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lunes, 6 de enero de 2014

La vida privada de Mona Lisa, Pierre La Mure

Un aviso para navegantes: no se le ocurra atisbar siquiera las primeras líneas del prólogo de este libro, pues si lo hace lo más probable es quede atrapado y no pueda dejar de leer hasta acabarlo. Al menos eso es lo que me ocurrió a mí que dejé la lectura en curso y me puse afanosamente y con deleite a devorar las casi 400 páginas de este libro en su edición impresa, dado que no he podido encontrarlo ni vivo ni muerto en edición electrónica. Al final de esta entrada reproduzco un pasaje del prólogo con una interesante comunicación del autor sobre la novela histórica, la historia novelada o, nuevo concepto para mí, la historia dramatizada.

Pierre La Mure nació en Niza en 1909 pero con motivo de la Guerra Mundial tuvo que marchar a EE.UU., donde falleció en 1976. Un año antes, en 1975, publicó «La vida privada de Mona Lisa», último libro de una serie de otros como «Moulin Rouge», dedicado a la vida de Toulouse-Lautrec o «Claire de lune» sobre Debussy.

Donna Lisa de Gherardini del Giocondo, «Mona Lisa» o lo que es lo mismo «Señora Lisa», ha pasado a la historia por el mundialmente conocido y estudiado cuadro obra de Leonardo da Vinci que se conserva en el museo parisino del Louvre desde 1797. Contemporánea de nuestra Juana I de Castilla, tercera hija de los Reyes Católicos, nacida en 1479, no hubiera pasado a la historia de no ser por el capricho de Giuliano de Médicis, su amor de juventud, que hizo el encargo del cuadro al maestro Leonardo para ponerlo en la pared de su dormitorio. Realmente en el libro se habla poco de la vida de esta mujer pero es el eje sobre el que pivotan una serie de historias de vidas y sucesos de esos finales del siglo XV en Italia con espléndidas y detalladas descripciones históricas de los personajes que rigieron los destinos de Italia y países vecinos, entre ellos del propio Leonardo da Vinci y su errática personalidad probablemente consecuencia de su genialidad, nunca realmente demostrada en diferentes campos. El nombre de «La Gioconda», alegre en su acepción castellana, deriva de su condición de esposa de Francesco di Giocondo, un hombre mucho mayor que ella al que aborreció en sus inicios matrimoniales pero por el que tuvo gran respeto y devoción hasta su temprana muerte, si bien en esto hay ciertas discrepancias históricas, que por otra parte no han sido aclaradas por el autor aunque numerosas notas al pie indican sucesos reales acontecidos en el momento de la narración.
Coqueteaba un poco con uno que otro joven apuesto, pero solo lo hacía para asegurarse de que aún conservaba sus atractivos. Los ojos masculinos, descubrió, constituían el más sincero de los espejos
Lisa caló enseguida a Leonardo que seguramente cumplió el encargo de pintar el cuadro e incluso alargar su finalización porque le gustaba la compañía y las «regañinas» de su modelo …
Pronto Lisa descubrió su patética vanidad y su quimérica fe en sí mismo, su curiosidad compulsiva que le hacía revolotear de una ciencia a otra, su psicótica incapacidad para terminar nunca nada, su costumbre de firmar contratos que luego no cumplía, de quedarse con los adelantos recibidos sin entregar nada a cambio.

Lisa cada vez comprendía más claramente que la muerte de Albiera le había privado, a los doce años, del amor y de la firme y tierna guía que tal vez hubiera conseguido hacerle perseverar en una carrera artística en la cual, son su extraordinario talento, hubiera podido conseguir, si no riquezas, al menos un decoroso éxito. Perdida Albiera, se había convertido en una nave sin timonel, arrojada de aquí para allá según las ráfagas de su fantasía.

El artista incomparable se hizo festejador: malabarista, mago, cantante, tocador de laúd y finalmente, por un amable capricho del destino, festaiuolo o maestro de festividades. Sus halagos, unidos a su habilidad para cantar y tocar el laúd, le permitieron ganarse la protección de Beatrice. Su éxito en situarse en la escala social, le permitió moverse en los límites del deslumbrante mundo social en que tan desesperadamente deseaba ingresar.

