BÚSQUEDAS en este blog

domingo, 13 de enero de 2013

Los Reyes Católicos (Trilogía) – Jean Plaidy

Esta serie de tres libros sobre la vida de los Reyes Católicos, con más énfasis en Isabel en lo que se refiere a los primeros momentos de su vida, está formada por los títulos “Castilla para Isabel” “España para sus soberanos” y “Las Hijas de España”. Se trata de un relato muy novelado, basado en hechos históricos. Jean Plaidy es uno de los muchos sinónimos que utilizó la llamada en realidad Eleanor Hibbert, tales como Victoria Holt, Philippa Carr, Eleanor Burford, Elbur Ford, Kathleen Kellow, Anne Percival, o Ellalice Tate. De nacionalidad inglesa y nacida a primeros del siglo XIX y que en el momento de su muerte, a finales de siglo, había vendido más de cien millones de libros. Su obra es ingente, mucha de ella de marcado carácter histórico, llegando a publicar sagas sobre los Tudor o los Plantagenet compuestas por una docena de libros.

Del contenido de los libros, poco que añadir, que no se haya contado en otras entradas de este blog (aquí y aquí). El primer libro versa sobre el nacimiento de Isabel y sus primeros años en los que asistió a las luchas de poder entre los nobles y su hermanastro el rey Enrique IV. En el segundo se comentan los grandes acontecimientos del reinado y el tercero está muy enfocado a la relación de la reina con sus hijos y sus relaciones internacionales a través de los matrimonios.

En mi más humilde opinión, desaconsejaría la lectura de estos libros a aquellos que se quieran aproximar de forma histórica a esta época. Algo hay y cierto, pero no se saca mucho porque la autora está más enfocada a otros asuntos, como recrear situaciones muy personales, con mucho diálogo, en lo que tenemos que suponer que “pudiera haber sido así” pero “no tenemos constancia cierta de que lo sea”. Por poner un ejemplo, acontecimientos tan importantes y trascendentales como la expulsión de los judíos y el descubrimiento de América son tratados de un plumazo en párrafos que no llegan ni a una página. El relato es ameno, fluido, pero como digo se parece más a una fabulación novelada de las costumbres de la época. En el tercer libro, volcado a las relaciones de la reina Isabel con sus hijas, hijo, consortes y nietos, el tono es como de novela rosa, muy bonito y entretenido… para los que les gusten las novelas rosas. De histórico y científico me atrevo a aventurar que poco hay, aunque lo que hay si es cierto.

Lo que sí que me ha quedado claro es que antes de ponerse con la lectura de un libro, es más que deseable recopilar información, autorizada si es posible, de varias fuentes tratando de conocer algo de su autor, de la época en que fue escrito, de su veracidad en caso de tratarse de historia y demás hechos que pudiera resultar relevantes y nos hagan disfrutar más en profundidad de la lectura.

