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viernes, 25 de octubre de 2013

La noche de los peones, Esteban Navarro

@EstebanNavarroS Tenía pendiente entre mis lecturas el que yo creía único libro de este autor, «La casa de enfrente» cuando ayer tuve la oportunidad de conocerle personalmente como invitado en una mesa redonda moderada por Lorenzo Silva organizada bajo los auspicios del «VI Getafe Negro», que versaba sobre «Asuntos internos: la policía ante la corrupción». Allí quedó claro que Esteban Navarro contaba con ocho libros en su haber y puedo dar testimonio de su intervención, valiente y comprometida, en una asunto tan espinoso como es el tema de la corrupción en los cuerpos policiales. A la salida, en un breve intercambio de palabras ante mi pregunta acerca de cuál de sus libros me recomendaba leer, su respuesta fue clara y concisa: «el último, siempre el último». Con ello, al llegar a casa y tras unos golpes de ratón a los pocos segundos tenía este libro, que ha sido publicado este mes y al increíble precio para una novedad de 2,84 euros, presto y dispuesto en mi «e-reader» para disfrutar de su lectura a lo largo de la tarde noche.

Toda la acción tiene lugar en una noche, concretamente la del martes o miércoles diecinueve o veinte de octubre de dos mil diez. Andrés Hernández es un policía nacional veterano adscrito a la sala del 091 de una comisaría de Huesca. Al comienzo del turno de noche se produce una llamada de un hospital donde le comunican que ha fallecido un «yonqui» que había manifestado ser amigo suyo y preguntado por él. Andrés se persona en el hospital, enfadado por no haber sido avisado con anterioridad, donde confirma conocer al finado, un amigo de infancia y adolescencia en su lugar de residencia en la costa catalana, pero al que no había visto desde las navidades de 1994. Le entregan una bolsa con sus pertenencias donde lo único que puede servir de pista es una fotografía polaroid de una mujer joven y sonriente tomada en un lugar indeterminado de la costa catalana. En prácticas en esa comisaría se encuentra Diana Dávila, joven de veintiún años con mucha vida a sus espaldas y también nacida y criada sin padre en una localidad cercana a la de Andrés en la costa catalana. A lo largo de la noche, entre muchos cafés y cigarros, de forma individual o conjunta, continuos «flashbacks» nos cuentan la vida y andanzas de ambos y del fallecido así como diversos episodios reales ocurridos por aquellos años en España: ¿se acuerdan de el Nani? La noche avanza sin que Andrés pueda hacer nada por averiguar más cosas y sobre todo la razón que ha traído a su antiguo amigo a venir a verle a él, precisamente, a Huesca, poco antes de morir. Una llamada desde un albergue de mendigos aporta una nueva bolsa de plástico con enseres del muerto, entre los que figura un teléfono móvil muy antiguo con seis números en la agenda que tampoco permiten aclarar nada. Resignado a esperar la llegada del nuevo día, Andrés ha dejado en un descuido la foto de la joven sonriente en la mesa, lo que provoca un acertado comentario de un compañero que desencadena toda una serie de hechos que producen un final sorprendente.

No puedo decir que el relato no engancha pues salvo las clásicas interrupciones familiares me lo leí de una sentada. Una prosa sencilla, cuidada, agradable, con los diálogos justos, nos pone en situación de las vidas nada comunes que han llevado los protagonistas, en un andamiaje perfectamente engarzado de los hechos relatados para acabar en un final sorprendente, que me atrevo a aventurar que no sospecha ningún lector. La historia está contada «desde dentro» pues no en vano el autor es policía nacional destinado en una comisaria de Huesca en estos momentos en la vida real, por lo que se percibe claramente que domina el lenguaje y las características del mundillo que nos describe. Por momentos podemos sentirnos inmersos en la noche de una comisaría de una forma auténtica, no siempre parecida a como nos las cuentan en series de televisión o películas, muchas de ellas americanas. Sin entrar en grandes berenjenales ni cuestiones metafísicas, el autor nos aporta algunas ideas muy interesantes sobre las características personales de los policías, personas como cualesquiera otras, que se devuelven con la formación que han recibido en la sociedad actual, que es como es. Las vidas de los «peones» avanzan hacia adelante, pueden detenerse, pero nunca retroceder y, si llegan a su destino, podrán convertirse en reinas, pero nunca reyes. En suma, un relato muy dinámico, vivo, plenamente actual y verosímil que nos hará pasar un buen rato de entretenimiento.

