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domingo, 25 de agosto de 2013

La verdad sobre el caso Harry Quebert, Joël Dicker

Me estaba resistiendo a que Nola Kellergan me mantuviera en vilo durante unos cuantos días que invirtiera en leer este libro, que esté en boca de todos desde no hace mucho. Me dio por asomarme a sus páginas iniciales y ya no he podido parar hasta finalizarlo. El autor, Joël Dicker, es un suizo de 28 años que hacía más o menos lo mismo que otros escritores hasta que alcanzan su consagración: trabajar en otra cosa para ganarse el sustento, en este caso en el parlamento de Ginebra. De padre profesor y madre librera, libros por todos lados desde su nacimiento, defiende con uñas y dientes el libro en papel y con ello en Francia no se ha editado en digital a pesar del millón de ejemplares vendidos. Ha sido galardonado con el premio Goncourt des Lycéens, el premio por antonomasia de novela de la Academia Francesa y el premio Lire a la mejor novela en lengua francesa. Su traducción a treinta y tres idiomas por el momento y en un muy corto espacio de tiempo le convierte en el nuevo fenómeno literario mundial.

Un libro dentro de un libro que a su vez está dentro de otro libro. Varias fechas, 1975, 1998 y 2008, y varios protagonistas entre los que destaca la rubia jovencita de 15 años, Nola Kellergan, hija de un pastor que se enamora locamente de un escritor solterón de 34 años, Harry Quebert, que a su vez es profesor de Marcus Goldman, otro escritor que ha alcanzado la fama y los dineros por un libro que se ha puesto de moda. Intentando escribir su segundo libro, presionado por su editor, sufre un bloqueo permanente, un síndrome de la “página en blanco” siendo incapaz de encadenar dos frases, por lo que se pone en contacto con su antiguo profesor para que le eche una mano. Nola había desaparecido en 1975 y su cadáver es encontrado treinta tres años después en la propiedad de Harry, que es acusado de asesinato y llevado a la cárcel. Marcus acude a la localidad e investiga para ayudar a su profesor y esto se convierte en la base de su nuevo libro, que es bien visto por el editor, que filtra a la prensa noticias que complican la vida del propio Marcus y sus pesquisas, que sacan a la luz episodios desconocidos que involucran a conocidos personajes de la tranquila y supuesta ciudad de Aurora, donde se desarrolla la acción, y que cambian de un día para otro la óptica de los acontecimientos. El camino hasta llegar a la verdad es largo y tortuoso y solo se conocerá cuando hayamos devorado los ciento ochenta mil vocablos con los que cuenta esta excelente novela, o seiscientas setenta y dos páginas en papel. En el final de la novela, con continuos cambios de fechas adelante y atrás, nada es lo que parece y el papel de asesino treinta y tres años atrás cambia de personaje a una velocidad de vértigo.

No creo que esta novela pase a los anales de la literatura universal, como otras parecidas en fama y propaganda de los últimos tiempos. Pero tengo que reconocerla un valor fundamental: su capacidad de captar al lector, de engancharle. Como mencionaba, pensaba leer solo un poco del principio para ver de qué iba la cosa y con la intención firme y premeditada de abandonar en un pis pas y dejarlo para más adelante. Pero no he podido resistirme a continuar, entre sorprendido y cautivado por la trama y su desarrollo. Como novela de entretenimiento está muy bien, porque se lee con mucha facilidad, en un lenguaje claro y comprensible, que permite llevar bien controlados los sucesos y los personajes a pesar de sus continuos cambios en el tiempo. Quizá haya demasiadas repeticiones de sucesos contados una y otra vez --- la música del reverendo Kellergan, padre de Nola, debía de estar alta y bien alta mientras reparaba en su garaje una Harley Davidson ---. Sin embargo no aburre a pesar de su tamaño y su trepidante final, donde nada es lo que parece, procurará un buen rato de entretenimiento.