Pero su insaciable ambición de obtener fama y fortuna no le había abandonado jamás. Toda su vida había intentado sorprender al mundo, como escultor, como arquitecto, como ingeniero, como pintor de murales y, por fin, como fabricante de sus propios inventos.

Ahora a los cincuenta y un años , tras fracasar en todo, volvía a encontrarse en el lugar que le correspondía, con un pincel en la mano y ejecutando un admirable retrato ….
No puedo valorar la veracidad de los hechos narrados pero este libro, con el que me he encontrado por casualidad al comprarle de viejo en internet para una amiga, pero sus páginas sí contienen un relato maravilloso y cautivador. Tuve la oportunidad de visitar la capital de la región italiana de la Toscana, Florencia, y aunque han pasado más de treinta años he recordado vivamente los incomparables rincones de esa ciudad, sus monumentos, su río, los comercios de su «ponte vecchio» … La atmósfera de la época, las gentes y sus vidas en la Italia renacentista, con sus problemas, sus comercios, sus guerras y peleas, me han llegado con intensidad y me han hecho disfrutar momentos memorables, asistiendo casi en persona a esa época dorada de la historia. Con ello, me han quedado claras dos cosas: que leeré el libro de nuevo pasado un tiempo y que tengo que volver de nuevo a Florencia; lo primero es fácil de cumplir y lo segundo se intentará.

Y como ya he comentado al principio, en la parte final del prólogo, escrito por el propio autor se aclara que …
Ahora debo explicar por qué escribí este libro histórico en forma de biografía dramatizada.

Dramatizada, que quede claro; no novelada.

No es, en absoluto, la misma cosa. En el primer caso, nos hallamos ante una forma legítima y efectiva de narrar la historia, utilizada ya por el historiador griego Tucídides en el siglo IV antes de Cristo. La segunda es pura invención.

Para algunos, la historia es solo el registro sistemático de los hechos del pasado, particularmente, las guerras: todo ello en términos muy desapasionados y precisos. El problema de esta concepción reside en que la historia no tiene nada de precisa. De hecho, con la posible excepción de la teología, probablemente sea la más imprecisa de todas las ciencias.

La descripción del pasado ofrece casi tan pocas garantías como la predicción del futuro. Las fechas no concuerdan los documentos se contradicen. Los historiadores no logran ponerse de acuerdo sobre nada ni nadie. Por ejemplo, Colón nació en Cataluña, Andalucía, Galicia, Córcega, Génova y, como mínimo, en otras once ciudades italianas, todas las cuales poseen alguna u otra prueba en lo cual apoyar sus pretensiones.

Para otros, entre los cuales me encuentro, la historia es la resurrección de la gente, además de los acontecimientos, de una época pretérita: como hablaban, comían o rezaban; sus costumbres, sus canciones, sus medicamentos, sus creencias, sus alegrías y temores.

El máximo logro en el campo de la biografía dramatizada es "Guerra y Paz de Tolstoi". Narra la historia de una familia rusa en tiempos de la campaña de Napoleón en Rusia. Tolstoi fue oficial y pudo haber plasmado muy pedantes y tediosas descripciones de las maniobras tácticas. Muy sabiamente, dejó esa tarea para los manuales de estrategia y escribió una obra maestra de la literatura, y también un excelente libro de historia.

Ante la tarea de narrar mi historia, que es la de una ama de casa florentina y su familia en tiempos de las diversas invasiones francesas, decidí, con toda humildad, que la mejor opción era intentar seguir, en la medida de lo posible, el ejemplo de Tolstoi y escribir mi libro en la forma que él habría escogido.

Las innumerables notas que jalonan estas páginas servirán de garantía al lector de que no he sacrificado la exactitud histórica en este intento de exponer la vida de esta famosa, y, sin embargo, poco conocida, dama del Renacimiento, las personas que frecuentó, los dos hombres que amó y los turbulentos tiempos que le toco vivir