jueves, 24 de octubre de 2013

El caballero de la armadura oxidada, de Robert Fisher

Recomendado por la mañana en un cursillo sobre autogestión personal de las emociones, llegar a casa y leerlo de un tirón fue todo uno. «Aquí te pillo y aquí te mato» digo te rescato y te leo Ya había oído hablar de este librito algo más de quince mil vocablos hace tiempo, pero permanecía olvidado en uno de los muchos rincones de los libros pendientes y nunca le llegaba la hora. Libro de autoayuda y motivación, puede ayudarnos a descubrir si llevamos una coraza imaginaria que nos dificulta nuestro deambular por la vida y hacemos montañas de cosas insignificantes.

El caballero tiene un dilema: se encontraba atrapado en su armadura ocultando sus limitaciones y tapando sus posibilidades cuando se da cuenta de que está a punto de perder a su familia por culpa de esa armadura. Decide deshacerse de ella, yendo a buscar a Merlín, el mago, que le encamina al sendero de la verdad donde tendrá que pasar por una serie de pruebas en los castillos del silencio, el conocimiento y la osadía para alcanzar la cima de la verdad que implica conocerse y aceptarse como realmente es y por ende alcanzar la felicidad propia y de los que le rodean.

Sam es el «yo» interior del caballero que va ganando presencia a medida que el caballero va avanzando en su propio descubrimiento y mejoramiento personal. Un libro sencillo y revelador que se lee en un santiamén y que puede aportarnos algunas claves para ayudarnos a enfrentar los problemas de la vida diaria.

Algunas frases extraídas del texto

¿Cómo podréis cuidar de ellos si ni siquiera podeis cuidar de vos mismo?

No solo había hablado con una paloma y una ardilla sino que, además, las había hecho enfadar a las dos en el mismo día

Acabais de dar el primer paso para libraros de vuestra armadura.

¿Y cuando fue la última vez que sentisteis el calor de un beso, olisteis la fragancia de una flor o escuchasteis una hermosa melodía sin que vuestra armadura se interpusiera entre vosotros?

El primer castillo se llama silencio, el segundo conocimiento y el tercero voluntad y osadía. Una vez hayais entrado en ellos, encontrareis la salida cuando hayais aprendido lo que habeis ido a aprender.

… durante toda su vida había perdido el tiempo hablando de lo que había hecho y de lo que iba a hacer. Nunca había disfrutado de lo que pasaba en el momento.

El caballero lloró aún más al darse cuenta de que si no se amaba, no podía amar realmente a otros.

Decidió que era verdad, que el tiempo transcurría con rapidez cuando se escuchaba a sí mismo. Recordó cuantas veces el tiempo se hacía eterno mientras él esperaba que otras personas lo llenaran.

miércoles, 23 de octubre de 2013

El futuro del libro, de Geoffrey Nunberg

Lo primero que hay que tener muy en cuenta es la fecha de publicación de este libro: 1996. Esto es fundamental para poner en su lugar las ideas vertidas en él sí lo miramos con el prisma de los conocimientos actuales. En los diecisiete años transcurridos, algunas de las afirmaciones en él contenidas, como veremos, han quedado completamente obsoletas dados los cambios ocurridos en la tecnología, los archiperres (aparatos con pantallas) y el desarrollo de la «world wide web» que si bien existía por aquel entonces, su acceso generalizado estaba todavía por desarrollar. Geoffrey Nunberg es el «compilador» que ha reunido en estás poco más de trescientas páginas impresas las opiniones de una docena de autores. El éxito y eco de este libro estuvo, y está aún, en la apostilla de un por todos conocido Umberto Eco.

Empezando por el final, Umberto Eco llama nuestra atención sobre la frase acuñada por Víctor Hugo y puesta en boca del jorobado de Notre Dame: «ceci tuera cela» que podríamos traducir, llevándola al terreno que nos ocupa, por «esto matará aquello». A lo largo de la historia se han sucedido estos «asesinatos» y seguirán ocurriendo como consecuencia de la evolución y el desarrollo de la tecnología.