A modo de chascarrillo y es que a veces me ocurre, no he conseguido aprenderme y leer bien el nombre de un personaje de la novela: Gahalowood, el sargento de la policía estatal que ayuda a Marcus en sus investigaciones, y eso que aparece 274 veces. Hay nombres que se atragantan. En el final de la novela se la describe, supongo que por la editorial, como un cruce entre Larsson, Nabokov y Philip Roth, lo que se me antoja un poco pretencioso, si no por Larsson si por los otros dos. Por momentos y por la ambientación, me ha recordado “Las uvas de la ira” de John Steinbeck, pero sin intentar establecer comparaciones, que ya se sabe que son odiosas.

martes, 20 de agosto de 2013

Sangre en la calle del Turco - José Calvo Poyato

Otra recomendación de @SPosteguillo que he devorado con fruición, y amante como soy de la novela histórica, no sé como no llegó antes a mis oídos la existencia de José Calvo Poyato.
Esta novela, como el título claramente indica, está basada en la muerte del General Prim, evento que tanto dio para escribir, y que casi ciento cincuenta años después, sigue siendo objeto de aventuras como la que nos ocupa.
El protagonista de la historia es Fernando Besora, natural de Reus, al igual que Prim. Fernando, segundo hijo de un industrial reusense, decide no seguir por la vía de trabajar en la industria de su padre, ya que prefiere el mundo de la literatura, le encanta escribir, pero para llegar a escritor, como Pérez Galdos, que también aparece en la novela, tiene que empezar en el mundo del periodismo, y se traslada a Madrid donde cree tener mas posibilidades de crecer en la profesión.
Empieza a trabajar de meritorio (que yo traduciría por un becario de la actualidad) en el periódico La Iberia, de ideología progresista, con un salario de subsistencia, que apenas le permite pagarse una habitación con manutención en casa de doña Rosario, que con el alquiler de dos habitaciones conseguía pagar la hipoteca y alimentar a su hija Paloma.
Y así da comienzo una historia vibrante, que todos sabemos como termina, porque sí, a Prim lo matan, pero todos los entresijos de la historia del asesinato del general, mezclados con las vivencias en primera persona del personaje, Fernando, su crecimiento profesional en el periódico, su historia de amor con la hija de la dueña de la casa donde vivía, Paloma, sus relaciones de amistad con Agnés, un antiguo contrabandista catalán también natural de Reus, al que casualmente encuentra en Madrid, y que es el enlace para que Fernando conozca en persona al General, ya que Agnés es amigo del General Prim, con el que además luchó en la batalla de los Castillejos, el hecho por el que Prim consiguió un gran renombre en toda España, sus relaciones con el director del periódico La Iberia, Felipe Clavero, sus relaciones familiares, excelentes con algunos y turbias con otros, y por supuesto, todos los personajes reales, nobles políticos de la época, y actores directos de la confabulación que dio lugar al asesinato de uno de los grandes gobernantes que ha tenido España.
No quiero contar más, me ha parecido una lectura fascinante, y la elucubración del autor para conseguir que el protagonista, Fernandito Besora, nos pudiera contar todo lo sucedido, montándolo en el carruaje donde le asesinaron, me pareció una maravillosa ficción que lejos de enturbiar la realidad le da mas vida y claridad.

Recomiendo fervientemente la lectura de este libro, que destila, además de un profundo conocimiento de la historia, una profusión de relaciones de amistad, amorosas, familiares y de solidaridad, que en algunos momentos del libro, llegan a provocarte humedad en los ojos y en el alma.

