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miércoles, 11 de noviembre de 2020

Rey blanco, de Juan Gómez-Jurado

Disponible desde el pasado jueves 5 de noviembre de 2020 en librerías y mundos digitales la nueva entrega de la serie de Antonia Scott y Jon Gutiérrez, «Rey blanco», de Juan Gómez-Jurado, un autor más consagrado allende nuestras fronteras que aquende, si bien la tendencia tiene todos los visos de irse invirtiendo gracias a sus últimas novelas y las ingeniosas e intensas campañas llevadas a cabo en las redes sociales. Otros libros de este autor, todos menos los infantiles que también tiene, están reseñados en este blog amén de algunos encuentros personales con él, por lo que invitamos al lector a usar el buscador del blog. Juan, escritor, periodista y buena gente, colabora tan intensamente con medios escritos, radiofónicos e internautas que nadie sabe de dónde saca tiempo para escribir. De nuevo hay que destacar el compromiso del autor con las nuevas tecnologías desde aquel lejano 15 de enero de 2011 con su campaña «1 libro = 1 euro» siendo otra prueba más de ello de este libro en su versión (ebook) digital: 4,74 euros, menos de lo que cuesta un gin-tonic y mucho más paladeable y durante más tiempo. Sigue habiendo gente para todo y habrá quién lo descargue de alguna web donde ya ha hecho su aparición. Más información en la página web personal del autor accesible desde este enlace.

Aunque no es estrictamente necesario, si es muy recomendable haber leído los dos libros anteriores de esta saga, «Reina Roja» y «Loba Negra» para tener un conocimiento más completo de la (tremenda) psicología de los personajes principales, Antonia Scott y Jon Gutiérrez; y no solo de ellos sino de otros que aun siendo secundarios tienen también su aquel para tener una idea de sus personalidades. En el aspecto de la sinopsis del libro y como ya ocurriera con los anteriores, la mejor es la que no se hace, para no desvelar las innumerables e ingeniosas tramas que van apareciendo en cada vericueto, donde nada es lo que parece, por mucho que el lector se las dé de «listillo» tratando de adivinar el desarrollo de la acción y sus personajes. El propio autor, en su twitter y para el libro anterior, ruega a los escribidores de comentarios y reseñas que no revelen nada ni siquiera avisando de que se va a hacer «spoiler»: «Un humilde y pequeño favor, para los de Kindle: si cuando acabéis y tengáis un hueco ponéis una reseña con el título: “No leas las reseñas, spoilers”, os lo agradezco muchísimo. Y por favor, no mencionéis ningún detalle de la trama más allá de la pág. 50». Sus deseos sifuen siendo órdenes para nosotros y el que quiera saber de qué va tendrá que leerlo.

Tras los éxitos de «Reina Roja» y «Loba Negra» no he podido por menos de hacer un alto en mis lecturas para ponerme con la lectura de este, que se me ha alargado por el poco tiempo disponible, que, si no, en el día o un par de ellos, me lo hubiera liquidado, como ya hice con alguno anterior de este escritor. Los 101.385 vocablos de la edición electrónica —ni que lo hubiera hecho aposta, los mismos prácticamente que «Loba negra»—meterán al lector en un espiral de situaciones y escenarios que acabarán por intrigar más y más. Como en los anteriores, diálogos chispeantes y muy ocurrentes, comentarios ad hoc que provocan la complicidad, situaciones muy bien estudiadas que parece que no vienen a cuento y que van cuadrando a medida que se avanza en la lectura. Antonia y Jon, «coincidentes laborales» y… ¿nada más?, harán las delicias del lector, aficionado o no la llamada novela negra, que se queda a la espera de una nueva entrega si es que esta tiene lugar, aunque al final del libro, una enigmática «W» tambalea los cimientos de esta saga llevándola (quizá) atrás en el tiempo: más libros de este autor a, en mi caso, releer. Aunque como ya he comentado con anterioridad no soy (muy) aficionado a este género, los libros de Juan Gómez-Jurado me trascienden y no me ando con remilgos. Los he leído todos, muchos de ellos de un tirón el día que han salido, cosa que, lamentablemente no he podido hacer con este por cuestiones personales, teniendo que demorar su lectura varios días… ¡demasiados!



miércoles, 4 de noviembre de 2020

La grieta, de Doris Lessing

Doris May Tayler, Doris Lessing en su nombre de casada, nació en Kermanshah, Irán, en 1919. Su obra tiene un marcado carácter autobiográfico, especialmente de su experiencia africana en su infancia, plasmando conflictos culturales y raciales persiguiendo poner de acuerdo la conciencia individual y el bien común. Su primer libro data de 1950: «Canta la hierba». Nunca quiso significarse en cuestiones políticas, pero, sin quererlo, se convirtió en un icono de causas marxistas, anti-colonialistas, anti-segregacionistas y feministas, llegando a tener prohibido el acceso a muchos países de África del Sur, aunque en 1995 fuera recibida casi con honores cuando fue autorizada a visitar antiguos familiares. Nacionalizada británica, obtuvo —con bastante cuestionamiento de la crítica— el premio Nobel de Literatura en 2007 por su «capacidad para transmitir la épica de la experiencia femenina y narrar la división de la civilización con escepticismo, pasión y fuerza visionaria». En ese mismo año, 2007, se publicó el libro que hoy comentamos, «La grieta». Doris Lessing falleció en Londres en 2013.

Un lugar idílico en una costa escarpada con grietas y cuevas es el escenario en que comienza una historia ancestral —parece infantil— en la que se habla de grietas (mujeres) con águilas como animales casi sagrados que se llevan a los niños deformes (monstruos) hasta un valle allende las montañas en que habitan los chorros o tubos(hombres). Al cabo aparece un patricio romano como narrador de esta historia que podría ser un remedo del Génesis invirtiendo el orden (primero la mujer y luego el hombre). Vueltas y vueltas a una historia con muy poco recorrido.

Para no andar con rodeos voy a ser directo: cansino, reiterativo… infumable. Quién tenga curiosidad por leer un libro de toda una premio nobel… contenga las ganas de acercarse a este y trate de encontrar otro, por ejemplo «El sueño más dulce», reseñado en este blog en este enlace. Cuando uno se acerca a un libro sin saber nada previo acerca de él, lo menos que espera encontrar es que el relato le agrade, le atraiga para ir descubriendo la historia que se le quiere contar, pero no conseguir —este libro lo consigue— que el lector esté deseando cerrarle para no volverle a abrir más. Yo he llegado al final por una cierta «obligación» mal entendida al tratarse de un libro seleccionado en un club de lectura, pero, de buena gana, lo habría leído en diagonal y de diez en diez páginas como mínimo. No se lo recomendaría a nadie, por mucho que una vez acabado, como a cualquier lectura, se le pueda buscar los tres pies al gato elucubrando acerca de lo que la autora nos ha querido transmitir. A mí no me ha dicho nada coherente y ya he perdido bastante tiempo leyendo (todo) el libro como para perder más en esta reseña.