sábado, 12 de enero de 2013

Stendhal y su mundo, Consuelo Berges

Completísimo estudio sobre Stendhal, su obra
y su leyenda.
Puntuación 4,5/5
Para poder comprender obras literarias tan densas como Rojo y Negro, La Cartuja de Parma y Crónicas italianas se hace imprescindible conocer más a su autor y a su época. Con ánimo de pulir mi ignorancia busqué bibliografía y advertí que este libro "Stendhal y su mundo" de Consuelo Berges aparecía en todos los listados como una obra repetida y necesaria.
No es de extrañar, pues la escritora es una experta en literatura francesa, traductora para la editorial Alianza Editorial de casi la mayoría de los autores franceses del siglo XIX, y reputada escritora de monografías sobre este autor, Flaubert y otros muchos literatos del romanticismo y el realismo francés.
El libro es una biografía y además un estudio exhaustivo de la producción artística de Stendhal, y tras su lectura, percibes con mayor nitidez la profundidad y complejo contexto humano e histórico del personaje.
Un libro muy recomendable para amantes de la paraliteratura, donde aparecen numerosas anécdotas de la vida y del complicado proceso creativo de Stendhal.
Resumiendo el contenido de manera esquemática, Stendhal, cuyo verdadero nombre era Henry Marie Beyle, nació en Grenoble el 23 de Enero de 1.783, en una familia de la burguesía campesina. La rama paterna de la familia se dedicó al comercio y simbolizaba para el escritor la zafiedad y prosaísmo de la actividad mercantil, en contraste con la familia materna, parte diletante y amante de la cultura, recuerdo para él de todo el añejo honor caballeresco del españolismos. No en vano fue un amante del Quijote.
Pronto quedó huérfano de madre y el conflicto emocional con la familia de su padre y especialmente con su progenitor se radicalizó. Destacó en los estudios de la matemática, ganando un primer premio en esta disciplina. Viajó a París para especializarse en esta materia pero desde un comienzo dispersa su talento en la diletancia, en la abstracción intelectual, en la construcción de quiméricas obras y estudios ensayísticos a realizar, que no cuajaron en obras reales.
Por medio de un familiar, ingresa en el ejército napoleónico, alcanzando el grado de subteniente de dragones. Las campañas militares, en las que desempeñó sobre todo labores burocráticas y de intendencia, le hicieron recorrer buena parte de Europa, incluso llegó a portar correos a manos de Napoleón hasta el mismo Moscú.
Pero sobre todo conoce Italia, especialmente Milán y su entorno, Nápoles, Roma cuyas costumbres de vida más relajadas y disolutas de los meridionales, encajaban con su filosofía vital y pretensiones. Vivió durante mucho tiempo en Italia, en períodos discontinuos, como residente, viajero y hasta como viceconsul en Civitavecchia. El epitafio de su tumba en Montmartre reza este epigrama a petición del mismo escritor: "Arrigo, milanese. Scrisse, amò visse Ann. LIX M. II, Mori il XXIII marzo MDCCCXLII"
<Herri Beyle milanés. Escribió, amó, vivió 59 años. Murió el 23 de Marzo de 1842>>.
 De estas prologadas y ociosas estancias en este país, surgieron escarceos amorosos, alguno de ellos extravagantes, como el vivido con Matilde Viscontini, donde los celos y la infidelidad inflamaron sus expectativas amatorias y, además, una íntima relación con los escritores italianos liberales, los llamados carbonari.
Disfrutó del rico ambiente cultural del país  y sobre todo, el teatral y musical, principalmente la opera. El contacto con Italia le nutrió de experiencias para elaborar muchas de sus mejores obras de producción como novelista y ensayista, plasmado en libros de ficción y divulgación como, "Historia de la pintura en Italia", "Roma, Napolés y Florencia", "Vida de Rosini", "Sobre el Amor", "Paseos por Roma", "Crónicas italianas " y "La Cartuja de Parma".
Tras abandonar el ejercito y disentir de los postulados imperialistas de Napoleón, intentó dedicarse a la escritura de obras teatrales la mayoría de las cuales nacían y morían en su mente, en múltiples proyectos irrealizados.
Stendhal, escribió varios diarios y autobiografías, inconclusos pero de significativa entidad, en donde esbozo su vida, inflamándola y distorsionando la realidad de su imagen, con reflejo de episodios imaginarios y novelescos, que añaden más oscuridad a su compleja y díscola personalidad. Estas manipulaciones han empañado el seguimiento cronológico del escritor que hilvanó una telaraña de mentiras y verdades históricas que Consuelo Berges documenta y resuelve con pasmosa objetividad y mérito.
El escritor nunca pudo superar los complejos de su autoimagen, propenso a una excesiva obesidad y una fealdad de rostro perceptible y expresada por numerosos contemporáneos. El mismo definió la tosquedad de su fisonomía como la de un "tosco carnicero italiano".  Este condicionante anatómico degeneró en una personalidad irascible y cáustica, contorvertida, con predisposición al sarcasmo y la sátira. En los salones literarios parisinos fueron celebres su afilada lengua y su retórica hiriente, convirtiéndole en un personaje denostado y aborrecido.
 Pocos amigos se le conocieron, entre los que cabe citar a Prosper Merimée y menos lectores contemporáneos. Ha pasado a la historia el jocoso comentario del editor de su libro "Sobre el amor", quien le escribió que "..diríase que su libro es sagrado, porque nadie lo toca".
Falleció en decadente estado de salud tras sufrir una apoplejía, solitario y acompañado de dos perros que adquirió, según sus propias palabras "porque necesitaba amar a alguien."
Un libro imprescindible para los amantes de la obra y contexto de Stendhal.
Como único reproche, para mí virtud, señalar que para los no muy versados sobre el autor pueden resultar tediosas y reiterativas, el contenido reproducido de las numerosas cartas escritas por el autor, con amigos y familiares. Esta proliferación epistolar exije ciertos conocimientos de sus obras ensayísticas del autor.