En todo caso este libro es de difícil lectura, pues en muchas ocasiones los autores se «van por las ramas» en disquisiciones cuasi filosóficas que con el paso del tiempo han perdido interés. Hace años los escritores se devanaban los sesos para transferirnos por el lenguaje escrito la belleza de un paisaje o las características físicas de un personaje. Luego llegaron las imágenes a los libros y ahora pueden hasta tener movimiento y sonido si estamos visualizando contenidos en una tableta. Frases tales como «nadie va a sentarse a leer una novela en una ridícula pantallita», «nadie se va a meter en la cama con un ordenador», «escribir sin libro es como una agricultura sin tierra», «uno de los principales problemas del ordenador es la tosca resolución de las pantallas» se han contestado o rebatido por si solas con el paso de los años.

Enciclopedias y diccionarios cayeron hace muchos años en desuso primero con los CD-ROM's y luego incluso estos cedieron el paso a internet. Recuerdo los primeros años de la Encarta en los que leer los artículos con imágenes en movimiento y sonido era un placer, pero que ya ha quedado desfasado.

«Hay que ser prudentes con la trivialización y el desprecio hacia el pasado, no sólo porque podemos perder documentos importantes, sino también análisis culturales muy valiosos conseguidos con viejas tecnologías de comunicación, mientras estamos inmersos en el proceso de construir otras nuevas» Es difícil evaluar una cosa cuyo alcance desconocemos, pero aferrarse a lo antiguo esgrimiendo únicamente su antigüedad no parece una apuesta coherente ni de futuro. Muchas disciplinas, véase música, cine, fotografía, han migrado a soportes digitales con un cambio profundo y radical de sus planteamientos. La revolución ha traído la inmediatez, el intercambio sin retrasos, la posibilidad de cambio y corrección en cualquier instante. ¿Es esto bueno? ¿Es malo? La producción de documentos se ha socializado de tal forma que es casi imposible poner impedimentos a la circulación de los mismos: el que yo escriba un texto, o un libro, y que alguien lo pueda leer al instante siguiente en cualquier lugar del mundo y mandarme sus impresiones puede ser visto como una ventaja o un quebranto, según su uso. Por el contrario, una desventaja es la cantidad de documentos que hay en circulación, muchos de ellos reelaborados a partir de otros y que dificultan la localización de lo que verdaderamente nos interesa.

¿Cuál es la mejor forma de proceder en el futuro? Pues tendremos que esperar a que ese futuro llegue y nos desvele las implicaciones del cambio de soporte de físico a digital. Mientras tanto, cada cual elegirá los caminos que le parezcan más adecuados dentro de las posibilidades disponibles a su alcance. Una vez más el tiempo dará o quitará razones.
«El viejo todavía no ha dicho su última palabra, y tampoco probablemente los futuros pequeños Sartres, con sus aulas equipadas con pantallas de ordenadores flexibles, ultrafinos y ultraligeros, desearán todavía, durante un tiempo, con la esperanza de salvar su alma, un esqueleto de "cartón y cuero", con su "carne de papel" que huela a "cola y champiñones"».

martes, 22 de octubre de 2013

El sanatorio de oficiales, de Ricardo Ruiz de la Sierra

Publicado en 2012, se trata del segundo libro de este autor, Ricardo Ruiz de la Sierra, que lucha denodadamente por hacerse un hueco en la literatura actual, concibiendo todo lo posible y lo imposible, tras escribir sus libros, por verlos maquetados, corregidos y puestos en las manos de los lectores, vamos, aquello de «Juan Palomo, yo me lo guiso y yo me lo como» Sus otros dos libros, «La triste reina» publicado en 2001 y «El funcionario prudente», publicado este año, han sido comentados en el blog y se puede acceder a ellos a través de los enlaces. Ricardo, de profesión veterinario, anda por el mundillo literario presentando sus libros y participando activamente en tertulias y ateneos como actividades complementarias a sus escritos.

