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viernes, 11 de enero de 2013

Las vidas de Joseph Conrad, John Stape




Una muy  buena biografía
de
Joseph Conrad
Puntuación 4/5
Lord Jim, El espejo del mar, La línea de sombra, el agente secreto, el corazón de las tinieblas, son alguno de los títulos en la mente de cualquier lector cuando escucha el nombre de Joseph Conrad. Hace unos meses tras leer a este autor me sobrevino interés por conocer la biografía del hombre capaz de transmitir a la ficción apuestas narrativas tan impactantes sobre el mar. Tras consultar bibliografía, todos los listados citaban a las "Las Vidas de Joseph Conrad"de Jonh Stape, como libro adecuado para introducirme en la trayectoria humana y literaria de Conrad. 
La biografía está escrita con una pormenorizada identificación de fechas, lugares, personajes, viajes, y lo más importante, interpretaciones veraces y documentadas de los hechos. Densa pero interesante y con la garantía de estar escrita por uno de los mas acreditados especialistas en la obra y vida de Conrad.
Me ha sorprendido la variedad de versiones y opiniones existentes sobre algunos aspectos de la trayectoria del escritor, causada en parte, por la premeditada y tergiversada autobiografía escrita por el propio Conrad, a instancia de sus editores, en su intento de construir una ficticia leyenda sobre su persona, no ajustable a su verdadera existencia, mucho más prosaica y anodina de lo vertido por el escritor en ese encargo.
Esto ha provocado, con posterioridad, la escritura de una andanada de biografías de dudosa credibilidad que en esta obra intentan de clarificarse, con rigor de documentación de muy variado calibre. Stape, sobre los particulares más conflictivos y dudosos, como son su intervención como contrabandista de armas en la guerra carlista española o su dudoso abolengo nobiliario, dada la diversidad de fuentes y versiones, analiza las distintas opiniones y emite su personal juicio sobre los hechos, con la prudente advertencia de las posibles revisiones de posteriores documentos que lo avalen.
La conclusión tras la lectura es diáfana.
Conrad era un personaje complejo, árido, introvertido, de extrema educación e innegable mérito y talento. Huérfano a temprana edad, obligado a trasladarse de su Polonia natal en búsqueda de una lucrativa manera de ganarse la vida, y con el auxilio económico de sus parientes más allegados, su abuela y tío paternos. Tras una errática estancia en Marsella, enfocó su futuro profesional en el mar.
Por desgracia para él, los cambios tecnológicos en la navegación de la época, transformaron la marina mercante, azotando a los trabajadores de este sector con una severa crisis, obligándoles a buscar nuevos y distintos medios de vida menos precarios. Pero esta breve e intensa etapa como oficial de marina mercante, marcó para siempre su posterior devenir literario, pues:
- Le impuso la obligación del aprendizaje del inglés, idioma en el que escribió todas sus obras. Segunda lengua para él y herramienta de subsistencia, motivo de crítica en alguno de sus detractores.
 –Recorrió y conoció buena parte de los más exóticos destinos del Planeta. Bombay, Madrás, Singapur, Adelaida, Melbourne, Hong Kong, Puerto Cabello, Saint- Pierre, Africa occidental y meridional, por citar alguno de ellos.
 – Los personajes de sus novelas y relatos, se cimentaron con sus experiencias marineras y en los tipos humanos con los que compartió navegación y contacto comercial.
El libro no resuelve, la gran incógnita, sobre la decisión de orientar su futuro profesional como escritor, pues hasta la aparición de su primer relato, no había demostrado inclinación, ni frecuentó ambientes literarios que fecundarán el oficio de escritor como medio de subsistencia. Sólo se documenta la voraz y reiterada lectura de Flaubert y Maupasant, autores venerados de por vida por Conrad.
 La biografía aborda su frágil salud, con tendencia a episodios depresivos, auténticos condicionantes de su labor creativa y una limitación que marcó toda su existencia. También refleja la pésima administración de los rendimientos editoriales y de su economía en general, necesitado siempre de efectivo, dada su predisposición al gasto excesivo y el disfrute de un status muy elevado. En su descargo, precisar el enorme gasto sanitario por intervenciones médicas y estancias en balnearios europeos por la precaria salud del escritor y del resto de familiares, principalmente su esposa, que padeció numerosas operaciones en sus piernas y largas y costosas convalecencias.-
Los ingresos durante su trayectoria literaria, hasta casi los últimos años de producción, estuvo subvencionada con generosas becas concedidas por instituciones británicas –becas del Real Fondo Literario y Royal Bounty-, sin las cuales no habría conseguido el mantenimiento familiar. Un hombre, a juicio de sus contemporáneos de una cortesía y educación extrema, anacrónica, de una timidez mal disimulada.
Además analiza con detalle la relación del autor con el entorno literario inglés, europeo y norteamericano, y las discrepancias con alguno de sus miembros.
Si alguien desea conocer de verdad a Conrad y su mundo, debe de pasar el peaje de leer este libro, una auténtica demostración de investigación cronológica exhaustiva, seria y concienzuda de la vida y de la obra del autor. Como único reproche, no imputable al autor, opino que es necesario haber leido antes algunas de las obras del biografiado, pues las referencias a textos de sus libros y de su labor periodística, son constantes, y ésta carencia puede resultar molesta para los no muy versados en su obra.-
 