viernes, 11 de enero de 2013

Las vidas de Joseph Conrad, John Stape




Una muy  buena biografía
de
Joseph Conrad
Puntuación 4/5
Lord Jim, El espejo del mar, La línea de sombra, el agente secreto, el corazón de las tinieblas, son alguno de los títulos en la mente de cualquier lector cuando escucha el nombre de Joseph Conrad. Hace unos meses tras leer a este autor me sobrevino interés por conocer la biografía del hombre capaz de transmitir a la ficción apuestas narrativas tan impactantes sobre el mar. Tras consultar bibliografía, todos los listados citaban a las "Las Vidas de Joseph Conrad"de Jonh Stape, como libro adecuado para introducirme en la trayectoria humana y literaria de Conrad. 
La biografía está escrita con una pormenorizada identificación de fechas, lugares, personajes, viajes, y lo más importante, interpretaciones veraces y documentadas de los hechos. Densa pero interesante y con la garantía de estar escrita por uno de los mas acreditados especialistas en la obra y vida de Conrad.
Me ha sorprendido la variedad de versiones y opiniones existentes sobre algunos aspectos de la trayectoria del escritor, causada en parte, por la premeditada y tergiversada autobiografía escrita por el propio Conrad, a instancia de sus editores, en su intento de construir una ficticia leyenda sobre su persona, no ajustable a su verdadera existencia, mucho más prosaica y anodina de lo vertido por el escritor en ese encargo.
Esto ha provocado, con posterioridad, la escritura de una andanada de biografías de dudosa credibilidad que en esta obra intentan de clarificarse, con rigor de documentación de muy variado calibre. Stape, sobre los particulares más conflictivos y dudosos, como son su intervención como contrabandista de armas en la guerra carlista española o su dudoso abolengo nobiliario, dada la diversidad de fuentes y versiones, analiza las distintas opiniones y emite su personal juicio sobre los hechos, con la prudente advertencia de las posibles revisiones de posteriores documentos que lo avalen.
La conclusión tras la lectura es diáfana.
Conrad era un personaje complejo, árido, introvertido, de extrema educación e innegable mérito y talento. Huérfano a temprana edad, obligado a trasladarse de su Polonia natal en búsqueda de una lucrativa manera de ganarse la vida, y con el auxilio económico de sus parientes más allegados, su abuela y tío paternos. Tras una errática estancia en Marsella, enfocó su futuro profesional en el mar.
Por desgracia para él, los cambios tecnológicos en la navegación de la época, transformaron la marina mercante, azotando a los trabajadores de este sector con una severa crisis, obligándoles a buscar nuevos y distintos medios de vida menos precarios. Pero esta breve e intensa etapa como oficial de marina mercante, marcó para siempre su posterior devenir literario, pues:
- Le impuso la obligación del aprendizaje del inglés, idioma en el que escribió todas sus obras. Segunda lengua para él y herramienta de subsistencia, motivo de crítica en alguno de sus detractores.
 –Recorrió y conoció buena parte de los más exóticos destinos del Planeta. Bombay, Madrás, Singapur, Adelaida, Melbourne, Hong Kong, Puerto Cabello, Saint- Pierre, Africa occidental y meridional, por citar alguno de ellos.
 – Los personajes de sus novelas y relatos, se cimentaron con sus experiencias marineras y en los tipos humanos con los que compartió navegación y contacto comercial.
El libro no resuelve, la gran incógnita, sobre la decisión de orientar su futuro profesional como escritor, pues hasta la aparición de su primer relato, no había demostrado inclinación, ni frecuentó ambientes literarios que fecundarán el oficio de escritor como medio de subsistencia. Sólo se documenta la voraz y reiterada lectura de Flaubert y Maupasant, autores venerados de por vida por Conrad.
 La biografía aborda su frágil salud, con tendencia a episodios depresivos, auténticos condicionantes de su labor creativa y una limitación que marcó toda su existencia. También refleja la pésima administración de los rendimientos editoriales y de su economía en general, necesitado siempre de efectivo, dada su predisposición al gasto excesivo y el disfrute de un status muy elevado. En su descargo, precisar el enorme gasto sanitario por intervenciones médicas y estancias en balnearios europeos por la precaria salud del escritor y del resto de familiares, principalmente su esposa, que padeció numerosas operaciones en sus piernas y largas y costosas convalecencias.-
Los ingresos durante su trayectoria literaria, hasta casi los últimos años de producción, estuvo subvencionada con generosas becas concedidas por instituciones británicas –becas del Real Fondo Literario y Royal Bounty-, sin las cuales no habría conseguido el mantenimiento familiar. Un hombre, a juicio de sus contemporáneos de una cortesía y educación extrema, anacrónica, de una timidez mal disimulada.
Además analiza con detalle la relación del autor con el entorno literario inglés, europeo y norteamericano, y las discrepancias con alguno de sus miembros.
Si alguien desea conocer de verdad a Conrad y su mundo, debe de pasar el peaje de leer este libro, una auténtica demostración de investigación cronológica exhaustiva, seria y concienzuda de la vida y de la obra del autor. Como único reproche, no imputable al autor, opino que es necesario haber leido antes algunas de las obras del biografiado, pues las referencias a textos de sus libros y de su labor periodística, son constantes, y ésta carencia puede resultar molesta para los no muy versados en su obra.-
 