«El sanatorio de oficiales» está concebido como obra teatral, por lo que contienen escuetas anotaciones acerca de cómo configurar el escenario, elementos y luces, para su representación, pero puede ser leído como una novela. La acción tiene lugar en 1946, nueve años después de acabada la Guerra Civil Española en un sanatorio ubicado en un lugar no especificado en, o cerca de, la malagueña localidad de Ronda. Entre otros enfermos, Francisco, capitán del ejército español del lado vencedor, está recuperándose de una tuberculosis. Medio en sueños, medio en vela, mantiene conversaciones con una enfermera, consigo mismo y con dos «fantasmas» que les escuchan y que son su suegro José, al que no llego a conocer en vida pues fue fusilado al comienzo de la contienda y un fiscal al que le ocurrió lo propio pero al final de la misma. En estas conversaciones rememora su niñez manchega, su oposición al cuerpo de Telégrafos y cómo llegó sin quererlo y presionado por su teniente a convertirse en alférez al serle sorprendido el Alzamiento cuando realizaba el servicio militar obligatorio en Melilla. Durante su estancia en el sanatorio, una enfermera le atiende, le consuela y le escucha sus cuitas y desvelos, ofreciéndole su apoyo y su comprensión en una feroz lucha interna por poner en orden sus pensamientos y sentimientos. Al final, como es «marca de la casa» en los libros de este autor, un giro a todas luces inesperado nos sorprenderá a buen seguro.

Librito de apenas veintitrés mil vocablos que se lee en un suspiro. El autor no se entretiene en florituras y expresa multitud de ideas y datos concernientes a los hechos más relevantes de la Guerra Civil y sus antecedentes. En un tono absolutamente conciliador, narra diferentes hechos ocurridos engarzados a través de la vida de los tres personajes de la obra: un capitán del ejército vencedor, un patrono católico representado en la figura de su suegro y un fiscal que además fue magistrado y político. Si no conocemos con detalle datos de aquella pelea entre hermanos, este libro nos puede venir muy bien para asentar unas cuantas ideas que nos sirvan de base para indagar más en estos luctuosos hechos en los que perdieron todos, vencedores y vencidos. Es bueno conocer la historia para prevenir que se repita. Por otro lado y como es también costumbre en este autor, embebidas en el texto podemos encontrar numerosas reflexiones humanas y psicológicas que nos darán que pensar.
… charlamos, siempre de lo mismo: de la guerra, supongo que es una forma de poner mis recuerdos en orden, mis contradicciones y mis dudas, lo que pasa es que a veces creo que ellos tienen vida propia, como los personajes de una novela que se les escapan al autor, a mí me cuentan cosas que yo desconozco.
Capitán- Pues conmigo has hecho mucha labor de psicóloga.
Enfermera- O de charcutera, con eso de las penas al sol como los jamones. (Él rió). Bueno ¿y esos dos fantasmas que te han visitado?
Capitán- Ahora que los nombras, esta noche he soñado con ellos, y que tenía doce hijos.
Enfermera-¡Qué barbaridad!

lunes, 14 de octubre de 2013

El paisano de Jamaica, de Francisco Javier Romero Valentín

Me resulta curioso a mí mismo que hace una semana no tuviera conocimiento de la existencia de Blas de Lezo, un militar español del siglo XVIII que debiera estar a la altura de otros como El Gran Capitán, Hernán Cortés, Francisco Pizarro o el Duque de Alba y que sin embargo permanece olvidado por la historia. Una conversación familiar seguida del aviso de la disponibilidad gratuita y legal de este libro en la red me han llevado a ampliar mis conocimientos sobre este personaje. «El paisano de Jamaica» no hubiera llamado mi atención si no hubiera sido por la coletilla que el autor ha añadido al título como reclamo en Amazon y que reza así: «el espía de Blas de Lezo». Estuvo disponible de forma gratuita, como digo, el pasado miércoles en esa promoción a la que se ven obligados los autores menos conocidos para hacerse un hueco en el convulso mercado editorial de estos días. Hoy sigue disponible en esa plataforma en su forma electrónica al precio de 2,98 euros, más que económico para un libro que se acerca a los doscientos cuarenta mil vocablos. Más información sobre el autor podemos encontrarla en la muy cuidada página web del autor.

El libro está centrado en unos pocos meses de la historia de España, lejos de nuestro suelo patrio, concretamente en Cartagena de Indias cuando en el siglo XVIII andábamos por allí con nuestros virreyes y nuestros ejércitos sometiendo a los locales y esquilmándoles todas sus riquezas. Allí, en los primeros meses de 1741, tuvo lugar una batalla contra el ejército inglés, comandado por Edward Vernon, tremendamente superior en efectivos, que fue ganada en última instancia por el buen hacer y la templanza de «Mediohombre», apodo de Blas de Lezo y Olavarría, un pasaitarra español que, a pesar de faltarle una pierna, un brazo y un ojo, siguió su carrera militar de forma honesta, honrosa y brillante, aunque su personalidad le llevó a enfrentarse con el virrey Sebastián Eslava que lo ninguneó hasta conseguir que le fuera formado un Consejo de Guerra al que no tuvo que asistir por haber muerto en septiembre de 1741, pocos meses después de la derrota infringida a los ingleses.

