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miércoles, 18 de septiembre de 2019

Stoner, de John Williams

John Edward Williams nació en Clarksville, Texas, en 1922. Comenzó trabajando en periódicos y en la radio hasta que en 1942 se alistó en el ejército con destinos en la India y Birmania por algo más de dos años. Ya mayor, en 1950, obtuvo un título universitario y un master y ejerció como profesor en la universidades de Misouri y Denver. Cultivó el género de la novela y la poesía, alcanzando cierta notoriedad por esta novela «Stoner (1965)» y por «El hijo del César (Augustus) (1973)». Murió en Arkansas en 1994.

William Stoner es hijo único de unos granjeros estadounidenses que parece va seguir la vida de sus progenitores en una dura y continua pelea con la tierra. Con gran esfuerzo, su padre le envía a estudiar agricultura a la universidad de Missouri con la esperanza de que vuelva con conocimientos para mejorar sus cultivos. Pero su etapa universitaria significa un giro de 180 grados a su futuro, donde, gracias a un viejo profesor, encuentra en la literatura la razón de su vida y acabará dando clases como profesor universitario siendo admirado por alumnos y profesores. Su integridad y sus valores le procurarán numerosas vicisitudes laborales, personales y familiares que irá lidiando a base de aplicar una clara postura estoica de aceptación y lucha activa.
Y aquélla fue una de las leyendas que empezó a asociarse con su nombre, leyendas que crecieron en detalles y elaboración año tras año, progresando como un mito del hecho personal a la verdad ritual. A sus cuarenta y muchos parecía mucho más viejo. Su cabello, denso y rebelde como lo había sido en su juventud, era casi uniformemente blanco.
Esta novela lleva publicada más de cincuenta años y me atrevo a calificarla como una de las obras maestras más ignoradas. Avanzando en su lectura, de una prosa sencilla pero cautivadora que pone al lector en la escena como si la estuviera viviendo, me venían a la mente retazos de otro grande de la literatura también casi olvidado como es Manuel Chaves Nogales, del que hemos reseñado algunos libros en este blog que pueden localizarse utilizando el buscador. William Stoner es un personaje, sólido, redondo, sencillo, que nos muestra a lo largo de su vida como sostener una integridad personal y cultivar unos valores que, no importan las épocas, son necesarios cada vez más en la vida de las personas y sus relaciones con los demás. «Es una manera de hablar, de contar, que han merecido el elogio unánime de la crítica». Una lectura concisa y precisa de 246 páginas que recomiendo vivamente y que me alegro de haber descubierto gracias a la indicación de mi amigo Luis al que agradezco su recomendación.
Le alojaron en una planta superior que alguna vez había sido un almacén; sus únicos muebles eran un somier de hierro negro de bastidores caídos que sujetaban un delgado colchón de plumas, una mesa rota que sostenía una lámpara de queroseno, una sencilla silla coja y una caja grande que utilizaba como escritorio.

…observó que las manos con las que sostenía el libro empezaron a temblar casi por separado. Temblaron durante unos instantes antes de poder controlarlas metiéndoselas en los bolsillos, cerrando los puños, y dejándolas allí.

Intentaba leer al azar, por propio placer e indulgencia, muchas de las cosas que había estado años esperando poder leer. Pero la mente no le dejaba ir donde él quería, desviaba la atención de las páginas que tenía delante y cada vez más a menudo, se encontraba a sí mismo mirando inexpresivamente al frente, a la nada.

Y como cualquier viajero, sentía que había muchas cosas que tenía que hacer antes de irse, si bien no recordaba cuáles.

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