 

jueves, 10 de enero de 2013

El viejo León, Mauricio Wiesenthal

Esta pasadas navidades me propuse un gran reto y decidí empezar la lectura de Guerra y Paz. La edición que había elegido me resultó un poco engorrosa de leer ya que conservaba todos los diálogos que en el original están en francés y aunque lo entiendo me obligaba continuamente a buscar algunas palabras en las notas al pie. Cuando llevaba no más de 50 páginas, intenté ver si otras ediciones también estaban así o habían traducido (aunque fuera en cursiva) todo el texto, lo que me hizo leer la nota del editor que me gustó mucho y me incitó a saber algo más de Tolstoi antes de adentrarme en esta inmensa obra. Recordé que no hacía mucho le había regalado a mi marido una ‘biografía’ de Tolstoi, así que ni corta ni perezosa me puse con ella y me ha absorbido de tal modo que en menos de una semana y buscando huecos en el tiempo que no tengo, la he devorado. La ‘biografía’, titulada ‘El Viejo León’ está escrita por Mauricio Wiesenthal que, curiosamente teniendo ese nombre, es español. No se trata de una biografía al uso ya que no es una secuencia de fechas y hechos sino una historia muy bien narrada con referencias a hechos históricos y mucha vida personal. Es cierto que al final te quedas con la sensación de lagunas temporales porque la narración no es lineal en el tiempo y además se centra mucho en aspectos sicológicos y emocionales. Quizá el subtítulo de la obra ‘Tolstoi, un retrato literario’ ya hace referencia a esta singularidad de la obra. Aunque la historia finaliza a los dos tercios del libro, le sigue un apartado dedicado a fotografías que llevan unas anotaciones tan extensas y con tanto contenido que no hay que perdérselas porque aportan tanta información o más que las página anteriores. Por ponerle una pega, el autor en algunos momentos emite algunas opiniones personales que a mi juicio sobran puesto que juzgan al personaje o lo ensalzan a su criterio y la obra pierde algo de objetividad, aunque se nota que lo que le condiciona es la gran admiración que siente por ‘el viejo León’. Y ahora sí, creo que ¡ya puedo empezar a leerme Guerra y Paz!

lunes, 7 de enero de 2013

Cada siete olas (EMMI y LEO 02), Daniel Glattauer

Hace años vi una película que era la “opera prima” de un autor, cuyo nombre me reservo, que me encantó. Con el tiempo apareció una segunda película de este mismo autor que me pareció horrorosa. Pero no solo me pareció horrorosa la segunda sino que mató la buena opinión que tenía de la primera. Quizá sea defecto de personalidad por mi parte pero esto mismo o parecido es lo que me ha ocurrido con este libro, segunda parte del ya comentado hace unos días en este blog “Contra el viento del norte”.