Mi puntuación: 4/5

viernes, 16 de agosto de 2013

Sesenta quilos – Ramón Palomar


@SPosteguillo recomendó #sesentaquilos de @Ramon_Palomar en el programa @NEUDC_RNE y siguiendo el consejo de uno de mis escritores favoritos, del que me leído todos sus libros, y varios de ellos están reseñados en este blog, me he puesto con esta novela, ópera prima de este autor, nacido en Francia, que vivió de niño en Tánger y ya en su adolescencia volvió a la tierra natal de sus padres, en Valencia, donde en la actualidad presenta un famoso programa de radio.
Pero pasemos a describir someramente de que va la novela, que aunque para otros puede resultar obvio, yo tuve que empezar a leer para descubrir que los sesenta quilos eran de cocaína ‘de primera calidad’ y por lo tanto estábamos en un entorno de traficantes de droga y de personajes en los que la violencia para ellos es algo nativo y necesario.
Por esa razón a mí que han quedado dos aspectos, el negativo, por las descripciones de acciones violentas y comportamientos agresivos ‘porque sí’, porque es el estilo de unos personajes, que no olvidaré tan pronto como desearía, a pesar de la alianza que me une con ese alemán…. bueno, como se llame. Lo positivo que me queda de la novela es que el autor a pesar de tratar un tema que me repele, me parece que dispone de una prosa sencilla, que supongo que irá mejorando con nuevas obras, como le ocurre a la mayoría de los escritores, y en las que espero se olvide de temas tan ásperos como el de esta novela.
Es habitual en mis reseñas hacer unas mínimas menciones a los personajes, en esta ocasión no lo voy a hacer, porque la mayoría de ellos utilizan la violencia con otros y de algún otro modo también la sufren por parte de otros, y esta es la razón por la que yo no recomendaría la lectura de este libro, porque yo he sufrido con los personajes, a pesar de que se merecieran la violencia que a ellos mismos les cae.
La lectura para mi es gozo, pero ese gozo no llega si los personajes malos cada vez son peores, y cuando no hay ningún personaje ‘bueno’ que les guíe, sino personajes ‘peores’ que los embrutecen más, y cuando la solución a un problema solo viene por pegar unos tiros, es mejor aislarse de esa realidad, que seguro que existe, pero que afortunadamente la tengo muy lejos, y leer otras cosas más positivas.
Y espero con pasión Circo Máximo de Santiago Posteguillo, que fue el ‘causante’ de que me leyera este libro.

lunes, 12 de agosto de 2013

Nadie es más que nadie, Miguel Angel Revilla

@RevillaMiguelA es un hombre afable, campechano, y muy cercano al que hace poco convencieron para plasmar sus recuerdos en este libro. Que mejor que emplear el tiempo de un viaje en tren desde Madrid a Cantabria para leer de un tirón las 61.068 palabras contenidas en sus páginas, escritas por quién fue durante ocho años presidente de la autonomía de esa región del norte de España. Diputado regional desde 1983, Miguel Angel Revilla sigue muy en activo a sus setenta años, no solo en el parlamento cántabro sino en otros muchos aspectos como “tuitero”, escritor, contertulio de programas televisivos, conferenciante o pregonero de numerosos actos fiestas dentro y fuera de su región.

Las cuatro horas largas que dura el viaje son más que suficientes para devorar este conjunto de anécdotas y sucedidos de toda su vida, desde su nacimiento en 1943 en Salceda, una aldea humilde en Polaciones y su paso universitario por Bilbao hasta la actualidad. Contado con una prosa agradable y fácil de leer, el hecho de que en sus historias se vean involucrados diversos personajes de la vida española, como la familia real, presidentes de gobierno, empresarios, aristócratas, banqueros, artistas o personas corrientes y molientes confiere un gracejo y una finura al relato que lo hacen muy ameno. La propia personalidad del autor, del que se diría coloquialmente y con todo cariño que “es más de pueblo que las amapolas y a mucha honra” gana la complicidad del lector y deja su impronta en todos los actos en los que participa aunque puedan ser vistos desde diferentes ópticas e incomprendidos, generalmente por los que no son nada pero se creen algo siguiendo el credo aquel de “dime de que presumes y te diré de lo que careces”. Imaginemos la escena de una fila de coches oscuros de alta gama llenos de presidentes autonómicos y guardaespaldas, en fila y haciendo cola en la entrada del Palacio de la Zarzuela para asistir a una recepción con los Reyes; y en medio de ellos un coche blanco, un taxi cualquiera de Madrid, con el taxista y “Revilluca” a bordo. Una estampa digna de una película de Buñuel. Y la propia Casa Real, sin que él lo solicitara, se encargó de pedir un taxi para su regreso.

