con fruición las 446 páginas impresas de este libro en dos días. El autor, Luis María Anson, reconocido periodista y escritor de larga trayectoria profesional, sigue en la brecha a sus 78 años con sus comentarios en un diario de tirada nacional y sus colaboraciones y escritos en numerosas publicaciones, tanto en papel como electrónicas, ocupando el sillón “ñ” minúscula como académico de la Lengua Española, habiendo obtenido a lo largo de los años numerosos premios.

Anson estuvo siempre muy cerca de Don Juan de Borbón y Battemberg, perteneciendo a su consejo privado como asesor, por lo que muchas de las vicisitudes narradas en este libro son vivencias personales conocidas de primera mano por el autor, al que Don Juan obsequió con su amistad personal durante muchos años, hasta su fallecimiento, no hace tanto tiempo, en abril de 1993. Rey de derecho, aunque no de hecho, tras la renuncia de su hermano mayor y la abdicación de su padre Alfonso XIII en 1941, nunca llego a reinar por los hechos que sacudieron a España y al Mundo a lo largo de buena parte del pasado siglo XX. Siempre en el exilio, en Italia, Suiza y finalmente en Portugal, sus relaciones con Francisco Franco fueron tensas y engañosas, pues siempre le consideró un usurpador que había tomado por la fuerza un sitio en la Historia que no le correspondía y al que se aferró hasta su muerte. Consintió en restaurar la Monarquía en España a su muerte, pero nunca en la figura de Don Juan, si no en la de su hijo Juan Carlos, actual rey de España y con la espada de Damocles permanente de virar en cualquier momento hacía la rama de Alfonso de Borbón Dampierre, que no en vano se convirtió en familiar directo suyo al casar con su nieta.

A mi modesto entender, el libro lo que menos es una biografía de Don Juan en el estricto sentido de lo que entendemos por biografía. Si se narran los hechos vitales de la vida del biografiado pero casi como una excusa para contar la historia de los entresijos del poder y de la vida de España a lo largo de gran parte del siglo XX. Principalmente Franco, pero también otros muchos personajes que operaban a su alrededor, son retratados en este libro con detalle en el sentido de que afectaban y de qué manera a la vida del rey exiliado, que siempre mantuvo su gallardía pesar de la poca capacidad de maniobra de la que dispuso para recuperar lo que por tradición e historia le correspondía. La suerte se alió siempre con el dictador, hombre listo donde los hubiera, ya que a pesar de su alineamiento con las potencias perdedoras en la Segunda Guerra Mundial, intereses espurios de americanos e ingleses le mantuvieron el poder como un mal menor.

Dependiendo del grado de interés de cada uno, el libro se lee de un tirón, descubriendo en mi caso innumerables hechos desconocidos a pesar de estar en este mundo, si bien muy joven, durante algunos años de su recorrido. Un personaje interesante, que goza de gran atención a lo largo de toda la narración y del que no había oído hablar hasta esta lectura es don Pedro Saínz Rodríguez, ministro en el primer gobierno de Franco y que por sus discrepancias se exilió voluntariamente yendo a recalar en el consejo privado de don Juan en Estoril, siendo vitales sus aportaciones y consejos que siempre parecían ir contracorriente. Regresó a España todavía en tiempos de “Franquito”, como él le denominaba y murió en 1986, hace nada. Al final de esta entrada hago constar un par de “perlas” tomadas del libro que puede dar una idea de su personalidad.

En resumen, esta es la historia que nos ha contado Luis Maria Anson. Es por lo tanto “su” historia. Sin dudar de la veracidad de los hechos, estos siempre son del color del cristal con el que se los mira. Como todo en esta vida, habríamos de leer historias del mismo tema contadas por otros para poder contrastar y tomar nuestras propias conclusiones. Digo esto porque en otra publicación sobre el tema titulada “Don Juan, náufrago de su destino”, de José García Abad, se ponen en entredicho algunas cuestiones. Lógico y normal, los puntos de vista sobre unos hechos son personales y no tienen por qué coincidir.

A continuación un par de frases extractadas del libro que pueden dar idea de la personalidad de Pedro Saínz Rodríguez, un personaje sobre el que habrá que investigar.