miércoles, 1 de enero de 2014

El hombre inquieto, Henning Mankell

El club de lectura de ALQS2D en este cuarto trimestre del año 2013 nos ha puesto ante un nuevo relato de este autor teniendo como protagonista al inspector Kurt Wallander y por lo que parece es el que cierra la serie según manifestaciones del propio autor. Un párrafo escueto remata las aventuras de este inspector: «La sombra se había acentuado. Y muy despacio, Kurt Wallander fue desapareciendo en una oscuridad que, unos años después, lo sumió en ese universo de vacío que llamamos Alzheimer. Y después nada. El relato de Kurt Wallander termina ahí, irrevocablemente. Los años que le queden por vivir, diez o quizás algunos más, le pertenecen a él, a él, y a Linda, a él y a Klara. Y a nadie más». Según mis cuentas, que pudieran estar equivocadas, este es el undécimo libro aunque en algunas listas aparecen algunos más e incluso uno menos, por ser historias tangenciales que tienen relación con este protagonista. Hay más libros de este autor comentados en el blog que pueden accederse con el buscador. De este autor sueco, Henning Mankell, nacido en 1948, poco que decir que no se sepa ya por su dilatada y conocida trayectoria como novelista y dramaturgo, habiendo triunfado a nivel mundial de forma indiscutible en este género dado en llamar de la novela negra.

En el entramado de la historia que podemos leer encontramos un poco de todo, desde lo puramente policial hasta las relaciones personales y familiares del protagonista en la etapa final de su vida llegando ya a la vejez, ancianidad o tercera edad, según queramos. Su hija Linda, también policía, ha encontrado como pareja al hijo de un conocido militar que ocupó altos cargos en la marina Sueca durante el período de la guerra fría y que se encuentra retirado. En una fiesta de cumpleaños recibe una confesión directa aunque confusa de su consuegro sobre hechos acaecidos años atrás en relación con la invasión del espacio marítimo sueco por submarinos rusos y que no tuvo contestación alguna por parte del Gobierno Sueco de Olof Palme. Al poco tiempo tanto él como su esposa desaparecen de forma misteriosa apareciendo al poco tiempo el cadáver de ella en extrañas circunstancias que dan a entender como un suicidio que nuestro inspector se resiste a asumir. A pesar de no estar asignado a este caso, en ratos libres, vacaciones y escapadas, Kurt Wallander se mete de lleno en el asunto llegando con su fino olfato y a pesar de todo a esclarecer todos los hechos, que tendrán un final sorprendente que lógicamente no debemos desvelar aquí. Paralelamente a todo esto, episodios y recuerdos de la vida personal del inspector se entremezclan en el relato.

Los sueños tienen un valor intrínseco, aunque no se hagan realidad.

A pesar de no ser aficionado a este tipo de relatos y como ya ocurriera con los otro cuatro libros de esta serie que he leído además de este, he de reconocer que es un buen libro, una buena y entretenida historia, andamiada sobre ciertos hechos cuasi reales y que mantiene la atención del lector página tras página, con un lenguaje sencillo pero potente para despertar la imaginación del lector. Si bien considero muy repetitivas, llegando a ser pesadas, ciertas acciones de la esfera personal del inspector, reconozco que me ha dado muchas pistas sobre lo que ocurre a una persona que acude al encuentro con su vejez, comienza a tener lagunas y la certeza de que sus días se acaban, sus ilusiones se ven contenidas y empiezan a aparecer síntomas que hay que asumir y llegar a convivir con ellos, tales como olvidos, pequeños accidentes, soledades, recuerdos, seres queridos y amigos que desaparecen, entre otras muchas cosas. En las propias palabras de nuestro protagonista «Nada es lo que parece ser.»

Como no podía ser de otra manera dada su trayectoria anterior, muchos consideraran este libro como un declive definitivo en este autor pero a mi juicio no desmerece la serie y el aliciente de ser el último impele su lectura aunque no se hayan leído los anteriores, pues su relato argumental es independiente.

Para los amantes de la novela negra mencionaré aquí un enlace a un blog que he encontrado en mis pesquisas policiales por la red y que me ha parecido muy al día, muy interesante y con mucho contenido sobre este tipo de relatos: «detectivesdelibro»

sábado, 14 de diciembre de 2013

SOLO, de AUGUST STRINDBERG.

 Solo, de August Strindberg.
El Cobre Ediciones.
Edición y posfacio de Alejandro García Schnetzer.
Traducción de Graciela Arancibia. 
136 páginas. 12 Euros.