Su trayectoria en la vida pública le permite ahora hablar sin pelos en la lengua en diferentes foros donde muestra su opinión sin cortapisas y dice lo que todos pensamos, con mayor eco social por ser quien es y por las personas referidas. Ayer estuve a punto de pasar por Cabezón de la Sal, donde estaba celebrando el Día de Cantabria, en mi regreso a casa para intentar saludarle personalmente y felicitarle por el buen rato que me había hecho pasar en el viaje, haciéndome olvidar las penurias de los traqueteos tartaneros del flamante ALVIA circulando por las vías tercermundistas que unen Palencia con Santander. En el libro refiere el engaño y la falta de escrúpulos de Pepiño y el PSOE al saltarse a la torera su propia firma documental comprometiéndose a llevar el AVE a Cantabria.

Aunque no estemos interesados especialmente en cosas e historias de esta bella región y de sus gentes, sus anécdotas y comentarios son extrapolables a otras personas y regiones de España y muy ilustrativas de la vida de una persona que ha llegado a donde ha llegado a base de lucha y coherencia, lo que nos debería servir de ejemplo. Un extracto de su libro nos dice que “con sesenta años y el trasero pelado de andar en jaulas. Trabajé en la Bolsa, doce años como director de banco, veinte de profesor en la Universidad, ocho de vicepresidente y consejero de Obras Públicas... Alguna vez he pensado qué habría pensado si me cae a mí la responsabilidad de gobernar Cantabria con cuarenta años... Seguro que hubiese sido un desastre. Todo tiene su tiempo”. Fácilmente deducimos de esto que un político tiene que tener una profesión y saber otras cosas antes de meterse a ello, lo que me lleva a aprovechar la ocasión para pedir de nuevo que nadie esté más de ocho años viviendo y cobrando un sueldo como político, lo que no me granjeará las simpatías del autor al llevar treinta años en su caso como diputado regional. Por cierto y además… ¿los políticos se jubilan a los 67 años?.

En suma, un libro entretenido, repleto de vivencias de las que se puede aprender mucho sobre las cosas que hay que hacer y, mucho más importante, sobre las que no hay que hacer. Hay que dar las gracias a Revilluca por compartir con sencillez, humor, respeto, educación, tolerancia y sobre todo con humanidad sus experiencias y su mundología. El mismo lo explica así: “Todas estas cosas mías fueron creándome una popularidad que no acababa de entender. Era noticia ir en taxi, besar la bandera de España, llevar unas anchoas al rey... Hice una reflexión y llegué a una conclusión terrible. Soy noticia por ser un tío normal, lo cual es muy preocupante y refleja cómo está España.” Y en otro punto, y ya para finalizar, nos esclarece que “Gentes que no han hecho otra cosa en su vida más que política. Que no han acreditado su valía en otras actividades de la vida. Son peligrosos, fundamentalmente por dos razones. En primer lugar, porque suelen ser incompetentes. Y además, porque al no tener otra alternativa se aferran a los cargos como lapas y son capaces de mentir y pisar cabezas con tal de supervivir. Son capaces de articular discursos bien construidos, ponen poses estudiadas, pero yo descubro que no dicen lo que piensan. No se creen lo que dicen.”.