“Hay que pensar en organizar otra política, No sé cuál, pero otra. Seguir dándole patadas a Franquito en los huevos es tan memo como pegárselas al caballo de Felipe III en la Plaza Mayor. Se las guardará todas a Vuestra Majestad y se las devolverá, una a una, en cuanto pueda. Hay que saber cómo es Franquito. Yo no he conocido a nadie con más capacidad de rencor. Así que no cuenten conmigo para nada de lo que están diciendo, porque yo dejé el jardín de infancia hace muchos años.”

Don Pedro (Sainz Rodríguez) estaba decidido a no acudir a ningún encuentro más con Vegas, estando el Rey delante… desde que este le recordó agriamente que había sido ministro de Franco y que por eso su política era tibia y no tenía la “dureza” que requería la ocasión.
“La dureza ---gritó Don Pedro ante Don Juan--- solo es imprescindible en una ocasión, cuando te dispones a joder. Y puedes estar seguro, Eugenio, que entonces no fallo una: se me pone la polla como un jade. Pero darle cada día una patada en los huevos a Franquito con la bota del Rey es una torpeza histórica. El “pájaro” no va a caer y me juego contigo mi Quijote de Ibarra que vale un huevo y la yema del otro, a que te vas a tomar el turrón tú aquí en Estoril, mientras Franquito se lo zampa en El Pardo. Y a ver si dejas de joderme con lo del ministerio que yo sé muy bien por qué lo hice y algún día lo explicaré.”
Saínz Rodríguez se levantó, inclinó la cabeza ante el Rey, cerró la puerta con ira y se fue “con viento fresco”, dejando a todos plantados.

jueves, 30 de mayo de 2013

El desastre de Annual, Ricardo Fernández de la Reguera

En el año 1921 tuvo lugar en el norte de África el episodio conocido como El Desastre de Annual, donde murieron a manos de los rifeños comandados por Abd el-Krim cerca de doce mil soldados españoles. La debacle se produjo al combinarse una serie de circunstancias que no fueron adecuadamente tratadas por el general Manuel Fernández Silvestre. Desde Melilla se trataba de disponer de un paso franco y controlado hasta la bahía de Alhucemas, estableciendo una serie de puestos militares a lo largo de la ruta. Los locales no estuvieron de acuerdo con lo que no era otra cosa que una invasión española en toda regla y reaccionaron de forma no esperada por la autoridad militar española, atacando con fiereza e inaudita crueldad, matando uno tras otro a los soldados españoles, muertos de hambre y sed, sin suministros y abandonados a su suerte en aquellas inhóspitas tierras. Aunque se intentó minimizar todo lo posible ante la opinión pública española, la crisis política que provocó esta derrota fue una de las más importantes de las muchas que socavaron los cimientos de la monarquía liberal de Alfonso XIII, siendo una de las causas directas del golpe de estado y la dictadura de Miguel Primo de Rivera.

El autor trataba con este y otros libros de generar una continuación de los Episodios Nacionales de Benito Pérez Galdós. Si bien no queda aclarado en el libro, los hechos narrados coinciden con la bibliografía sobre este asunto en cuanto a las líneas generales y los personajes principales. Como es lógico el autor se apoya en personajes probablemente ficticios para recrear las escenas y manejar la acción. Los relatos y las descripciones son crudas y descarnadas no escatimando detalles sórdidos de las situaciones, en algunos momentos demasiado repetitivas, pero bien es verdad que murieron muchos, tiroteados y degollados a cuentagotas, especialmente en la huida descontrolada en la que cada cual intentaba ganar la ciudad de Melilla donde se suponía que iban a estar a salvo. Uno de los grandes errores fue al parecer el no desarmar a las poblaciones rifeñas y confiar en demasía en su palabra de no levantarse. Pero incluso los propios soldados de la zona que componían las “mías” no dudaban llegado el momento en desertar del ejército español y pasarse a las harcas de sus hermanos de sangre y hostigar y matar a los que hasta ese momento habían sido sus compañeros. Otro gran error fue el tema de los suministros, especialmente de agua, ya que al estar las posiciones en zonas altas, era necesario bajar con carricubas arrastradas por reatas de mulas a los ríos a hacer lo que se conocía como la “aguada”. En estas salidas, los soldados eran fácil presa del enemigo que solo tenía que sentarse y esperar a tirotear a la expedición con toda comodidad.

