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lunes, 12 de octubre de 2026

El tiempo pasó sin esperarnos, de Aitor Barrondo Agudín

Aitor Barrondo Agudín nace en Bilbao y siendo niño se traslada a Pozuelo de Alarcón, en Madrid, con sus siete hermanos. Estudia Derecho y Relaciones Internacionales en la Universidad Complutense de Madrid y en el Institut Catholique de Paris. Posteriormente se especializa en la Enseñanza de la Escritura Creativa en la Universidad de Alcalá y la Escuela de Escritores, donde se diploma en la XIV promoción del Máster de Narrativa. Trabaja profesionalmente como Sobrecargo y Tripulante de Cabina de Pasajeros durante más de treinta años. Su vida transcurre en un viaje constante, el de sus vuelos y el de la literatura. En diciembre de 2023 publica su libro de relatos «La piel de un momento» (Esstudio Ediciones). El libro que comentamos hoy, «El tiempo pasó sin esperarnos» es su primera novela. En la actualidad (2026) ultima un nuevo libro de relatos e imparte talleres de escritura creativa en varios municipios de la zona noroeste de Madrid. [Biografía recogida de la solapa de cubierta del libro].

Durante muchos meses, el tiempo que compartían juntos era el de la tristeza...

Íñigo visita a su madre —el padre falleció hace poco y ninguno parece superar la pérdida y la soledad—. En el camino, se encuentra a un anciano extraviado y lo lleva consigo. En el vacío de la casa, y ante la irrupción de Antonio (Hernando), el pasado y el presente se entrelazan para contar cómo han sido sus vidas: Antonio llega del pueblo y construye su vida sobre el éxito laboral y la esperanza de una familia feliz. Íñigo busca calmar la culpa, superar el papel marginal que adoptó en su familia y entender la pérdida de su pareja. La madre ansía retomar su papel y olvidar las heridas del tiempo. Ahora los mayores se han convertido en los hijos que hay que cuidar, e Íñigo se enfrenta al miedo de cometer los mismos errores que vivió en el pasado. Sin darse cuenta, las piezas rotas de su caleidoscopio acaban encajando. [Sinopsis obtenida de la cubierta posterior del libro].

Después pasé la tarde llena de silencios. No sé hablar con mi madre. Las palabras que hemos dicho hace unos minutos enseguida aparecen lejanas, como si las hubiera dicho otra persona. Sin embargo, tengo una sensación plácida.

Una lectura intimista sobre un problema cada vez más acuciante como es el asunto de la vejez y el «qué hacer» con los mayores en las etapas finales de su vida que es cuando más ayuda necesitan. Las emociones contenidas de toda una vida devienen en un silencio emocional que coarta las relaciones con otras personas, incluso con sus familiares y allegados. La soledad, en la propia casa e incluso en una residencia, ahoga por completo el mundo de los mayores que no ven otra salida que abandonar este mundo con pensamientos recurrentes de que «ya no sirven para nada» o «¿Qué hacen aquí?». Una lectura conmovedora para lectores de todas las edades para ir tomando nota tanto para el presente como para el futuro, propio y ajeno (nuestros padres y sus cuidados). El autor conmueve al lector con una prosa cuidada, delicada y llena de giros evocadores de situaciones que removerán nuestra conciencia y nos darán que pensar. Algunos lectores, de más edad, probablemente sepan de estos asuntos por experiencias propias y los más jóvenes podrían ir tomando nota para cuando les llegue el momento de desenvolverse en estos temas a los que la sociedad actual, deshumanizada, nos enfrentará temprano o tarde. Doscientas páginas en su edición en papel muy enriquecedoras para el espíritu.

Junto al sofá varias cajas con cosas de Susana esperaban que un día viniera a recogerlas. Empecé a sacar libros con títulos que no me contaban nada de ella, de pronto un cuaderno de piel oscura me llamó la atención, era la primera vez que lo veía. Pasé los dedos sobre el grabado vegetal de la tapa. La luz amarillenta de la lámpara caía sobre la portada con la lenta tristeza del polvo que flotaba en la estancia. Lo abrí despacio porque tenía la sensación de entrar en un secreto que pudiera desaparecer si no era lo bastante cuidadoso. La sombra de la letra tumbada de Susana llenaba las hojas.

jueves, 1 de octubre de 2026

«Quien tiene miedo muere a diario», de Giuseppe Ayala

Giuseppe Ayala nació en 1945 en Caltanissetta, una ciudad interior de la isla italiana de Sicilia. Se licenció en derecho en Palermo y optó por la carrera judicial. Destacado miembro en procesos anti mafia, fue decisiva su actuación como fiscal en el maxiproceso general contra la mafia siciliana en los años ochenta del siglo pasado. En su actividad como político, fue diputado y senador durante cuatro legislaturas y subsecretario de Justicia de 1996 a 2000. En 2006 abandonó la política y regresó al Poder Judicial durante cinco años hasta su jubilación en 2011. Tiene varios libros publicados además de este que hoy comentamos, pero al parecer no traducidos al español.

Una crónica de los años más duros de la lucha contra Cosa Nostra, a merced de un Estado corrupto y una sociedad amedrentada. Un ejemplo de coraje cívico frente al chantaje de las armas. En el verano de 1992, dos bombas segaron la vida de tres magistrados —Giovanni Falcone, su mujer Francesca Morvillo y Paolo Borsellino — y los ocho jóvenes que los escoltaban. La mafia siciliana asestaba su golpe más letal, pero sus víctimas dejaban un imborrable legado de heroísmo cívico en un país acostumbrado al terror y la omertà. Giuseppe Ayala, amigo íntimo de Falcone y Borsellino, es uno de los pocos supervivientes de aquellos años sangrientos. Representó a la Fiscalía en el primer maxiproceso contra los capos de Cosa Nostra, interrogando a los «arrepentidos» que revelaron por primera vez los ritos, las reglas y la estructura de una organización hermética. En estas memorias, Ayala relata la gesta que protagonizó junto a un puñado de policías, jueces y abogados que, sin perder la alegría ni el sentido del humor, sacrificaron su vida para poner fin a décadas de impunidad. Un empeño que no siempre tuvo recompensa, pues pronto se verían envueltos en turbios juegos de poder y descubrirían los oscuros vínculos entre política, negocios y crimen organizado. Quien tiene miedo muere a diario es la crónica íntima y descarnada de una lucha que no ha terminado todavía, un testimonio extraordinario de coraje frente a la corrupción del Estado y el chantaje de las armas.

«Es bonito morir por aquello en lo que crees; quien tiene miedo muere a diario, quien no tiene miedo solo muere una vez.» Paolo Borsellino

El lector no puede dejar de estremecerse al leer los hechos narrados en primera persona por el autor acerca de una verdadera guerra entre la mafia y los poderes del Estado italiano. Con asesinatos por doquier de compañeros, amigos y conocidos del autor, este mantuvo una férrea decisión de hacer su trabajo y enfrentarse a la «Cosa Nostra» asumiendo para él y su familia los riesgos de ser asesinado. Una crónica histórica y detallado testimonio de aquellos años que sin ninguna duda impactará al lector. En palabras de Lorenzo Silva, este libro representa «una reflexión sobre el compromiso con la justicia y sobre el valor de la independencia judicial que tres (actualmente más) décadas más tarde no puede resultar más oportuna».