
“Todos competían (obispos y prelados) para levantar la catedral más larga, más ancha, más alta y más hermosa de la cristiandad, en una desbocada carrera hacia el gigantismo y la majestuosidad en la que, ante la abundancia de rentas de la época, el único límite los establecían las técnicas, la capacidad y resistencia de los materiales y las fuerzas de la naturaleza, como por ejemplo la de la gravedad, cuya existencia se desconocía entonces”.
Este autor ya ha escrito con anterioridad sobre este asunto aunque con otro enfoque en su novela “El número de Dios”, una obra al estilo de la archiconocida “Los Pilares de la Tierra” pero centrada en catedrales castellanas. Una cuestión que se comenta en uno de los apartados del libro donde se relacionan diferentes libros y autores recomendables sobre este tema con una breve descripción de su contenido
“La escuadra y el cartabón representaban la armonía, la igualdad, la línea recta y la proporción perfecta; el compás, la seguridad, la figura ideal y la relación con lo eterno; y la plomada, la jerarquía, el equilibrio, la ecuanimidad y la justicia.”
El autor ha empleado diez años es un labor de documentación que no solo se centra en descripciones técnicas sino en todo lo que rodea a estos colosos que han llegado hasta nuestros días: la sociedad medieval, los orígenes, como se construye y los problemas que encontraron, los símbolos, los mitos y leyendas que rodearon algunas de las más famosas, la literatura que habla de ellas y el arte condensado en sus muros e interiores y su agonía para dar paso a nuevos estilos. No es un ensayo para buscar en él simple entretenimiento y puede resultar denso por momentos en su proliferación de nombres, fechas, localizaciones y demás detalles, de los que existe un resumen para estudiosos al final del libro así como una extensa y detallada bibliografía.
De forma tangencial, me ha llamado la atención un párrafo que explica lo que no hacemos hoy en nuestro mundo laboral y por ello así nos vá: “…dichos talleres intercambiaron técnicas y conocimientos y se organizaron de una manera formidable, de modo que todo aquello que en cada nueva obra los maestros aprendían mediante la experimentación, lo enseñaban a los operarios más jóvenes de sus talleres, generando así una importante cadena de transmisión del conocimiento.”
Convencido estoy de que lo disfrutaré como hice con Los Pilares de la Tierra, aunque Follet invirtió 12 años. Pero con la excepción que comenta Angel Luis de El Códice del peregrino, este autor me merece todos los respetos y el recuerdo imborrable de El Salón Dorado. Maravilloso libro.
ResponderEliminarHace dos días terminé este libro, que pese al precio, compré en físico pues tenía muy buenas referencias suyas.
ResponderEliminarY me alegro que lo hayas reseñado tu, pues a mi me habría costado mucho escribir una entrada tan medida y precisa como la tuya. He disfrutado con el libro, entre otras razones:
-por mi empatía hacia el tema.
-por la compleja labor de elipsis en un especialista.
-por el alto contenido divulgativo.
-por la prosa fluida y técnica, tras la que se oculta un escritor muy grande.
felicidades por tu comentario al que me suscribo integramente.
Como sugerencia de un enorme libro sobre el gótico: "Catedrales" deMiguel Sobrino.
Si te interesa puedo hacerme con una copia en fìsico. Un abrazo.
Te recomiendo la lectura de "Tiempo de Catedrales", del medievalista francés Georges Duby. Es una obra un poco antigua, de 1976, y no sé si la encontrarás, pero es realmente fascinante.
ResponderEliminargracias por tu sugerencia Juan José.
ResponderEliminarMe apasionan las catedrales.
ResponderEliminarEl mejor libro sobre este tema para mi es el escrito por Miguel Sobrino.