Leo ha vuelto de su periplo norteamericano y él y Emmi reanudan su intercambio de e-mails con periodicidad. Los contenidos son más profundos por el conocimiento que tienen uno del otro y si no recuerdo mal llegan a encontrarse físicamente hasta en seis ocasiones, de las más diversas maneras.

Siento que este comentario sea tan corto. No me da más de si la cosa. Quizá se pueda leer esta segunda parte sin haber leído la primera y sacarla Más jugo que lo poco que le he encontrado yo. Por momentos me ha resultado pesado y la repetición palabra por palabra del correo del marido de Emmi que me pareció soberbio en el libro anterior, aquí me ha resultado patético. Me ha costado llegar al final y en varias ocasiones he estado muy tentado de abandonar su lectura. Las comparaciones son odiosas, pero sigo recomendando la lectura del primero y nada de nada la de este.

Espero que algún lector se anime con comentarios más positivos y de más alcance, pero a mí no me da para más. Toda la pinta de una segunda parte a la que se ha visto forzado el autor por presión de su editorial para aprovechar el tirón. No es el primer caso.

viernes, 4 de enero de 2013

Contra el viento del norte (EMMI y LEO 01) Daniel Glattauer

Ya no es muy frecuente ver en el transporte público, en el metro, lectores de libros convencionales en papel, pero esta tarde en la vuelta a casa he visto a una señorita con uno, y además sin forrar, lo que me ha permitido curiosear el título: “Cada siete olas”. Una vez en casa, una consulta a donde se consulta todo hoy en día me ha permitido saber de un autor desconocido para mí y también que era la continuación del libro objeto de este comentario. Unas cuantas críticas positivas y el tamaño me han animado a interrumpir mi lectura actual y poner ojos a la lectura e iniciar este. Solo decir que me lo he merendado de una sentada en el sentido literal de la palabra, por el horario, en dos horas y veintitrés minutos, casi sin respirar. Publicado en 2006 y premiado con el German Book Prize, ha sido traducido a una cuarentena de idiomas. No se sabe muy bien el sentido del título pero parece que es un guiño del autor al más fuerte y frío de los vientos que es capaz de inquietarnos hasta obnubilarnos la razón y dominarnos por completo, incluso en nuestras pasiones a pesar de la frialdad.

Leo Leike es un profesor universitario de psicología del lenguaje que vive solo y Emmi Rothner es una mujer “felizmente casada” –con comillas- con Bernard, mucho mayor que ella y con dos hijos “aportados por su marido lo que le evitó los embarazos”. Por error, Leo recibe varios correos electrónicos de Emmi queriendo cancelar una suscripción a una revista local que curiosamente tiene como título de portada el mismo apellido de Leo con una letra bailada, lo que propicia el error, que es advertido por el propio Leo a vuelta de correo. Pasan los meses y Leo vuelve a recibir un correo de Emmi felicitándole la Navidad, lo que propicia un nuevo encuentro electrónico que se mantendrá en el tiempo, de manera intensa por momentos y con períodos de inactividad en los que ambos se dan cuenta que no pueden vivir sin los mensajes electrónicos del otro. Mensajes de todo tipo, con la osadía que da el anonimato y la distancia. Pero pasa el tiempo y surge una necesidad imperiosa de conocerse, de tocarse, de olerse: “¿Es posible enamorarse de alguien a quién no se ha visto, no se ha tocado, no se ha oído, no se ha olido”? Una cita a ciegas sin contacto en una multitudinaria cafetería durante dos horas permiten un juego de “te-he-visto/no-te-he-visto” a partir de los pocos o ningún dato que tienen del físico uno de otro. Llegan a dejarse un mensaje en el contestador uno al otro para oírse la voz y especular más y más sobre lo divino y lo humano. Emmi fuerza el encuentro de una amiga suya con Leo y luego se arrepiente de ello por el buen camino que toman las relaciones y que ambos ocultan a Emmi que se desvive por conocer los pormenores. Un buen día Leo recibe un correo del marido de Emmi. En él le pide, le autoriza y le implora que conozca personalmente a Emmi. No tiene desperdicio este correo donde de alguna manera el marido de Emmi admite que no puede competir con un fantasma y quiere luchar por su esposa en igualdad de condiciones, no con un “ente electrónico” que está sacando de quicio a su mujer, ya no sabe si tan “felizmente casada” con él. Todo lo que se ha dicho en la distancia, electrónicamente guardado y por tanto relegible… ¿Cómo se utiliza en un encuentro real? Leo y Emmi, a fuerza de confesarse sus miedos y sus anhelos, se nos antojan reales y se nos hacen entrañables. Un final remata la faena de forma ingeniosa dejando abierta la segunda parte al mismo tiempo que abre las ganas de una segunda lectura más detenida de este.