Novela histórica o historia novelada, el autor se apoya en personajes ficticios creados por él para armar un bonito y entretenido relato que sigue con mucha fidelidad lo acontecido en aquellos meses de 1741. Como es de agradecer en este tipo de novelas, el propio autor nos informa detalladamente de lo que fue real según los historiadores, que algunas veces no se ponen de acuerdo, y lo que es ficción creada por él mismo para dar soporte a su libro. Escrito con una prosa agradable y cuidada, con unos personajes redondos que calan en el lector al asegurarle unas cuantas horas de divertimento, amén de conocer un poco sobre la tremenda figura de este marino olvidado y los insidiosos que le rodearon. Algo muy de actualidad, que ahora se denomina «mobbing», tres siglos después que puede resumirse en este párrafo extractado del libro puesto en boca del propio Blas de Lezo:
«No aguanto más. Puedo guerrear con todas las fuerzas que el enemigo envíe en mi contra, y si he de morir en batalla lo haré con todo el valor y el honor que logre reunir, confiando estar a la altura del país que he defendido toda mi vida. Pero si hay algo con lo que no puedo es con la mentira, con el engaño y con esta puta envidia que muestran muchos de los hombres que toman las decisiones en España. Contra eso ni he sabido luchar en mi vida ni tengo ganas de aprenderlo a la edad que tengo ya».
Si he de poner un «pero» personal, es la excesiva longitud del libro. El autor se recrea con profusión en muchas de las escenas y nos las hace vivir casi como si estuviéramos allí. Pero puede ser que lo que a algún lector pueda llegar a aburrir a otros les resulte agradable en ese sentimiento que se tiene de que no nos gusta que se acabe un libro que está resultando agradable y entretenido. Un libro que en mi opinión, no sé si modesta, está a la altura por lo menos de otros de corte parecido de autores como Juan Gómez Jurado, Matilde Asensi o Pérez Reverte, pero que no tiene la difusión y la fama de estos y le costará hacerse un hueco. Si con este comentario contribuyo a ello me daré por satisfecho. Para aquellos que quieran saber más de este español y vasco olvidado, hay más libros dedicados a glosar su memoria y mucha información en la red, pero por aquello de la auto-propaganda hago mención a una entrada mía en un blog amigo titulada "BLASdeLEZO".

domingo, 13 de octubre de 2013

La reina descalza - Ildefonso Falcones

@FalconesOficial
Este es el tercer libro de este autor que conocí cuando se publicó La catedral del mar, bastante tiempo antes de que naciera este blog y que no ha sido reseñado, aunque ya apareció en mi primera lista de favoritos, porque ese fue un título que tengo marcado en mi lista de relecturas. El segundo fue La mano de Fátima, que desde mi punto de vista no llegaba al nivel del anterior, pero sin llegar al pesimismo que mostró viajerasindescanso en su reseña del blog.
La novela histórica, mi género favorito, se adentra en esta ocasión en un mundo que no conocía, el de la etnia gitana, con el aderezo de una esclava negra que alcanza su libertad por la muerte de su 'dueño' en el viaje de regreso a España desde Cuba.
Caridad, que es el nombre de la negra procedente de Cuba, desembarca en Cádiz en 1748, ya no como esclava sino como persona libre, pero todo lo que tiene es eso, la libertad, y la conciencia de ser libre es algo absolutamente nuevo para un esclavo, al que dictan todo lo que tiene que hacer durante su vida. Consigue llegar a Sevilla, en busca de ayuda 'social', pero empieza tropezando con quien la explota de una manera indigna aunque consigue huir de esa primera experiencia aciaga, y muy enferma, en un bosque, la encuentra Melchor, un gitano valiente apodado El Galeote, porque fue condenado a galeras, aunque consiguió salir vivo de su condena, cosa que muy pocos conseguían. Melchor era un Vega y había sido condenado a galeras por extrañas influencias que habían ejercido los García, otros gitanos rivales, dominantes en la zona y con una ética muy cuestionable (por decirlo finamente).
Melchor tiene una hija, Ana Vega, una gitana integral, que defiende su raza y sus costumbres con una bravura incondicional, y educa a su hija Milagros Carmona en esa integridad gitana.
Caridad se intenta integrar para sobrevivir, ayudada por Milagros especialmente, y entre ellas nace una amistad inquebrantable, y una transmisión entre ellas de costumbres y tradiciones que enriquecen sus vidas.
Pero todo cambia cuando en 1749, una ley de Fernando VI dictamina la encarcelación de todos los gitanos, con la mirada puesta en la exterminación de la raza.
Aquí comienza una historia de separaciones, de luchas, de rebeliones de cada uno de los personajes que he descrito someramente y de muchos otros, también importantes, como pudiera ser Fray Joaquín.
Cada uno de los personajes hace su vida en un largo período de años, con grandísimos sufrimientos, superación de todos los contratiempos, se ambientan estos hechos, además de en Sevilla, en Málaga, Zaragoza y especialmente en un Madrid noble y artístico, con el actual Teatro Español, entonces Coliseo del Príncipe y con exquisita descripción de los distintos barrios de la capital en la época.
Y tenemos que llegar a la hora de impartir justicia, la justicia de su raza, que en muchos aspectos debería ser considerada como la mejor de las justicias.
IMPRESIONANTE final de novela que nadie se puede perder.

