Wang Xiaobo nació en Pekín en 1952, hijo de profesores. En 1968, y como millones de jóvenes estudiantes de las ciudades que son desplazados al campo, es destinado a una brigada de trabajo en la provincia de Yunnan. Aunque regresa a Pekín debido a una enfermedad, vuelve de nuevo a una brigada de trabajo, esta vez en Shandong, donde permanece hasta 1973 cuando regresa a Pekín y empieza a trabajar en una fábrica simultaneando sus estudios universitarios de Comercio y Economía en la Universidad Renmin de Pekín, donde desde 1982, una vez graduado, ejerció como profesor. En 1980 se casa con Li Yinhe, una referente en estudios feministas, comenzando en 1984 un viaje por Estados Unidos y Europa para diferentes trabajos de investigación. A pesar del muy escaso éxito en sus publicaciones literarias, en 1992 decide dedicarse por completo a la escritura. Prácticamente desconocido, murió de un infarto en 1997 con 45 años, lo que no tuvo reflejos notables en el mundo literario, pero, sin embargo y con posterioridad, su fallecimiento le encumbró a la condición de mito intelectual de la China contemporánea. Su obra, ensayos y artículos breves, continúa siendo ampliamente leída y valorada si bien con no pocas críticas.
Chen Qingyang me confesó que cada vez que hacíamos el amor era una tortura para ella. Deseaba gritar, abrazarme y besarme desenfrenadamente, pero se negaba a dejarse arrastrar por aquel sentimiento. Había decidido que nunca amaría a nadie.
Durante los primeros años de la Revolución Cultural el protagonista Wang Er es destinado a una brigada de Trabajo en la fronteriza provincia de Yunnan. Allí conoce a la joven médico Chen Qingyang, con la que inicia una relación adúltera que les lleva a huir a las montañas durante varios meses. Tras volver a la brigada son obligados a escribir una interminable confesión y a participar en sesiones de acusación pública en las que son humillados repetidamente. Cuando todo termina, ambos son enviados de vuelta a sus lugares de origen y no se vuelven a ver hasta veinte años más tarde, cuando se encuentran por casualidad en un parque de Pekín. Esa noche, en una habitación de hotel, recuerdan viejos tiempos e intentan dilucidar y dar conclusión a su particular historia de amor. (Texto de la editorial).
Estuve escribiendo la confesión durante muchísimo tiempo, pero siempre decían que estaba incompleta y que debía seguir añadiendo detalles. Llegué incluso a pensar que iba a pasarme así el resto de mi vida. Sin embargo, todo cambió el día que Chen Qingyang escribió una nueva confesión. Nunca me dejó leerla, pero a partir de entonces no sólo no tuvimos que seguir escribiendo, sino que no volvieron a obligarnos a participar en las sesiones de acusación pública.
Librito exiguo —136 páginas con 25.016 vocablos— que me ha costado (mucho) leer, no sabría decir si por el lenguaje empleado o quizá su traducción. Repetitivo en las situaciones, como libro a comentar de uno de los clubes de lectura en los que participo, he llegado a final sin convicción. El carácter al parecer autobiográfico del autor en algunos de los pasajes, aporta información sobre una realidad histórica en una China muy desconocido en aquellos años. Intimista, descarnado puede tocar la sensibilidad del lector en diferentes aspectos de aproximación o de rechazo. Yo me apunto a la segunda opción, fuera de los aspectos documentales históricos —espero que sean ciertos— y de crítica al Estado, no he sabido o podido encontrar los resplandores a este libro. Y en el club de lectura, los comentarios iban mayoritariamente en ese sentido, aunque, como es sabido, para gustos hay colores.