Antes de plasmar mi opinión personal, algunas frases entresacadas:

Querido Leo: Hay un problema: si me reconoces, sabrás como soy; y si te reconozco, sabré como eres. Tu no quieres saber como soy y yo temo que no me gustes ¿Será el final de nuestra fascinante historia?

¿Qué como continuamos? Hay exactamente tres posibilidades. Seguir como hasta ahora, dejarlo, quedar.

“¿Es posible hacer que ocho años de vida familiar se conviertan en un misterio excitante?”

“No creo que sea una buena idea. La tengo pequeña y atrofiada. En un primer encuentro posiblemente no funcione, o lo que es peor, funcione demasiado deprisa, lo que nos dejaría insatisfechos a ambos”.

“Y bien: “¿adonde le dirás a tu marido que vas esta noche?”.”¿Es que no puedes dejarlo de una vez, Leo?” Le diré:” Voy a encontrarme con un amigo”. El preguntará.” ¿Le conozco?”. Yo le responderé:” Creo que no, no te he contado casi nada de él”. Y añadiré: “Tenemos mucho de que hablar, es posible que se haga tarde”. El dirá: “Que te diviertas”.


Supongo que el habérmela leído de una sentada sería incompatible con manifestar que no me ha gustado. Un relato fresco, gracioso, muy de actualidad en sus planteamientos y verosímil, muy verosímil, pues no pocas relaciones de este tipo se mantienen hoy en la red, permitiendo a dos personas anónimas compartir sentimientos y sirviendo como válvulas de escape a su vida real, en relaciones clandestinas que se mantienen en el tiempo por medios electrónicos. ¿Recuerdan la película “Tienes un e-mail”? Los lazos electrónicos son fuertes aunque no existan, pudiéndose apretar mucho o desaparecer cuando se produce el contacto físico que es de un tipo especial si se trata de un hombre y una mujer precisamente por que puede surgir el componente erótico. La insatisfacción de ambos, especialmente de ella, les fuerza y les obliga al mismo tiempo a mantener esta relación clandestina especial que les aporta una pizca de vitalidad y misterio a sus anodinas vidas convencionales. Al final no se van a dormir o se levantan por la mañana sin el correo del otro. Leer entre líneas, interpretar lo que se quiere decir, da mucha vidilla al lector.

¿Cuántos lectores y lectoras se pueden ver identificados hoy en día con esta narración? Presumo que muchos. Estamos en la era de la hiper-comunicación pero también de la soledad. Un mensaje escrito puede tocar la fibra del que lo lee y desatar su imaginación, impeler a confesar intimidades protegido por la distancia y el anonimato. Las nuevas formas de comunicación permiten unas relaciones imposibles hace unos años y que pueden mantenerse largamente en el tiempo y en la distancia, aunque invariablemente surgirá la necesidad del contacto físico, de poner cara a la otra parte.