 

jueves, 10 de enero de 2013

El viejo León, Mauricio Wiesenthal

Esta pasadas navidades me propuse un gran reto y decidí empezar la lectura de Guerra y Paz. La edición que había elegido me resultó un poco engorrosa de leer ya que conservaba todos los diálogos que en el original están en francés y aunque lo entiendo me obligaba continuamente a buscar algunas palabras en las notas al pie. Cuando llevaba no más de 50 páginas, intenté ver si otras ediciones también estaban así o habían traducido (aunque fuera en cursiva) todo el texto, lo que me hizo leer la nota del editor que me gustó mucho y me incitó a saber algo más de Tolstoi antes de adentrarme en esta inmensa obra. Recordé que no hacía mucho le había regalado a mi marido una ‘biografía’ de Tolstoi, así que ni corta ni perezosa me puse con ella y me ha absorbido de tal modo que en menos de una semana y buscando huecos en el tiempo que no tengo, la he devorado. La ‘biografía’, titulada ‘El Viejo León’ está escrita por Mauricio Wiesenthal que, curiosamente teniendo ese nombre, es español. No se trata de una biografía al uso ya que no es una secuencia de fechas y hechos sino una historia muy bien narrada con referencias a hechos históricos y mucha vida personal. Es cierto que al final te quedas con la sensación de lagunas temporales porque la narración no es lineal en el tiempo y además se centra mucho en aspectos sicológicos y emocionales. Quizá el subtítulo de la obra ‘Tolstoi, un retrato literario’ ya hace referencia a esta singularidad de la obra. Aunque la historia finaliza a los dos tercios del libro, le sigue un apartado dedicado a fotografías que llevan unas anotaciones tan extensas y con tanto contenido que no hay que perdérselas porque aportan tanta información o más que las página anteriores. Por ponerle una pega, el autor en algunos momentos emite algunas opiniones personales que a mi juicio sobran puesto que juzgan al personaje o lo ensalzan a su criterio y la obra pierde algo de objetividad, aunque se nota que lo que le condiciona es la gran admiración que siente por ‘el viejo León’. Y ahora sí, creo que ¡ya puedo empezar a leerme Guerra y Paz!