Los innumerables actos relatados recogen la grandeza y la miseria del ejército, especialmente en condiciones tan desfavorables con las que tuvieron lugar: actos de compañerismo, heroicos, de lucha, de valor, de patriotismo pero también a la vez de cobardía y dolor. El libro es entretenido, quizá algo repetitivo por momentos, aunque no llega a resultar pesado. Hay mucha bibliografía sobre el tema aunque podríamos destacar lo escrito por uno de los protagonistas directos, Eduardo Pérez Ortiz, titulado “18 meses de cautiverio. De Annual a Monte Arruit”.

sábado, 25 de mayo de 2013

Liquidación final - Petros Márkaris

Nuestro amigo Carlos Urquía nos envía este comentario para su inclusión en el blog. Muchas gracias, Carlos, por tu colaboración.


Hace poco he terminado el segundo libro que leo de Petros Márkaris de su ”Trilogía sobre la crisis”, titulado en español “Solución final”, y me parece que merece mucho la pena que difundamos la obra de este autor por lo que “enganchan” sus historias y por la gran proximidad entre la situación griega y la nuestra. Anteriormente había leído el primer libro de su trilogía titulado aquí “Con el agua al cuello” y ya me enganchó.

Escribe sobre esa Grecia en la que sus tragedias y ruinas hace tiempo que dejaron de ser palabras orgullosas de un pasado glorioso para convertirse en el desesperanzado lenguaje de un presente anémico. En “Liquidación Final” Jaritos se enfrenta a un asesino justiciero que se ha erigido como recaudador nacional frente a todos aquellos ricos que evaden sus impuestos. Este sanguinario Robin Hood cuenta con el apoyo de muchos ciudadanos porque, cuando los defraudadores no realizan el pago del dinero que deben al Estado, acaba con sus vidas. Entre el conflicto moral y la crispación, el libro recrudece la primera entrega sobre la crisis y, por eso, comienza con una advertencia inicial al lector: “Se desaconseja cualquier imitación de los hechos narrados en esta novela”. Hay demasiadas diferencias entre la gente y los políticos: para los primeros, la vida diaria es una tragedia y, para los segundos, la tragedia es un argumento. Y eso va a conducir a reacciones incontroladas.

Mientras los griegos ricos se las ingenian para no pagar impuestos, los griegos empobrecidos por la crisis sólo pueden indignarse ante el escandaloso fraude fiscal o desesperarse ante el empeoramiento de la situación. (¿Os suena?).  Sin embargo, un hombre ha decidido pasar a la acción y tomarse la justicia por su mano. Con cartas de amenaza y armas anticuadas, se dispone a ajustar cuentas. Entretanto, en la Atenas al borde de la quiebra, todo está patas arriba, excepto el Departamento de Homicidios. No hay crímenes, sólo rutina y burocracia. Cuando encuentran el cadáver de la primera víctima que se cobra ese peculiar justiciero, el comisario Kostas Jaritos casi siente alivio. Su jefe le ha hablado de un posible ascenso, pero de momento le han recortado el sueldo y su hija Katerina piensa en emigrar porque no encuentra trabajo. Y él tiene que atrapar a un asesino que realiza una obra «providencial», aplaudida por muchos ciudadanos. En fin, todo muy trasplantable a nuestro país… 

Lo que tiene de genial la novela es la radiografía que hace de la crisis actual, con diálogos que mantienen la sonrisa y hasta la risa, pero que también contiene una visión mas pesimista que en su anterior novela, que se refleja en frases como esta: "El estado griego es la única mafia que ha ido a la quiebra". Una novela genial salpicada de denuncia política, social y, sobre todo, moral. Muy recomendable.

Este libro se recomienda a los comodones que deseen entretenerse con una obra ágil, muy bien escrita, que engancha y nos hace no poder dejarla hasta terminarla. Su fondo nos hará pensar que las fortalezas y las debilidades del mundo occidental corren parejas en todas partes por igual.