sábado, 12 de octubre de 2013

CAMINAR, de Henry David Thoreau.

(…) como si las piernas se hubieran hecho para sentarse y no para estar de pie o caminar, Henry David Thoreau.

En el  post dedicado al libro de Robert Walser, Diario de 1926, comenté que me gustaría leer sobre el arte de pasear y buscar personajes (ficticios y no ficticios) que le diesen a las piernas. Desde aquella entrada hasta hoy, me han recomendado ya unos cuantos libros. Entre ellos no estaba Caminar de Henry David Thoreau. Caminar llegó en uno de esos paseos tan ramificados que hacemos por Google. Descubrí este breve ensayo y también un artículo en la revista Caimán Cuadernos de Cine (julio-agosto 2013) de Carlos Losilla dedicado a la maravillosa trilogía del director Richard Linklater: Antes del amanecer (1995), Antes del atardecer (2004) y Antes del anochecer (2013). 

Sus protagonistas Jesse y Céline (Ethan Hawke y Julie Delpy) sin duda podrían ponerse en aquel collage que iba/voy a hacer de personajes paseantes, junto a Henry David Thoreau, mi abuelo, Robert Walser y Wordsworth: Cuando un viajero pidió a la criada de Wordsworth que le mostrase el estudio de su patrón, ella le contestó: <<Ésta es su biblioteca, pero su estudio está al aire libre. (p.13)
William Wordsworth (1770-1850)
   Y empiezo con el primer párrafo del artículo de Carlos Losilla:
 
fotograma de Antes del amanecer (1995)
            Pasear también puede ser un acto de subversión. Mientras paseamos, preferiblemente sin rumbo fijo, no trabajamos, no producimos, no consumimos. Rompemos el circuito mágico del capitalismo. Nos negamos a obedecer las reglas. Y, como mucho, podemos hablar con otro, con otra. Charla también insustancial, que no aporta nada a la gran maquinaria económica.


            Del mismo modo que en la primera parte de esta trilogía nos encontramos a Jesse y Céline deambulando por las calles de Viena sin prisas y  sin ningún objetivo concreto, sin aportar nada a la gran maquinaria económica,  Henry David Thoreau (1817-1862) camina desviándose hacia los bosques sabiéndose y sintiéndose al margen de los trayectos prefijados e impuestos por la sociedad: Las carreteras se han hecho para los caballos y los hombres de negocios. Yo viajo por ellas relativamente poco, porque no tengo prisa en llegar a ninguna venta, tienda, cuadra de alquiler o almacén al que lleven. Soy buen caballo de viaje, pero no por carretera. El paisajista, para indicar una carretera, usa figuras humanas. La mía no podría utilizarla. Yo me adentro en la Naturaleza, como lo hicieron los profetas y los poetas antiguos, Manu, Moisés, Homero, Chaucer. (p.18)

