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viernes, 25 de abril de 2014

Enterrar a los muertos, Ignacio Martínez de Pisón

un ensayo para esclarecer el asesinato de un traductor en zona republicada durante la Guerra Civil española .
Si has leido Manhattan Transfer en versión española, lo habrás hecho con la traducción de Jose Robles Piquer, como se indica en la información editorial. Esta, como muchas mentiras, es sólo una verdad a medias. El verdadero nombre del amigo español que tradujo la novela es José Robles Pazos. Ignacio Martínez de Pisson, ya reseñado por "el día de mañana", aquí escribe un interesante ensayo sobre la amistad entre Dos Passos y Robles, iniciada en los primeros viajes de juventud a España del escritor, y proseguida por ambos en el ámbito universitario de Baltimore, con la cruenta ruptura de la inexplicada muerte del segundo en la Guerra Civil.
 Revisando la correspondencia personal y familiar entre ellos, archivos universitarios, legajos militares y civiles del régimen franquista, numerosas fuentes documentales y testimonios de personajes contemporáneos a los acontecimientos, se describe una detectivesca trama de abusos administrativos y políticos en la zona republicana consumados en la declaración oficial de la muerte de José Robles. Posteriormente, la historia añadiría a este asesinato, la perdida de su segundo apellido en los textos de sus traducciones, cambiándolo por "Piquer", cuyas connotaciones franquistas huelga explicar.
Las causas, circunstancias y los presuntos autores ésta obra pretende desvelar y esclarer. Las conclusiones del estudio se fundamentan en una inmersión en las tensas relaciones entre el Gobierno republicano y los comunistas rusos insertados en el organigrama institucional de la II República como comisarios políticos, en una labor oscura en depuración tendenciosa de la ideología de brigadistas internacionales y población civil. 
La hipótesis, aportada por el autor, de la ejecución a manos de sicarios paramilitares del NKVD con ocultación del cadáver, de ahí el título del libro "enterrar a los muertos", es pormenorizada. Para justificar la detención del traductor y su asesinato político, se urdió por los servicios de espionaje comunista una infame historia de presunta traición. El autor describe la peligrosa corrupción parapolicial existente en la zona republicana, propiciada por el terror y opaca actuación de la unión soviética, adoptando decisiones unilaterales en territorio español infectándolo de individuos bajo su nómina. Estos eran en su mayoría antiguos delincuentes amnistiados, a merced de sus inclinaciones de extorsión física, agresión y homicidio. Un caldo de cultivo idóneo para ajusticiar con impunidad, amparados bajo el auspicio del espionaje soviético.
También analiza el papel de los intelectuales en el conflicto, centrándolo en la enemistad creciente entre Hemingway y Dos Passos, alimentada por la distinta implicación en la contienda, incidiendo en el desentendimiento del autor del Viejo y el Mar en la detención y en el turbio asunto Robles.

La obra maneja un exceso de documentación, de hechos, de personas, de opiniones, vertidas en hipotéticas conclusiones, lo que propicia, en ocasiones, una pérdida de enfoque, así como la dispersión del lector en la densa maraña de acontecimientos. 

Un estudio, pese a ello, interesante, profundo, elogiable, si bien al final del texto, en mi valoración, un poco falto de estilo y depuración  de contenido. Un libro en cualquier caso recomendable, sobre todo para los versados en los arcanos de la guerra civil española. Imprescindible para los amantes de la literatura de John Dos Passos.
 Esta inmersión en episodios desconocidos de nuestro pasado fratricida, me ha aportado un enfoque novedoso sobre el escenario bélico, característico de este autor, eterno buscador de situaciones históricas españolas contemporáneas a las que hurtar personajes literaturizables.
Escritores como este, pese a su continencia estilística, nos ofertan una original apertura a la divulgación literaria de nuestra historia más reciente.

1 comentario:

  1. Muchas gracias por tus comentarios, que se empezaban a echar de menos. Lo único que me pones los dientes largos y me llenas el saco, ya reventado hace tiempo, con una lectura nueva.

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