lunes, 7 de enero de 2013

Cada siete olas (EMMI y LEO 02), Daniel Glattauer

Hace años vi una película que era la “opera prima” de un autor, cuyo nombre me reservo, que me encantó. Con el tiempo apareció una segunda película de este mismo autor que me pareció horrorosa. Pero no solo me pareció horrorosa la segunda sino que mató la buena opinión que tenía de la primera. Quizá sea defecto de personalidad por mi parte pero esto mismo o parecido es lo que me ha ocurrido con este libro, segunda parte del ya comentado hace unos días en este blog “Contra el viento del norte”.

Leo ha vuelto de su periplo norteamericano y él y Emmi reanudan su intercambio de e-mails con periodicidad. Los contenidos son más profundos por el conocimiento que tienen uno del otro y si no recuerdo mal llegan a encontrarse físicamente hasta en seis ocasiones, de las más diversas maneras.

Siento que este comentario sea tan corto. No me da más de si la cosa. Quizá se pueda leer esta segunda parte sin haber leído la primera y sacarla Más jugo que lo poco que le he encontrado yo. Por momentos me ha resultado pesado y la repetición palabra por palabra del correo del marido de Emmi que me pareció soberbio en el libro anterior, aquí me ha resultado patético. Me ha costado llegar al final y en varias ocasiones he estado muy tentado de abandonar su lectura. Las comparaciones son odiosas, pero sigo recomendando la lectura del primero y nada de nada la de este.

Espero que algún lector se anime con comentarios más positivos y de más alcance, pero a mí no me da para más. Toda la pinta de una segunda parte a la que se ha visto forzado el autor por presión de su editorial para aprovechar el tirón. No es el primer caso.

viernes, 4 de enero de 2013

Contra el viento del norte (EMMI y LEO 01) Daniel Glattauer

Ya no es muy frecuente ver en el transporte público, en el metro, lectores de libros convencionales en papel, pero esta tarde en la vuelta a casa he visto a una señorita con uno, y además sin forrar, lo que me ha permitido curiosear el título: “Cada siete olas”. Una vez en casa, una consulta a donde se consulta todo hoy en día me ha permitido saber de un autor desconocido para mí y también que era la continuación del libro objeto de este comentario. Unas cuantas críticas positivas y el tamaño me han animado a interrumpir mi lectura actual y poner ojos a la lectura e iniciar este. Solo decir que me lo he merendado de una sentada en el sentido literal de la palabra, por el horario, en dos horas y veintitrés minutos, casi sin respirar. Publicado en 2006 y premiado con el German Book Prize, ha sido traducido a una cuarentena de idiomas. No se sabe muy bien el sentido del título pero parece que es un guiño del autor al más fuerte y frío de los vientos que es capaz de inquietarnos hasta obnubilarnos la razón y dominarnos por completo, incluso en nuestras pasiones a pesar de la frialdad.