Estamos avisados, gracias Miguel Ángel.

sábado, 10 de agosto de 2013

Paradero desconocido - Kressmann Taylor

Leí en Twitter algo sobre la profundidad de este libro, basado en cartas de dos grandes amigos, lo que primero me recordó ese tuit fue otro libro reseñado en el blog, 84, Charing Cross Road, también basado en una relación epistolar entre Europa y América.
Pero que distintos y que recomendables ambos.
Paradero desconocido fue escrito por Katherine Kressmann Taylor, pero por la dureza de su contenido la aconsejaron que quitara su nombre, Katherine, de la autoría del originalmente relato, que se publicó inicialmente en una revista norteamericana, y tras su éxito entre los lectores, se publicó el libro, estábamos en 1938.
Tuvieron que pasar muchos años hasta que el libro volviera a donde debía, para ser profusamente leído, cosa que ocurrió en 1995, con ocasión de la celebración del cincuenta aniversario de la liberación de los campos de concentración nazis.
Los protagonistas de la historia son don grandes amigos, un alemán, Martin Schulse, y un judío americano, Max Eisenstein, que son propietarios de una galería de arte en California y se consideran como hermanos.
En 1932 Martin decide volver a Alemania, quedándose su amigo Max como responsable del negocio aunque a Martin le llegan talones compensatorios.
Desde su llegada a Alemania empieza la correspondencia entre ellos, mostrándonos la profundidad de la amistad y el cariño que se profesan.
Max le transmite en una de sus misivas la preocupación latente por el crecimiento de la filosofía nazi y el tratamiento que parece están haciendo a los judios, pero Martin, que cada día está más imbuido de la ideología nazi, empieza a transformar el espíritu de amistad que tanto les ha unido, y justifica y defiende el tratamiento que recibe el pueblo judío.
No voy a profundizar más, es un relato que se lee en una hora, y es un análisis de lo que es capaz la mente humana fanatizada, que no es capaz de racionalizar y pensar que puede equivocarse.
Insisto, una hora de lectura OBLIGATORIA.

jueves, 8 de agosto de 2013

DIARIO DE 1926, de Robert Walser.

La uÑa RoTa, Segovia. Mayo 2013. 80 páginas. 12 euros. 



Y después de pasar unos días con Robert Walser en el bolsillo, quería escribir una breve miscadigresión sobre esta lectura, Diario de 1926,  antes de irme a tierras cántabras. 

Me gusta Robert Walser porque me recuerda a mi abuelo. Como a mi abuelo, a Robert Walser le gustaba mucho pasear, y siempre que lo leo me entran unas ganas inmensas de salir por la puerta, o levantarme del banco en el que estoy sentada y darle a los pies, como hacía mi abuelo y como hacía Walser, que le sobrevino la muerte también paseando. Menciono aquí, en este mismo párrafo, que Robert Walser tiene un librito titulado El paseo, y en Diario de 1926 el narrador da unos cuantos: Hoy he dado un agradable paseíto, breve, mínimo y sin alejarme demasiado, he entrado en una tienda de comestibles y he visto en su interior a una agradable muchachita, de estatura igualmente mínima y porte y actitud visiblemente modestos. p.7

            Según avanzaba en la lectura de este relato breve de extensión razonable p.30, me preguntaba si habrá algún libro que hable sobre el arte de pasear. Busqué en Google pero no encontré nada, o no lo que quería. Páginas que nos hablasen de personas y personajes paseantes. Se me ocurrió que podría hacer un collage con esos personajes y personas paseantes. Quizá lo haga. Y mientras no encontraba nada, ni hacía el collage, volvía a las páginas de Diaro de 1926, y a cada frase las mismas ganas de siempre de emprender la aventura del paseo: Encontrar una habitación, esto es, la búsqueda de un espacio, un atelier de creación, que al mismo tiempo sea un lugar indicado para contener el sueño, ha sido para mí desde siempre, ruego encarecidamente que se tenga en cuenta, una forma inmejorable de salir a dar un paseo y darle al cuerpo una alegría al aire libre. p.29

            Como muchos paseos en los que nuestra atención se posa en una cosa para al ratito posarse en otra, así Walser pasa de un tema a otro, como si nada, como si fuera lo más natural del mundo, y está bien que así sea; y vamos descubriendo que esos paseos son el inicio de otros: “y ya veré qué rumbo toma ese paseo hacia los dominios de mi experiencia vital, experiencia que me observa con aire problemático, con la mirada misteriosa de lo que aún no está resuelto, y a la que observo a mi vez con aire parecido. pp.44-45

