Lola Pons Rodríguez, nació en Barcelona en 1976, descendiente de andaluces. Es una filóloga y profesora española, catedrática en el Departamento de Lengua Española, Lingüística y Teoría de la Literatura de la Universidad de Sevilla, desde 2003. Es miembro de la Asociación de Historia de la Lengua Española y forma parte del comité editorial o científico de revistas como Abenámar, Revista Internacional de Lingüística Iberoamericana, Études Romanes de Brno y Revista de Historia de la Lengua Española. Ha sido también profesora invitada en las universidades de Tubinga y Oxford y colabora en algunos medios como Cadena Ser, Canal Sur, ABC o El País. Desde 2005 dirige periódicamente en la Universidad de Sevilla las Jornadas sobre Edición de Textos e Historia de la Lengua, que han servido en sus ediciones de punto de encuentro entre las disciplinas de la Lingüística histórica y la Crítica textual. Su investigación se centra en la historia del español, con especial atención a fenómenos de sintaxis, y en el estudio de la variación lingüística actual, especialmente a través del paisaje lingüístico. Directora de proyectos de investigación y tesis doctorales, ha sido la comisaria científica en Andalucía del V Centenario de Elio Antonio de Nebrija y es académica correspondiente de la Academia Panameña de la Lengua. Activa en redes sociales como X (antiguo Twitter) con el usuario @Nosolodeyod), es muy interesante su blog que mantiene desde 2009 en y su página web Con varios libros publicados, otro muy recomendable entre los suyos es «Una lengua muy muy larga. Más de cien historias curiosas sobre el español» comentado en este blog en este enlace.
El dios del silencio, pues, no deificaba al silencio en sí mismo; recomendaba guardar la palabra humana para que surgiera la divina. Ese fue Harpócrates en los textos medievales europeos, en general descrito siempre con el gesto del dedo en la boca y a veces añadiendo que su otra mano estaba levantada en signo de oración.
¿Es una parte importante del lenguaje el silencio? Lo humano tiene una historia que si se describe con palabras se puede reflejar en un texto escrito, cuestión que no es sencilla de hacer con los silencios. La sinopsis oficial de este libro comienza con la paradoja de que «para hablar del silencio hemos de romperlo». Y continúa con … Toda cultura deja huellas en sus voces, pero también en sus silencios. Aprender a leerlos es descubrir otra manera de mirar el pasado. ¿Por qué unas sociedades enseñan a callar y otras premian la palabra? ¿Cómo han cambiado los significados del silencio a lo largo del tiempo? ¿Qué nos dicen sobre una época sus formas de guardar un secreto, ejercer el poder, censurar, rezar, amar, protestar o escuchar? A través de gestos, costumbres, episodios y expresiones de nuestro pasado, este libro sigue el rastro del silencio en el mundo hispánico y reconstruye una historia fascinante que enlaza la Edad Media con las redes sociales, los monasterios con los parlamentos, la literatura con la conversación cotidiana: un recorrido lleno de hallazgos que demuestra que callar nunca ha supuesto un vacío, sino un modo de construir relaciones, expresar valores y entender el mundo. La autora convierte la historia de la lengua en un apasionante relato de las personas y de las sociedades que la han hablado. El dedo en los labios descubre una dimensión inesperada de nuestra cultura y nos invita a comprender que una lengua no solo conserva las palabras de quienes la hablan, sino también la memoria de sus silencios.
«Media vida estudiando las palabras de textos antiguos; ya era hora de ocuparme de sus silencios»
En un libro más, bellísimo para todos y de gran disfrute para los letraheridos por temas de gramática y lengua, Lola Pons, con el rigor académico que la caracteriza, nos adentra en este ensayo en unos vericuetos fantásticos haciéndonos reflexionar sobre la importancia de los silencios en nuestras relaciones, en nuestras conversaciones, incluso en nuestras lecturas. Como otros libros suyos, pudiera ser de cabecera para ir degustando en esos momentos sueltos que surgen en el devenir diario. Disponible en edición digital, me acompaña siempre en mi teléfono para asomarme a él y disfrutar de sus poco más de sesenta y ocho mil vocablos. Un libro (muy) técnico por sus referencias, pero asequible a cualquier lector que quiera disfrutar con enjuagues lingüísticos y con la historia del lenguaje y la escritura. Como he podido leer en internet, sin lamentablemente acordarme donde, «Hablar o escribir sobre el silencio es tan paradójico como intentar iluminar la oscuridad» pero la autora lo consigue magistralmente. Se ha dicho que tenemos dos oídos para escuchar y una única boca para hablar. Y saber utilizar esa boca oportunamente, con sus silencios, es un arte que podemos auto aprender en conversaciones con otros, que también nos pueden mandar callar. Siempre seremos dueños de nuestros silencios y prisioneros de nuestras palabras, no lo olvidemos.
«De lo que no se puede hablar, es mejor callarse». Ludwig Wittgenstein (1921)

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