No es un libro que pudiéramos tildar de cursi o superficial sino de loco, astuto, ágil, intrigante, irónico, agudo, nada superficial, amigable, profundo en su sencillez, vital, por momentos seductor y sobre todo muy actual. La incertidumbre mantiene la tensión del lector. Los protagonistas protegen su intimidad al principio pero poco a poco van desnudándose con pequeños datos y comentarios que surgen con toda naturalidad. Hay mucho ingenio en el manejo del lenguaje y de los tiempos de distancia entre uno y otro correo que figuran al principio de cada uno, ya que la obra es en toda su extensión una sucesión de correos y contestaciones. Una versión actualizada de los clásicos románticos del siglo XIX: ¿recuerdan el nombre de pila de Madame Bovary?

Y ahora tras esta reseña, que me está llevando relativamente más tiempo que leer el libro, una auto-pregunta para responderme inmediatamente: ¿retomaré el libro que había interrumpido o me lanzaré como un poseso a devorar la continuación? Un adelanto del porqué del título de la segunda parte tomado de Internet a toda prisa:

“Dicen que siempre hay siete olas. Siete. Las seis primeras son calmas, comunes, tranquilas... pero jamás sabes lo que puedes esperar de la séptima. Arrolladora, peligrosa, capaz de volver tu mundo del revés. Te pasas la vida entera esperando esa ola, deseoso de que derribe tu puerta, con miedo a no verla y que la dejes pasar...”

martes, 1 de enero de 2013

El corazón de las tinieblas, Joseph Conrad

El libro escogido para el club de lectura de A leer que son 2 días fue editado como tal en 1902, tras haber visto la luz como entregas publicadas en la revista Blackwood. Era una época en la que los colonialismos fomentados por las grandes potencias europeas extendían sus brazos por diversos continentes, y con el pretexto de salvar y humanizar a sus moradores aprovechaban para sacar todo el partido económico posible cometiendo toda clase de desmanes y brutalidades con los nativos. Este cuento extenso o novela corta es la propia experiencia autobiográfica del autor en un viaje que realizó al Congo. Aunque ha sido catalogado como uno de los mejores libros del siglo XX, categoría excesiva a mi modesto entender, no es uno de los mejores libros de este autor, pero adquirió una enorme notoriedad al ver la luz la película Apocalypse Now, de Francis Ford Coppola, que si bien versaba sobre la guerra del Vietnam seguía de forma muy precisa las pautas de esta novela. De ascendencia polaca, Conrad fue marino mercante en Francia e Inglaterra, y acabó nacionalizándose inglés, dedicándose los últimos años de su vida plenamente a escribir hasta ser considerado como uno de los grandes escritores del siglo XX en habla inglesa. La mejor y más escueta introducción al libro nos la brinda el propio autor tras su viaje al Congo al manifestar tras su viaje: "Antes del Congo yo era un solo un simple animal".

El viejo marinero Marlow decide hacer realidad un sueño de su infancia: navegar por un río en medio de la selva. Después de ciertos contratiempos y gracias a algunas recomendaciones familiares, es nombrado capitán de un pequeño barco que debe recorrer el corazón de la jungla, remontando un río hasta alcanzar una estación de explotación de marfil. Allí debe recoger al agente encargado de la misma, Kurtz, un personaje misterioso e intrigante, y traerle de vuelta a la estación central de la compañía. Desde que Kurtz aparece mencionado por primera vez hasta el encuentro definitivo, el relato se vuelve angustioso y obsesivo. En el camino, Marlow será testigo de la situación extrema en que viven los colonos europeos, su brutalidad hacia los nativos africanos, y deberá superar todo tipo de obstáculos, averías, retrasos, enfermedades, ataques de indígenas, hasta alcanzar su destino. Cuando finalmente se encuentra con Kurtz, cuya imagen ha ido agrandándose y mitificándose durante el proceso, descubre que se trata de un personaje misterioso, al que los nativos idolatran como si fuera un dios, pero que parece haber caído en una locura bestial, consecuencia de su estancia en la selva y su insaciable deseo de poder y riqueza. "Con ese hombre no se habla, se le escucha", señala algún incondicional del agente. Marlow no renuncia a su condición de hombre civilizado que contrasta con la locura de Kurtz. Marlow y sus compañeros de viaje logran cargar a Kurtz, ya gravemente enfermo, en el pequeño barco de vapor que debe sacarlo de la selva, pero éste muere en el trayecto, legando a Marlow sus últimas y enigmáticas palabras: «¡El horror! ¡El horror!».