Ya abrí Solo de Strindberg. Ya lo abrí y lo leí. Lejos queda la lectura de su Inferno, no su recuerdo. Solo también es una obra autobiográfica, pero a diferencia de Inferno, mucho más pausada: nos encontramos a un Strindberg menos agitado. Un Strindberg que pasea (sí, en la búsqueda que he emprendido de seres paseantes, en Solo he encontrado a otro) al ritmo de las estaciones del año: Después de muchas demoras, finalmente llega la primavera, y qué fiesta es caminar bajo los tilos esa primera mañana, cuando las hojas acaban de salir (…) Antes era empujado por el frío y el viento; ahora puedo tomarme mi tiempo, caminar lentamente e incluso sentarme en un banco (p.70) y también al ritmo marcado por su soledad: Para vivir en soledad, antes que nada debes llegar a un acuerdo contigo mismo y con tu pasado. Una larga y ardua tarea, una completa educación en la conquista de uno mismo. Pero no hay estudio más gratificante que el comenzar a conocerse, si tal cosa es posible. (p.41)

            Un estudio al que le ha ayudado mucho la lectura de su querido Balzac, de todos y cada uno de los volúmenes que forman La comedia humana: hasta que los hube terminado todos no me di cuenta de lo que había sucedido. Me había encontrado a mí mismo, y pude hacer una síntesis de todas las antítesis hasta ahora no resueltas de mi vida. Y al ver a la gente a través de sus binóculos había aprendido también a contemplar la vida con los dos ojos, mientras que anteriormente lo había hecho sólo con uno, como a través de un monóculo. (p.41)
           
            Cómo le gusta observar a Strindberg y cómo me gusta leer sus observaciones acerca de las personas con las que se cruza, esas personas a las que busca para escabullirse, aunque sea durante unas horas, de su soledad. Cómo observa con atención minuciosa su nueva casa, su cama, el escritorio, el balcón, las vistas a su alrededor. En la última entrada que escribí en este blog recreé el momento en el que el premio Nobel, Elias Canetti, cogía siendo niño un hacha y perseguía a su prima Laurica con la intención de matarla. A Strindberg también le causó una gran impresión el ver desde su ventana –gracias a un telescopio –a una niña de diez años con un hacha en sus manos: ¿Un hacha en la mano de una niña? Ahora, ¿cómo podían armonizar esas dos cosas? Algún secreto se me escapaba: algo siniestro, desagradable. (p.75). Si para Strindberg es lo más natural del mundo comprender que si vemos a un niño cerca de unas piedras y un río, al final el niño terminará cogiendo esas piedras para lanzarlas al agua, lo del hacha le desconcierta. Y es que mucho antes que Hitchcock, Strindberg sabía que el suspense está a la vuelta de la esquina, o como muy bien nos mostró el maestro del suspense en La ventana indiscreta, al otro lado de la ventana.

            A Strindberg no sólo le vemos mirar desde su ventana, también en sus paseos contempla esas casas en las que han dejado las persianas bien arriba, observando, el cotilla, el interior de una habitación en el que varias personas están reunidas: Nunca había visto el aburrimiento, el hastío, el cansancio de la vida tan resumidos como en esa habitación. (p.63-64)

            Me encantan estos libros en los que la vida va transcurriendo a golpe de observaciones, de paseos, al ritmo de las estaciones. Leer Solo de Strindberg es dejar a un lado el ruido, la rapidez con la que parece ir todo. Alejandro García Schnetzer nos cuenta que Nietzsche consideró a Strindberg un <<hermano espiritual>> (p.124); también que Zola quedó muy impresionado con la lectura de la obra de Strindberg El padre y le escribió una carta: su trabajo es una de las raras obras dramáticas que me han conmovido profundamente. (p.124) Y Thomas Mann lo consideraba un visionario: <<el primero en todo>>. (p.126).
           
                      Elias Canetti  recordaba en La lengua salvada cómo Strindberg se convirtió en el autor predilecto de su madre: durante el tiempo que vivimos en Viena siempre se le saltaban las lágrimas al mencionar a Strindberg, y solo en Zúrich llegó a acostumbrarse tanto a él y a sus libros que podía pronunciar su nombre sin excesiva agitación.  

            Nietzsche, Zola, Thomas Mann, la madre de Canetti disfrutaban leyendo a Strindberg. Y Strindberg disfrutaba leyendo a Balzac, a Goethe, del que obtiene gran deleite por su percepción alegre. Más allá de las crisis matrimoniales, de la manía persecutoria que padeció, me gusta verle en Solo por todo lo que he dicho, tan plácido,  divagando acerca del escritor del Fausto y sobre Schiller, ese poeta del que alguien me dijo que le parecía muy guapo: como si el poeta fuera una estrella del cine que al salir de los rodajes le diese por estudiar a Shakespeare, Kant y Voltaire.
           
