@VilaSilva Lorenzo Manuel Silva, nacido en Madrid en 1966, es un conocido escritor español, cometido al que llegó por vocación pues en sus inicios se licenció en Derecho en la Universidad Complutense de Madrid y laboró como abogado durante 10 años. Con numerosas novelas, relatos, artículos y colaboraciones en diferentes medios, gran parte de su fama está basada en la creación y evolución de dos simpáticos personajes, Bevilacqua y Chamorro, guardiaciviles, que han protagonizado una serie de ocho o nueve entregas según contemos, siendo la última la titulada «Donde los escorpiones» publicado en 2016 y la antepenúltima «La marca del meridiano» con la que al autor obtuvo el Premio Planeta en su edición de 2012. No es cuestión referenciar aquí toda su obra pero no me resisto a mencionar mi favorita: «La sustancia interior».
Me ha resultado peculiar ver al autor en el
oficio de novelista histórico, aunque algunas de sus novelas están basadas en
hechos reales debidamente ficcionados. Mostrando al lector las confidencias de
como la historia se dio de bruces con él, rememorando el pasado militar de sus
dos abuelos, el autor realiza un recorrido pormenorizado por acciones militares
españolas que tuvieron lugar en el norte de África en la década de los años 20
del siglo pasado, donde aparecen muchos de los protagonistas que al fin van a
confluir en los luctosos hechos que tuvieron lugar en España en 1936, cuando un
sector de los militares se levantó en armas contra el gobierno legalmente
constituido, lo que tuvo como consecuencias una guerra fratricida que duró tres
años y sumió al país en innumerables desgracias personales y materiales. Uno de
los personajes es el central y objeto de este relato biográfico, el general, en
1936, de la Guardia Civil José Aranguren Roldán, que fiel a su honor y a su
juramento de lealtad hizo frente a los insurrectos en Barcelona y consiguió
detener el golpe en sus primeros momentos. El premio a su valor y bonhomía no fue otro que ser fusilado por los
vencedores tres años después. Un hecho «normal» más de una guerra, pues eso es
lo que fue y así estuvo planteada desde el primer momento por sus diseñadores.
Esta es la historia de un
héroe olvidado. Un hombre que fue capaz de anteponer la lealtad y su sentido
del deber a las órdenes de quienes acabarían haciéndose con el poder.
Una cuestión que ha llamado mi atención durante
la lectura del mismo es el nombre del personaje: José. En muchos sitios, como
se puede ver en las imágenes a continuación, aparece con el nombre de Jesús.
Podría ser un hermano pero no he encontrado nada que lo asevere. Entiendo que
Lorenzo Silva ha bebido en las fuentes directas de sus descendientes, por el
que el nombre de José tiene todos los visos de ser el correcto. La primera
imagen a continuación está extraída del índice de un libro, al parecer
publicado por el Ministerio de Defensa y coordinado por Javier García Fernández,
titulado «25 militares de la República».
«Los pueblos que olvidan su historia están condenados a repetirla»
Según decía mi estimado profesor de la
Universidad Carlos III de Madrid Ángel Bahamonde —citado en la bibliografía— en
uno de sus magníficos cursos, «durante la
contienda hubo empate a uno en actos y fusilamientos, pero en la prórroga, los
vencedores "ganaron" por goleada». Es este libro un relato delicioso
para personas que les guste la historia en general y la de estos hechos en
particular, pero que seguramente resultará descorazonador para los que no
quieran «hablar más de este asunto» o incluso tengan simpatías por los
vencedores, porque los hechos relatados son los que son y aunque la historia es
siempre interpretable, en este caso deja poco lugar para la duda. Estupenda la
bibliografía final con la que nos obsequia el autor entre la que no dudo en
destacar el magnífico «Tres días de Julio»
de Luis Romero y a otro autor por el que cualquiera que le haya leído sentirá
devoción: Manuel Chaves Nogales. Un relato fresco y entretenido como no podía
ser de otra manera si ha salido de la pluma de este autor en la que
aprenderemos mucho de nuestra historia y servirá de pequeño homenaje a este
héroe olvidado que …
No lo recuerda el cuerpo al que perteneció, amó y dedicó su
vida. No lo recuerda la ciudad en la que nació, ni esta donde vivió y
fue querido y respetado por su carácter y su labor, hasta que esa estima dejó
de convenir. No lo recuerda el país al que sirvió y por el que expuso y
perdió su vida, y tampoco muchos de quienes se dicen custodios de la memoria de
la República cuya proclamación favoreció y a cuyo servicio quedó hasta su día
último. No lo recuerda, en fin, esa ciudad de Barcelona a la que con su
sentido del deber, su lealtad y su coherencia, salvó de caer en manos de los
sublevados que querían imponerle su voluntad. Ni lo recuerda esa
Generalitat de Cataluña a la que obedeció y que, de no ser por él, es probable
que hubiera quedado abolida tres años antes de lo que lo fue, y que hubiera
visto cómo fusilaban a su «president» en los fosos de Montjuïc sin juicio y
cuatro años antes de cuando lo hicieron.
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