La narración nos muestra los efectos que experimentaban los europeos al desenvolverse en un ambiente muy distinto al suyo, ejercitando una supuesta supremacía moral sobre los nativos. En realidad, este viaje a los infiernos que sirve de crítica al imperialismo occidental es una exploración en profundidad al alma humana y al corazón, permitiendo revivir una serie de experiencias tras las cuales los hombres ya no eran iguales. En una atmósfera opresiva y asfixiante, nos habla de la soledad, el aislamiento, el miedo, la lucha del hombre contra la naturaleza y, sobre todo ello, el choque entre las normas sociales del hombre civilizado y una sociedad libre y natural. La inestabilidad propia del ser humano es troquelada de forma precisa y utilizada por el autor para reflexionar y criticar los modos de vida de las sociedades llamadas avanzadas y las tropelías que cometían.

Un libro denso a pesar de no ser extenso y que con una prosa algo confusa puede llegar a tornarse pesado en muchos momentos si no se está centrado en su lectura para soportar una tensión que se mantiene de principio a fin con un carácter marcadamente simbólico que cada cual interpretará a su manera.

Así comienza el relato,

El Nellie, un bergantín de considerable tonelaje, se inclinó hacia el ancla sin que una sola vibración agitara sus velas, permaneciendo inmóvil. El flujo de la marea se había detenido, casi no soplaba viento y, como había que proseguir río arriba, lo único posible era detenerse y esperar a su cambio. El estuario del Támesis se prolongaba frente a nosotros como el comienzo de un interminable camino de agua. A lo lejos el cielo y el mar se unían sin ninguna interferencia, y en el espacio luminoso las velas curtidas de los navíos que subían con la marea parecían racimos encendidos de lonas agudamente triangulares, en los que resplandecían las botavaras barnizadas. La bruma que se extendía por las orillas del río se deslizaba hacia el mar y allí se desvanecía suavemente. La oscuridad se cernía sobre Gravesend, y más lejos aún, parecía condensarse en una lúgubre capa que envolvía la ciudad más grande y poderosa del universo.

viernes, 28 de diciembre de 2012

Todos sobre Zanzíbar - John Brunner

Llevaba años en mi estantería. Tal vez por la horrorosa portada elegida por la editorial. Me alegro mucho de haberle dado prioridad sobre otras lecturas que siguen esperando.

Siempre he pensado que es más probable un "Fin del Mundo" provocado por la falta de recursos, que por una guerra atómica. El precio de los alimentos básicos, el mercado de futuros, los biocarburantes, el desarrollo de nuevos paises, el consumo, la polución, la superpoblación... alimentar a esa superpoblación.

John Brunner explota con maestría un futuro posible, para él en el 2010, donde el mundo está atestado de personas. Tanto, que se hace necesaria la manipulación genética e incluso la prohibición de tener hijos; corporaciones que compiten con los Estados, el extendido uso de las drogas en los paises que mayor desarrollo han alcanzado y el apoyo de inteligencias artificiales para el asesoramiento gubernamental y empresarial. ¿Un Mundo Feliz?

En estas circunstancias, el anuncio del estado de Yatakang de un nuevo programa de selección genética que culminará en la creación de "superhombres" no es de extrañar.