Leo Leike es un profesor universitario de psicología del lenguaje que vive solo y Emmi Rothner es una mujer “felizmente casada” –con comillas- con Bernard, mucho mayor que ella y con dos hijos “aportados por su marido lo que le evitó los embarazos”. Por error, Leo recibe varios correos electrónicos de Emmi queriendo cancelar una suscripción a una revista local que curiosamente tiene como título de portada el mismo apellido de Leo con una letra bailada, lo que propicia el error, que es advertido por el propio Leo a vuelta de correo. Pasan los meses y Leo vuelve a recibir un correo de Emmi felicitándole la Navidad, lo que propicia un nuevo encuentro electrónico que se mantendrá en el tiempo, de manera intensa por momentos y con períodos de inactividad en los que ambos se dan cuenta que no pueden vivir sin los mensajes electrónicos del otro. Mensajes de todo tipo, con la osadía que da el anonimato y la distancia. Pero pasa el tiempo y surge una necesidad imperiosa de conocerse, de tocarse, de olerse: “¿Es posible enamorarse de alguien a quién no se ha visto, no se ha tocado, no se ha oído, no se ha olido”? Una cita a ciegas sin contacto en una multitudinaria cafetería durante dos horas permiten un juego de “te-he-visto/no-te-he-visto” a partir de los pocos o ningún dato que tienen del físico uno de otro. Llegan a dejarse un mensaje en el contestador uno al otro para oírse la voz y especular más y más sobre lo divino y lo humano. Emmi fuerza el encuentro de una amiga suya con Leo y luego se arrepiente de ello por el buen camino que toman las relaciones y que ambos ocultan a Emmi que se desvive por conocer los pormenores. Un buen día Leo recibe un correo del marido de Emmi. En él le pide, le autoriza y le implora que conozca personalmente a Emmi. No tiene desperdicio este correo donde de alguna manera el marido de Emmi admite que no puede competir con un fantasma y quiere luchar por su esposa en igualdad de condiciones, no con un “ente electrónico” que está sacando de quicio a su mujer, ya no sabe si tan “felizmente casada” con él. Todo lo que se ha dicho en la distancia, electrónicamente guardado y por tanto relegible… ¿Cómo se utiliza en un encuentro real? Leo y Emmi, a fuerza de confesarse sus miedos y sus anhelos, se nos antojan reales y se nos hacen entrañables. Un final remata la faena de forma ingeniosa dejando abierta la segunda parte al mismo tiempo que abre las ganas de una segunda lectura más detenida de este.

Antes de plasmar mi opinión personal, algunas frases entresacadas:

Querido Leo: Hay un problema: si me reconoces, sabrás como soy; y si te reconozco, sabré como eres. Tu no quieres saber como soy y yo temo que no me gustes ¿Será el final de nuestra fascinante historia?

¿Qué como continuamos? Hay exactamente tres posibilidades. Seguir como hasta ahora, dejarlo, quedar.

“¿Es posible hacer que ocho años de vida familiar se conviertan en un misterio excitante?”

“No creo que sea una buena idea. La tengo pequeña y atrofiada. En un primer encuentro posiblemente no funcione, o lo que es peor, funcione demasiado deprisa, lo que nos dejaría insatisfechos a ambos”.

“Y bien: “¿adonde le dirás a tu marido que vas esta noche?”.”¿Es que no puedes dejarlo de una vez, Leo?” Le diré:” Voy a encontrarme con un amigo”. El preguntará.” ¿Le conozco?”. Yo le responderé:” Creo que no, no te he contado casi nada de él”. Y añadiré: “Tenemos mucho de que hablar, es posible que se haga tarde”. El dirá: “Que te diviertas”.