            Cuántos nombres en esta entrada, cuántas ganas de seguir leyendo, y a la vez, que sensación ahora, al mencionar los nombres de Kant, Schiller, Strindberg, de Universo tan lejano del nuestro, como si todo fuera un cuento que pasó hace mucho tiempo… 


Pero necesito que me lo sigan contando.

Patricia L.D.


August Strindberg (Estocolmo, 1849-1912) fue maestro de escuela, actor, telegrafista, bibliotecario, pintor, alquimista y escritor de fama. Su dilatada producción suele dividirse en dos periodos: uno naturalista, que supo elogiar Zola, y otro expresionista, que admiró Nietzsche. El padre (1887), La señorita Julia (1888), Danza macabra (1900) y Espectros (1908) figuran entre sus dramas más aplaudidos por el público y por la crítica, que lo consideró el padre del teatro moderno. Su obra narrativa incluyó novelas, poemas, sátiras, ensayos y narraciones breves. El hijo de la sierva (1886), La plañidera de un loco (1888), Inferno (1897) y Solo (1903) fueron la cima de sus trabajos autobiográficos.
            


jueves, 12 de diciembre de 2013

Besos de arena, Reyes Monforte

Un nuevo libro de reciente publicación de esta autora especializada en temas del mundo árabe y su relación con occidente. Autora de otros libros como «La infiel» comentado en este blog o «Un burka por amor», nos deleita con una nueva historia imbricada en la historia del pueblo saharaui y sus relaciones con España tras el abandono no resuelto aún que se produjo en los años setenta del siglo pasado cediendo a la presión marroquí y con los organismos internacionales mirando para otra parte.

El libro es la historia de Laia, una «haraní» que ha sido entregada por su familia como esclava al saharaui Hamid que vive en una campamento de refugiados. Laia es obligada a hacer todos los trabajos pesados de la casa-jaima hasta que un verano es enviada a Huesca en acogida en una familia con motivo de los programas de cooperación. Debido a una dolencia cardíaca, consigue permanecer con sus «padres españoles» varios años, siendo una buena estudiante, queriendo convertirse en médico, enamorándose de un vecino piloto, Julio y sobre todo, no queriendo volver nunca más a su lugar de origen. Nadie conoce su secreto pero Ahmed, su teórico hermano, no está dispuesto a renunciar a su esclava y se presenta en Huesca queriendo llevársela con él de regreso a «casa». Como lo consigue por las buenas lo hace por las malas y Laia se ve de nuevo, a sus 17 años, lejos de su familia española, de su novio, de sus estudios, inmersa en un mar de sufrimiento y vejaciones físicos que Ahmed le dedica «con sumo cariño». El padre de su prometido, Carlos, tiene su propia historia en la antigua Villa Cisneros y con ayuda de Germán, un anticuario madrileño con el que corrieron andanzas juntos allí, organizan un complejo plan para rescatar a Laia de las garras de su «familia» y devolverla a su sitio en España de donde nunca debió ni quiso salir. El desenlace de la historia es apasionante y está lleno de datos históricos presumiblemente ciertos, si bien esto no se aclara, que han servido de base a la autora para ofrecernos un bello relato de amor dentro del odio y la miseria en un campo de refugiados.
«Somos lo que somos por nuestro pasado. Nunca podrás olvidar de dónde has salido, nunca podrás cambiar eso».
La versión en papel está deleitando a mi madre con sus 416 páginas y a mí me ha deleitado en su versión electrónica con sus 137.341 vocablos. Desasosiegos dormidos del año que pasé en el norte de África casi coincidiendo con la Marcha Verde ya fueron despertados cuando leía «La infiel» y se han puesto de nuevo muy presentes con la lectura de este libro. El mundo árabe y el mundo occidental están condenados a entenderse pero grandes diferencias conceptuales los separan y acrecientan sus diferencias que en muchas ocasiones son dirimidas no precisamente con palabras, sino con hechos muy luctuosos. Ya le dediqué al otro libro una serie de calificativos que me permito copiar y reproducir aquí: desconcertante, desquiciante, desgarrador, asfixiante, duro, atroz, realista, cruel, perturbador, humano, inhumano, cercano, distante, encolerizante, electrizante, dantesco, impactante, violento, salvaje, sangrante, inquietante, crudo, fuerte, emocionante, endiablado, instructivo, ejemplarizante, embriagador, tortuoso, enervante, salvaje, bárbaro....