            Es el segundo libro que leo de la editorial La uÑa RoTa (del otro ya hablé por aquí: En la pausa, de Diego Meret). El primero me llamó la atención por su portada, por su brevedad, por su llamar la atención tan silencioso;  y el segundo por su portada, por su brevedad, por su llamar la atención –en esta ocasión-tan amarilla y con sombrero. Y por su autor, claro. Adoro a Walser. Quizá por los paseos. Quizá porque su lectura me lleva  a pasear. Quizá porque como dijo Hermann Hesse si los poetas como Walser se contaran entre los espíritus que gobiernan, no habría guerras. Si tuviera cien mil lectores, el mundo sería mejor. Sea como fuere, el mundo está justificado por haber gente como  Walser. Quizá porque me recuerda y me acuerdo mucho de mi abuelo. 

Robert Walser
Patricia L.D. 
De la nota de prensa de la editorial:

Sobre el autor
Robert Walser nació en Biel (Suiza) en 1878 y murió durante uno de sus incontables paseos no muy lejos del hospital psiquiátrico de Herisau, al este de Suiza, el día de Navidad de 1956. Es, sin duda, uno de los más importantes escritores en lengua alemana del siglo XX. Autodidacta, errante, finísimo estilista de la lengua alemana y provisto de una mirada capaz de destripar la realidad con la más suave ironía.
Encomiado por Musil, Bernhard y Walter Benjamin, apreciado por Kafka, Canetti, Thomas Bernhard, Coetzee o Peter Handke, entre otros, el prestigio de Walser –«un prestigio moderado y sombrío, que es el único que podría convenirle», como señala Luigi Amara– se debe tanto a sus primeras y aparentes novelas, Los hermanos Tanner, y Jacob von Gunten o El ayudante como a sus prosas breves, entre las que destacan el primer libro, Los cuadernos de Fritz Kocher, que dio a la imprenta en 1904, y las famosas nouvelles El paseo, o Vida de poeta, La rosa, así como los microgramas Escrito a lápiz, publicados en España por Siruela.

Sobre el traductor
Juan de Sola (Barcelona, 1975) es traductor y editor. Ha traducido, entre otros, a Joseph Roth, Hofmannsthal, Richter, Brecht, Lowry, Beckett y Gabriel Josipovici. En la actualidad prepara la edición de la Correspondencia entre Goethe y Schiller. Fue premiado por el Gobierno de Suiza en reconocimiento por sus traducciones de Robert Walser, entre las que destaca El bandido, La habitación del poeta y Microgramas I. Ha impartido clases de Teorías de la lectura y Crítica literaria en la UOC. Para La uÑa RoTa ha traducido El hundimiento, de Nossack. Su web: http://juandesola.com/wp/

Sobre el ilustrador de la cubierta:
Eduardo Jiwnani (http://www.laluzroja.com/), autor de la portada de libro, vive y trabaja en Madrid como diseñador gráfico. En 2004 creó la editorial La Luz Roja para dar salida a pequeñas tiradas de poemarios y catálogos de artista. Para La uÑa Rota ilustró la cubierta de Obra inacabada, de Bertolt Brecht (traducida por Miguel Sáenz).