¿Quién podría enseñar y educar a esa nueva raza de humanos? ¿Quién podría evitar su frustación al ver su desarrollo impedido y que acabaran estallando de furia contra sus creadores? ¿Es igual de reprobable la modificación genética para conseguir superhombres que para erradicar la enfermedad o eliminar las reacciones que nos llevan a la guerra? ¿Qué nos dirían las inteligencias artificiales de este dilema?

Pero por encima de todo, una pregunta que me llega al alma: "¿qué valor puede existir en ser humano si tenemos que ser salvados de nosotros mismos por una máquina?".

Ciencia ficción en estado puro. Tras sus pretendidas respuestas, un universo de preguntas.

lunes, 24 de diciembre de 2012

Seda, Alessandro Baricco

Una gran novela
escritas con muy pocas palabras.
Puntuación 4,5/ 5


FELICES FIESTAS A TODOS LOS VISITANTES DE ESTE BLOG





 
Pese al reguero de comentarios elogiosos de esta novela nunca me había planteado abrir sus páginas. En el Club de Lectura del Escorial, esta ha sido la obra debatida en Diciembre de 2.012 y unánime la valoración de todos los lectores, considerándola una de las obras imprescindibles.
El argumento es conciso, como toda la novela. corre el Año año de 1861 en la localidad francesa meridional de Lavilledieu. En ella, Baldabiou introdujo la producción industrial de la Seda natural, mediante el tratamiento de los capullos de los gusanos, convirtiendola en un lugar próspero. Pero la epidemía de la Pebrina enfermó los gusanos e impone la necesidad de buscar larvas no infectadas en lugares lejanos como Siria y Egipto. Se escoge a Hervé Joncour, un joven de escasa vocación militar para encontrar este material. Pero es preciso garantizar la calidad de la seda y deben obtener larvas más sanas en un lugar recóndito e inaccesible en aquella época: Japón.
"En esos tiempos el Japón estaba, en efecto, al otro lado del mundo. Era una isla hecha de islas y por doscientos años había vivido completamente separada del resto de la humanidad, rechazando cualquier contacto con el continente y prohibiendo el acceso de cualquier extranjero. ... Los mercaderes chinos, holandeses e ingleses habían tratado repetidamente de romper aquel absurdo aislamiento, pero sólo habían conseguido establecer una frágil y peligrosa red de contrabando. Habían ganado poco dinero, muchos problemas y algunas leyendas, fáciles de vender en el puerto por la tarde."
Hervé Joncour, viaja en busca del preciado material, imprescindible para continuar la producción, con este escaso equipaje  "...ochenta mil francos en oro y los nombres de tres hombres, procurados por Baldabiou: un chino, un holandés y un japonés". Se despide así de su esposa,  "estrechó contra sí a su mujer Hélene y le dijo simplemente -No debes temer nada. Era una mujer alta, se movía con lentitud, tenía largos cabellos negros que no se recogía nunca.
Tenía una voz bellísima."
Las estaciones del viaje se reproducen como un letanía, "Cruzó la frontera francesa cerca de Metz, atravesó Württemberg y Baviera, entró en Austria, alcanzó en tren Viena y Budapest para luego proseguir hasta Kiev. Recorrió a caballo dos mil kilómetros de estepa rusa, superó los Urales, entró en Siberia, viajó por cuarenta días hasta encontrar el lago Bajkal, ...Remontó el curso del río Amur, caboteando la frontera china hasta el océano, y cuando llegó al océano se detuvo en el puerto de Sabirk por once días, hasta que un barco de contrabandistas holandeses lo llevó a Cabo Teraya, sobre la costa oeste del Japón. A pie, recorriendo caminos secundarios, atravesó las provincias de Ishikawa, Toyama, Niigata, entró en la de Fukushima y alcanzó la ciudad de Shirakawa, la rodeo por el lado este, esperó dos días a un hombre vestido de negro que lo vendó y lo llevó a un poblado en las colinas..."
Allí conoce a Hara Kei, señor feudal y a la misteriosa mujer que yace a su lado "Sus ojos no tenían aspecto oriental, y su rostro era el rostro de una chiquilla." Pese a ignorar su nombre y el sonido de su voz, esta le prodiga especiales atenciones, miradas cómplices, gestos de empatía y atracción, un baño lleno de erotismo y le entrega una nota escrita en japonés.