Historias como estas ponen de relieve la concepción diferente entre los dos mundos de lo que es la familia y las relaciones humanas cuando se gobiernan desde un prisma grabado a sangre y fuego por la tradición y la religión. El desasosiego y comezón que me producen estos temas es preocupante.

martes, 3 de diciembre de 2013

Un viejo que leía novelas de amor, Luis Sepúlveda

Luis Sepúlveda es chileno y cuenta en la actualidad sesenta y cuatro años. Desde muy joven despertó en él un ansia por viajar que le ha llevado a recorrer el mundo de muy diversas maneras, escribiendo entre tanto. A los 20 años publicó su primer libro, contando con varios premios internacionales de literatura. La novela que comentamos, «Un viejo que leía novelas de amor» ha sido llevada al cine y puede verse de forma libre en este enlace.

El protagonista de esta historia es Antonio José Bolívar Proaño, un hombre que vive solo en una choza que el mismo construyó en las afueras del pueblo de nombre "El Idilio" ubicado en las profundidades de la selva amazónica, donde recaló con su mujer, Dolores Encarnación del Santísimo Sacramento Estupiñán Otavalo, huyendo de la civilización para ver si podían tener descendencia pero a la que besó pocas veces porque a ella no le gustaba y era pecaminoso. Muerta por fiebres al poco tiempo, Antonio se convierte en un ser bohemio y solitario que vaga por la selva aprendiendo y respetándola para obtener de ella lo necesario para vivir feliz, que es muy poco, siendo pobre en bienes y rico, muy rico, en libertad. Amigo de y protegido por un pueblo indígena de la zona, los «shuar» que no «jíbaros», está permanentemente enfrentado a la autoridad local, el alcalde, a quién que todos conocen como «el babosa» por su físico y su sudoración continua, y a quién Antonio ridiculiza de forma constante con sus apreciaciones certeras cada vez que se recurre a él

Pero a este apartado mundo y a bordo del «Sucre» llega de vez en cuando la civilización que si por algo se distingue es por complicar la vida, de múltiples formas y maneras, a los locales. Cazadores sin respeto ponen en alerta a las fieras de la zona, una tigrilla, que traerá en jaque a todos hasta que se organiza una partida de caza para matarla. Las continuas meteduras de pata del alcalde en esa partida, que suponen un peligro real sobre todos, lleva a este a ofrecer dinero a Antonio por ocuparse en forma solitaria del asunto, retirándose los demás. Antonio pone en juego todos sus conocimientos para, con gran peligro de su vida, lograr matarla. El doctor Rubicondo de Loachamín, dentista que visita la zona dos veces por año, le provee de libros de amor que nuestro protagonista lee con dificultad pero con enorme deleite.

Cuando caen en nuestras manos, de personas que vivimos en la «civilización» relatos de este tipo, se evocan en nosotros sentimientos de respeto al entorno que desconocemos por lo general en nuestro deambular diario habiendo olvidado las leyes naturales y habiéndolas sustituido por otras muy lejanas de aquellas. El muy claro y preciso lenguaje utilizado en este relato, español de allende el Atlántico, también despierta aquende nuestra imaginación grabando en nuestra mente los limpios sentimientos de nuestro «viejo», evocados con otra musicalidad de palabras que comprendemos pero no usamos, aunque por algunas hemos de acudir al diccionario. El autor vivió en carne propia durante siete meses la experiencia que nos brinda y de la que se han vendido varios millones de ejemplares en todo el mundo. Un libro muy recomendable, pequeño pero matón, con sus 144 páginas impresas conteniendo 25.500 vocablos, que se lee en un santiamén y dejará sin duda en nuestro espíritu un poso de paz y convivencia con la naturaleza que hemos perdido por «disfrutar» de nuestro mundo «moderno y civilizado».