Supongo que el habérmela leído de una sentada sería incompatible con manifestar que no me ha gustado. Un relato fresco, gracioso, muy de actualidad en sus planteamientos y verosímil, muy verosímil, pues no pocas relaciones de este tipo se mantienen hoy en la red, permitiendo a dos personas anónimas compartir sentimientos y sirviendo como válvulas de escape a su vida real, en relaciones clandestinas que se mantienen en el tiempo por medios electrónicos. ¿Recuerdan la película “Tienes un e-mail”? Los lazos electrónicos son fuertes aunque no existan, pudiéndose apretar mucho o desaparecer cuando se produce el contacto físico que es de un tipo especial si se trata de un hombre y una mujer precisamente por que puede surgir el componente erótico. La insatisfacción de ambos, especialmente de ella, les fuerza y les obliga al mismo tiempo a mantener esta relación clandestina especial que les aporta una pizca de vitalidad y misterio a sus anodinas vidas convencionales. Al final no se van a dormir o se levantan por la mañana sin el correo del otro. Leer entre líneas, interpretar lo que se quiere decir, da mucha vidilla al lector.

¿Cuántos lectores y lectoras se pueden ver identificados hoy en día con esta narración? Presumo que muchos. Estamos en la era de la hiper-comunicación pero también de la soledad. Un mensaje escrito puede tocar la fibra del que lo lee y desatar su imaginación, impeler a confesar intimidades protegido por la distancia y el anonimato. Las nuevas formas de comunicación permiten unas relaciones imposibles hace unos años y que pueden mantenerse largamente en el tiempo y en la distancia, aunque invariablemente surgirá la necesidad del contacto físico, de poner cara a la otra parte.

No es un libro que pudiéramos tildar de cursi o superficial sino de loco, astuto, ágil, intrigante, irónico, agudo, nada superficial, amigable, profundo en su sencillez, vital, por momentos seductor y sobre todo muy actual. La incertidumbre mantiene la tensión del lector. Los protagonistas protegen su intimidad al principio pero poco a poco van desnudándose con pequeños datos y comentarios que surgen con toda naturalidad. Hay mucho ingenio en el manejo del lenguaje y de los tiempos de distancia entre uno y otro correo que figuran al principio de cada uno, ya que la obra es en toda su extensión una sucesión de correos y contestaciones. Una versión actualizada de los clásicos románticos del siglo XIX: ¿recuerdan el nombre de pila de Madame Bovary?

Y ahora tras esta reseña, que me está llevando relativamente más tiempo que leer el libro, una auto-pregunta para responderme inmediatamente: ¿retomaré el libro que había interrumpido o me lanzaré como un poseso a devorar la continuación? Un adelanto del porqué del título de la segunda parte tomado de Internet a toda prisa:

“Dicen que siempre hay siete olas. Siete. Las seis primeras son calmas, comunes, tranquilas... pero jamás sabes lo que puedes esperar de la séptima. Arrolladora, peligrosa, capaz de volver tu mundo del revés. Te pasas la vida entera esperando esa ola, deseoso de que derribe tu puerta, con miedo a no verla y que la dejes pasar...”

martes, 1 de enero de 2013

El corazón de las tinieblas, Joseph Conrad

El libro escogido para el club de lectura de A leer que son 2 días fue editado como tal en 1902, tras haber visto la luz como entregas publicadas en la revista Blackwood. Era una época en la que los colonialismos fomentados por las grandes potencias europeas extendían sus brazos por diversos continentes, y con el pretexto de salvar y humanizar a sus moradores aprovechaban para sacar todo el partido económico posible cometiendo toda clase de desmanes y brutalidades con los nativos. Este cuento extenso o novela corta es la propia experiencia autobiográfica del autor en un viaje que realizó al Congo. Aunque ha sido catalogado como uno de los mejores libros del siglo XX, categoría excesiva a mi modesto entender, no es uno de los mejores libros de este autor, pero adquirió una enorme notoriedad al ver la luz la película Apocalypse Now, de Francis Ford Coppola, que si bien versaba sobre la guerra del Vietnam seguía de forma muy precisa las pautas de esta novela. De ascendencia polaca, Conrad fue marino mercante en Francia e Inglaterra, y acabó nacionalizándose inglés, dedicándose los últimos años de su vida plenamente a escribir hasta ser considerado como uno de los grandes escritores del siglo XX en habla inglesa. La mejor y más escueta introducción al libro nos la brinda el propio autor tras su viaje al Congo al manifestar tras su viaje: "Antes del Congo yo era un solo un simple animal".