Al llegar a Francia, comprueba que el viaje ha transformado su vida y la relación con su mujer Hélene. Algo suyo ha quedado junto al recuerdo de aquella mujer. Decide traducir el mensaje. La única capaz es Madame Blanche, una prostituta japonesa dueña de  almacén de telas y de un burdel en Nimes. Esta enigmática mujer le traduce el inequívoco y radical mensaje: "Regresad o moriré".
 
Pero además, le advierte de las peligrosas consecuencias de esa atracción:

"..arrojó algunos billetes sobre la mesa.
- Déjelo así.
- Hervé Joncour dudó un segundo.
- No hablo del dinero. Hablo de esa mujer. Déjelo así. No morirá y usted lo sabe."

Hasta aquí se puede leer, el resto sabéis donde encontrarlo y es de lo más apetecible.
La novela es todo un manual de escritura creativa. Un ejemplo de economía de contenido, con escasos personajes y una selección de escenarios y acontecimientos, magistralmente diseminados por el libro, suficientes para contarnos una gran historia, sin derrochar prosa. El talento del escritor se demuestra en el efecto contundente de la narración, contenido en la mayor escasez de páginas posibles. Parece un relato vastísimo, que después de escrito, ha sido sintetizado, comprimido y expurgado de todo lo innecesario, para dejar con genialidad lo esencial, sustituyendo capítulos enteros, a menudo por frases. La lectura es intensa, pues la pérdida de una mera palabra, la omisión de un párrafo, hasta de un verbo transforma el conjunto. 
La descripción de los personajes se esboza, utilizando unos adjetivos para enmarcarlos y dejar el resto de los matices a la imaginación del lector. La localización histórica y geográfica de la acción del relato, se acuña con referencias explícitas y dispersas pero suficientes para ubicarte. Como ejemplo, así te emplaza en la novela en sus primeras líneas:
"Corría el año de 1861. Flaubert estaba terminando Salambó la iluminación eléctrica era todavía una hipótesis y Abraham Lincoln, al otro lado del océano, estaba combatiendo en una guerra de la cual no vería el fin."
Los acontecimientos se narran sin juicios por parte del autor, con desenlaces abiertos, conjeturándose varias opciones e interpretaciones. En esta breve novela se vierten muchos temas: el amor, con sus variantes de relación marital, platónico, pasional, la venganza, la amistad, la clemencia, el destino, la pérdida irreparable de algo valioso pero desconocido hasta su desaparición, el cambio de costumbres por efecto de la industrialización, industrialización. Todo ello envuelto en una sutil pátina de sensualidad y lirismo. Con la reiteración de las etapas del viaje del protagonista, repetidos en varios capítulos, consigue un efecto melódico y rítmico idéntico al producido por el estribillo de una canción o poema. Algunas de las frases son tan certeras y precisas como un bisturí:
"..le había puesto encima del escritorio una bufanda de seda color ocaso y le había preguntado

Sabe qué es esto?
- Cosas de mujer.
- Se equivoca. Cosas de hombre: dinero.

Después volvió a donde el alcalde, poniéndole sobre el escritorio, bien ordenados, treinta mil francos en billetes de alta denominación. -¿Sabe qué es esto?
- Dinero.
- Se equivoca. Es la prueba de que usted es un estúpido.
Volvió a coger los billetes; los metió en la cartera e hizo el ademán de irse.
El alcalde lo detuvo. -¿Qué diablos debería hacer?
- Nada; y será el alcalde de un pueblo rico."


Una novela que deja el rastro de una caricia, una obra para no perderse.