La década que nos dejó sin aliento - Juan Eslava Galán

Empezaré confesando que un amante de la novela histórica como yo lo soy, no había leído ningún libro de este novelista español con tremendo prestigio en este campo, además de muy prolífico, como podéis comprobar en su página web.
La década que nos dejó sin aliento es la que transcurre entre el asesinato del almirante Carrero Blanco y el triunfo del PSOE en Octubre de 1982. Aunque ese período de transición es muy conocido por casi todo el mundo, hubo muchísimos detalles que no se llegaron a aclarar, y que seguramente no se aclararán nunca.
¿Qué cosas ocurrían en la ‘trastienda’ en sucesos como la muerte de Franco, la proclamación de Juan Carlos I, el nombramiento de Suarez, su dimisión, el golpe del 23-F….?
Pues el autor, además de informarnos de algunos detalles perfectamente documentados que para mi eran desconocidos y muy aclaratorios, nos dibuja a través de personajes ficticios opiniones muy ‘incisivas’, para dar ese toque jovial a las ideas sobre lo que estaba ocurriendo en España, se aprovecha de personajes como Pepe el barbero, de la barbería El Siglo , donde es común que salgan los chistes del momento, y casi siempre hay alguno para cada uno de los episodios que nos tocó vivir en aquella época, como este que surgió tras la muerte de Carrero:
—Le pregunta un niño a su madre: «Mamá, ¿Carrero Blanco ha ido al cielo?» Y la madre responde: «No, hijo, iba al cielo pero el coche se topó con una cornisa.»
Pero quizás lo que más me cautivó de este libro, fue el protagonismo que el autor les da a los leones del Congreso de los Diputados, Benavides y Malospelos, y no me resisto a poner una de sus charlas, sin duda no la mejor, pero pongo esta porque no es muy extensa, y está centrada en la Ley D’hont:
—Eso de la ley D'Hondt no lo acabo de entender —le dice Benavides, el león de bronce que guarda la puerta del Congreso, a su compañero Malospelos.
—Es un procedimiento electoral que tiene una virtud y dos defectos —responde Malospelos—. La virtud es que favorece la creación de mayorías (y ello redunda en la formación de Gobiernos estables).
—¿Y los defectos?
—El primero, que el reparto de escaños es poco proporcional y margina a los partidos minoritarios. Por decirlo de manera simple: favorece al primer partido, al más votado, respeta al segundo y perjudica al tercero.
Benavides asiente.
—Con lo cual, el tercer partido va perdiendo fuerza porque en sucesivas votaciones su clientela natural emigra al voto útil de uno de los dos mayoritarios. ¿Lo captas?
—¿Lo capto?
—El segundo defecto, quizá más grave, es que favorece desmedidamente a partidos minoritarios, pero que tengan el electorado muy concentrado en alguna provincia.
—O sea, a los separatistas —deduce Benavides.
—Eso es. Combinando los dos defectos puede resultar que el tercer partido más votado ocupe el sexto lugar y que partidos minoritarios (separatistas) puedan dictar la política nacional cuando los mayoritarios están muy igualados y necesitan de sus votos para inclinar el fiel de la balanza a un lado o al otro. La torpe Ley Electoral confiere una representatividad desproporcionada a los separatistas.
—O sea que los separatistas salen ganando y encima los ciudadanos comunes estamos a merced de los partidos políticos, de sus listas cerradas y de sus promociones internas —concluye Benavides.
—Tú eres león, Benavides, no ciudadano. No puedes quejarte.
—Hombre, a uno lo subleva ese secuestro político de la soberanía popular —se lamenta el león.
—Pues no lo digas muy alto que como se enteren los de ahí dentro nos vuelven a fundir y nos convierten en tapas de alcantarilla —lo reprende Malospelos.
—¿Tendrán valor?—Cosas más graves estamos viendo.
Diálogos como este hay muchos, y mucho más ingeniosos e incisivos, además de otros personajes ficticios que nos ilustran sobre la evolución que se produjo en esa época. Si tengo que buscarle un pero, es el tema de las notas al pie, muchas aclaratorias, y otras sobre referencias bibliográficas, que resultan algo incómodas cuando hay tanta abundancia.
Resumiendo, una lectura recomendable, donde se evocan hechos conocidos pero se nos descubren importantes acontecimientos que parece que en su momento no era bueno que se conocieran. Habrá que seguir leyendo alguna obra más de este autor.
Pero quiero terminar este post con otra cita, de George Bernard Show que, como dice el autor no pierde vigencia, y matizo yo, tan necesario practicarlo ahora mismo:

«A los políticos, como los pañales, conviene cambiarlos de vez en cuando... y por las mismas razones.»