
En tales circunstancias su médico, Andrew Marlow, decide investigar las causas que le han podido llevar a semejante estado, hablando con la gente que ha convivido con el enfermo en los últimos años. Sin duda para mi lo mejor de la novela es el afán detectivesco del psiquiatra, ya que para conseguir curar a su enfermo necesita conocer las causas que le han llevado a intentar destrozar el cuadro del museo, y no dirigir la palabra a nadie, solo a pintar una y otra vez a 'su modelo'.
Y aquí empieza un periplo de visitas a museos y gentes relacionadas de alguna manera con el enfermo hasta desentrañar la causa que une al enfermo con una pintora del siglo XIX, la mujer que él pinta sin descanso.
Tiene la bondad la novela de ir mezclando capítulos de los hechos actuales y los ocurridos en el siglo XIX, para ponernos al tanto de todo lo ocurrido, son capítulos cortos y que se leen con gran avidez, en busca de la conexión.
En resumen una novela agradable, y aunque he leído varias críticas y dicen que supera a La Historiadora, para mi es claramente inferior, aunque agradable.
Recuerdo la salida a las librerías de La Historiadora hace unos años. Hubo mucha propaganda y fué uno de los libros que compré previa lista de espera al día de su publicación. Quizá tantas expectativas hicieron que me defraudara un poco. Siendo un buen libro, me refiero a La Historiadora, su falta de verosimilitud y su fantasía empañó mi opinión sobre él, aunque reconozco que hizo aflorar en mi recuerdos sobre todo de Constantinopla. Leeremos esta nueva entrega siguiendo los acertados comentarios de Miguel Angel.
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