El viejo marinero Marlow decide hacer realidad un sueño de su infancia: navegar por un río en medio de la selva. Después de ciertos contratiempos y gracias a algunas recomendaciones familiares, es nombrado capitán de un pequeño barco que debe recorrer el corazón de la jungla, remontando un río hasta alcanzar una estación de explotación de marfil. Allí debe recoger al agente encargado de la misma, Kurtz, un personaje misterioso e intrigante, y traerle de vuelta a la estación central de la compañía. Desde que Kurtz aparece mencionado por primera vez hasta el encuentro definitivo, el relato se vuelve angustioso y obsesivo. En el camino, Marlow será testigo de la situación extrema en que viven los colonos europeos, su brutalidad hacia los nativos africanos, y deberá superar todo tipo de obstáculos, averías, retrasos, enfermedades, ataques de indígenas, hasta alcanzar su destino. Cuando finalmente se encuentra con Kurtz, cuya imagen ha ido agrandándose y mitificándose durante el proceso, descubre que se trata de un personaje misterioso, al que los nativos idolatran como si fuera un dios, pero que parece haber caído en una locura bestial, consecuencia de su estancia en la selva y su insaciable deseo de poder y riqueza. "Con ese hombre no se habla, se le escucha", señala algún incondicional del agente. Marlow no renuncia a su condición de hombre civilizado que contrasta con la locura de Kurtz. Marlow y sus compañeros de viaje logran cargar a Kurtz, ya gravemente enfermo, en el pequeño barco de vapor que debe sacarlo de la selva, pero éste muere en el trayecto, legando a Marlow sus últimas y enigmáticas palabras: «¡El horror! ¡El horror!».

La narración nos muestra los efectos que experimentaban los europeos al desenvolverse en un ambiente muy distinto al suyo, ejercitando una supuesta supremacía moral sobre los nativos. En realidad, este viaje a los infiernos que sirve de crítica al imperialismo occidental es una exploración en profundidad al alma humana y al corazón, permitiendo revivir una serie de experiencias tras las cuales los hombres ya no eran iguales. En una atmósfera opresiva y asfixiante, nos habla de la soledad, el aislamiento, el miedo, la lucha del hombre contra la naturaleza y, sobre todo ello, el choque entre las normas sociales del hombre civilizado y una sociedad libre y natural. La inestabilidad propia del ser humano es troquelada de forma precisa y utilizada por el autor para reflexionar y criticar los modos de vida de las sociedades llamadas avanzadas y las tropelías que cometían.

Un libro denso a pesar de no ser extenso y que con una prosa algo confusa puede llegar a tornarse pesado en muchos momentos si no se está centrado en su lectura para soportar una tensión que se mantiene de principio a fin con un carácter marcadamente simbólico que cada cual interpretará a su manera.

Así comienza el relato,

El Nellie, un bergantín de considerable tonelaje, se inclinó hacia el ancla sin que una sola vibración agitara sus velas, permaneciendo inmóvil. El flujo de la marea se había detenido, casi no soplaba viento y, como había que proseguir río arriba, lo único posible era detenerse y esperar a su cambio. El estuario del Támesis se prolongaba frente a nosotros como el comienzo de un interminable camino de agua. A lo lejos el cielo y el mar se unían sin ninguna interferencia, y en el espacio luminoso las velas curtidas de los navíos que subían con la marea parecían racimos encendidos de lonas agudamente triangulares, en los que resplandecían las botavaras barnizadas. La bruma que se extendía por las orillas del río se deslizaba hacia el mar y allí se desvanecía suavemente. La oscuridad se cernía sobre Gravesend, y más lejos aún, parecía condensarse en una lúgubre capa que envolvía la ciudad más grande y poderosa del universo.