            A la par que apuesta por pasear por otros caminos alternativos, alejados de los perfectamente señalizados y estratégicamente orientados por las cercas, también apuesta por un pensamiento salvaje frente a otro domesticado: Así como el ganso silvestre es más rápido y más bello que el domestico, también lo es el pensamiento salvaje, pato real que vuela sobre los pantanos mientras cae el rocío. (p.39).
            Dadme por amigos y vecinos hombres salvajes, no hombres domesticados. (p.43)

            Caminar es un alegato hermoso del paseo, del pasear que es en sí mismo la empresa y la aventura del día, del despreocuparse (dejando a un lado el gran número de ocupaciones diarias), aunque reconociendo también que no siempre es tarea fácil: En el paseo de la tarde me gustaría olvidar todas mis tareas matutinas y mis obligaciones con la sociedad. Pero a veces no puedo sacudirme fácilmente el pueblo. Me viene a la cabeza el recuerdo de alguna ocupación, y ya no estoy donde mi cuerpo, sino fuera de mí. Querría retornar a mí mismo en mis paseos. ¿Qué pinto en los bosques si estoy pensando en otras cosas? Sospecho de mí mismo, y no puedo evitar un estremecimiento, cuando me sorprendo tan enredado, incluso en lo que llamamos buenas obras… que también sucede a veces. (p.15).


           Sabemos que a Céline y a Jesse también les llegará el momento (que no es un momento concreto, señalable en un calendario) en el que ya no puedan desviarse, mantenerse al margen de todo aquello que antes aborrecían; momento  en el que ya habrán tenido que  hacer concesiones y seguramente muchos nos sintamos por eso mismo más cerca de ese pasear de Céline y de Jesse que transcurre por Viena, París y por una pequeña ciudad de Grecia, que por los que daba Thoreau por los frondosos bosques; no obstante, en ambos paseos, tanto en el de la pareja como en el de Thoreau, apreciamos y se nos contagia, a pesar de las concesiones, a pesar de la dificultad para quitarnos de encima otras cosas, cierto espíritu de rebeldía que nos invita a pasear y perdernos siempre que podamos por las calles del pueblo o de la ciudad, y a dejarnos sorprender todavía por esos callejones que habíamos olvidado por el simple hecho de no haberlos recorrido jamás.

            Igual que empecé, termino con un párrafo del artículo de Carlos Losilla y a continuación con otro de Thoreau y una breve biografía (de la contraportada del libro):
            Y esa circulación constante entre unos pocos cuerpos que rechazan el orden imperante para construirse otro que compartir, es quizá una alternativa a la realidad, una ficción otra, un posible inicio para la revolución.
            Pues seguramente la revolución empieza en la ficción, que no es otra cosa que pensar alternativas para la vida. Carlos Losilla.

          
  Espero que seamos más imaginativos, que nuestros pensamientos sean más claros, más frescos y etéreos, como nuestro cielo; nuestros conocimientos más amplios, como nuestras praderas; nuestro intelecto, en términos generales, de una escala mayor, como nuestros truenos, nuestros relámpagos, nuestros ríos, montañas y bosques; e incluso que nuestros corazones se correspondan en amplitud, profundidad y grandeza con nuestros mares interiores. p.29. Thoreau.

         
   Henry David Thoreau (1817-1862). Ensayista, topógrafo, disidente nato y maestro de la prosa, su auténtico empleo fue, según él se ocupó de recordar, “inspector de ventiscas y diluvios”. Su nombre ha llegado hasta nuestros días ligado a dos libros capitales para el pensamiento individualista y antiautoritario: Ensayo sobre la Desobediencia Civil (1849) y Walden, o la Vida en los Bosques (1854). Caminar (Walkig) fue, sin embargo, en vida de Thoreau, su obra más popular. Concebida como conferencia, y leída en numerosas ocasiones, sólo se llegó a publicar póstumamente. Es, sobre todo, una defensa de un “pensamiento salvaje”, que arroje sobre nuestra conciencia una luz más parecida a la de un relámpago que a la de una vela. Su ironía y el rumbo de vagabundeo que por momentos toman sus reflexiones, hacen de la lectura de este libro algo tan tonificante como un paseo de buena mañana. Y no hace falta que Thoreau nos recuerde que “el aburrimiento no es sino otro nombre de la domesticación.”


Patricia L.D.