Podemos encontrar un extenso diccionario «ad hoc» que explica gran parte de los vocablos del libro en este enlace

domingo, 1 de diciembre de 2013

El kit de la lucha en internet, Margarita Padilla

A pesar de no ser joven, su gran difusión y uso en los últimos años ha hecho de internet un mundo continuamente cambiante, en el que fijan sus miradas unos y otros y se desarrollan grandes batallas por su control. Margarita Padilla nos esboza en su libro «El kit la lucha en internet» una información de actualidad sobre los diferentes movimientos en su seno que han obtenido una relevancia destacada y han llegado a ser conocidos, y temidos, mundialmente. Tomado de este enlace, Margarita Padilla «aprendió GNU/Linux y los usos sociales y políticos de las nuevas tecnologías en centros sociales okupados. Algo que en la Universidad nunca le enseñaron. Junto a otros hackers, fundó Sindominio.net. Ha emitido radio por Internet a través de Radiopwd, emisora realizada por un grupo de mujeres desde el hacklab de Lavapiés (Madrid), y ha publicado diversos artículos sobre acción política y sobre las nuevas tecnologías comunicativas, como Agujeros negros en la red, en la revista Archipiélago; Penélope, tejiendo y destejiendo la red, en el libro Ciberguerrilla de la comunicación, editorial Virus, y otros disponibles en Internet. En la actualidad trabaja en Dabne, cooperativa de trabajo asociado constituida por mujeres y dedicada al desarrollo de aplicaciones web sobre software libre, aunque le gusta decir que su trabajo consiste en “hacer Internet”». En el siguiente enlace puede leerse verse la muy interesante entrevista que le realizaron en abril de 2009 en el diario publico.es.

Este libro está bajo una licencia « CC - Creative Common» y puede adquirirse mediante compra o descarga gratuita en la web de «Traficantes de Sueños» un proyecto con numerosas ramificaciones entre las que cabe citar «Sábadosnegros» cuyo artífice e impulsor, Manuel, nos ha puesto en contacto con este libro.

El relato presenta tres grandes bloques referidos a movimientos de muy distinto signo como son Wikileaks, Anonymous y Hacktivistas. Mientras la autora nos inunda de información acerca de estos grupos, piezas complementarias nos abren los ojos sobre todo lo que se cuece en este mundillo abierto y dinámico de la red, que aunque muchas veces no alcancemos a comprender es bueno saber que existe para intentar prepararnos o por lo menos estar alerta en nuestras incursiones en en este espacio tan maravilloso como peligroso.

En estos días ha saltado la noticia de la posibilidad de que la televisiones sean capaces de grabar información visual y auditiva en los hogares donde están instaladas y, utilizando su conexión a internet, enviar información a fabricantes u organizaciones sin consentimiento e incluso saltándose la prohibición expresa de hacerlo, algo esto que es muy común y frecuente en los «smartphones» que muchos de nosotros llevamos encima. En el libro puede leerse que «El año pasado, Amazon utilizó la puerta trasera de su e-reader para borrar remotamente miles de copias de 1984, de George Orwell. Han privatizado el Ministerio de la Verdad».

En el libro se encuentra reproducida una entrada en un blog de hace casi tres años firmada por Amador Fernández-Savater que no tiene desperdicio y puede leerse completa en este enlace. Una persona que asiste a una cena con otros poderosos que tratan de «encorsetar» internet desde el miedo. Una frase que llega es «Me preocupa esa combinación de ignorancia y miedo, porque de ahí solo puede resultar una cosa: el recurso a la fuerza, la represión y el castigo. No son los ingredientes básicos de la sociedad en la que yo quiero vivir».
«La lucha en Internet no solo no está ni puede estar controlada por organizaciones o colectivos, sino que está plagada de iniciativas personales, episodios en los que «cualquiera» da un paso que otros «cualquiera» tomarán como propio y completarán (o no)»

«WikiLeaks y Anonymous operan globalmente; Hacktivistas es local. Anonymous y Hacktivistas son horizontales; WikiLeaks es vertical. WikiLeaks y Anonymous usan la opacidad; Hacktivistas la transparencia. Anonymous y WikiLeaks se mueven en el filo de la legalidad; Hacktivistas no traspasa esa barrera. WikiLeaks es centralizado; Anonymous es descentralizado. Anonymous lleva máscara, Hacktivistas da la cara. WikiLeaks es personalista, Anonymous es anónimo.>>