@ajareno La disponibilidad de este libro en formato electrónico al exiguo precio de 0,89 euros para sus aproximadamente 340 páginas o 133.000 vocablos, amén de numerosas y positivas opiniones de lectores me hizo decidirme a iniciar su lectura. Confieso no ser aficionado a este tipo de lecturas, que se ha dado en llamar «de novela negra» porque al acabar la lectura siento como que he perdido el tiempo al no dedicarle a leer otro tipo de lecturas que me pueden aportar más conocimiento. Pero para gustos hay colores y la proliferación de libros de este corte de autores noveles como es el caso que nos ocupa deben de tener su hueco y por otro lado tampoco está de más darse un caprichito y pasar un rato entretenido, muy entrenido, sin comerse el «coco» con disquisiciones profundas. Antonio Jareño, profesor de filosofía de la Pública, hace su incursión en el mundo de la novela tras algunos relatos breves premiados en algunos concursos, según puede leerse en su página web. En esa misma página y por si tenemos alguna duda antes de decidirnos por la compra del libro a «tan alto precio», podemos descargar de forma libre los cinco primeros capítulos.
La historia es de las de «toma pan y moja». Andrés, un empleado de banca murciano a la búsqueda de unas extracciones monetarias de la cuenta de una anciana en un cajero automático, presencia una escena extraña a través de las cámaras de seguridad, en las que se aprecia como una persona es apuñalada pero sigue vivita y coleando. Al poco tiempo, el compañero y amigo que le ha mostrado las imágenes es asesinado. Paralelamente, un sacerdote de Yecla aprecia entre sus feligreses personas que ya estaban hacía muchos años y que deberían estar muertas. En otras partes del mundo, como Islandia y EE.UU. grupos de poderosos y una sociedad clandestina de médicos está buscando como lograr la inmortalidad. Todo este conglomerado entra en ebullición y acaba explotando en Berlín con espías que son espiados, tecnología punta, internet, «hackers» y toda la modernidad que nos podamos imaginar y más. Al empleado de banca y el cura murciano se les une en Berlín una doctora española en prácticas y entre los tres corren sus peripecias a una búsqueda que no tienen muy clara basada en el fondo en la teoría del «Judío Errante», que lleva dos mil años en este mundo y no morirá nunca. El propio autor resume en un momento el estado de la cuestión con los ingredientes de esta historia: «Una antigua carta, un vídeo, unos mártires, un asesinato, una empresa que vende juventud, un extraño prisionero que muere varias veces y que quizá sea el mismo que aparece y desaparece por las fotografías. Un sacerdote, un empleado de banca y una médico dando vueltas por Berlín perdidos en un laberinto en el que cada paso que daban parecía confundirlos más». Al final la historia avanza de forma vertiginosa con hechos que ocurren a toda velocidad en varias partes del mundo y que llevan a un final que no se puede desvelar para no quitar la magia al relato.
Insisto en que no soy «fan» de este tipo de novelas, pero esta me ha entretenido mucho. Las dosis de fantasía e inventiva están en su justa medida y hacen que el tejido de la historia sea plausible dentro de un orden. Y además bien escrita y sin faltas reseñables de ortografía para lo que parece una autopublicación del propio autor. Los saltos de la acción de un lugar a otro del mundo, la psicología de los personajes, la dinámica de la acción, las dosis de intriga y la ambientación histórica están muy conseguidos y permiten seguir el relato casi con ansia de llegar al desenlace. Mi consejo es que no se empiece a leer si no se quiere quedar enganchado y con ganas de acabarla cuanto antes. Yo, que intento ser muy «geek», he quedado sorprendido con algunas artimañas empleadas por los personajes en el uso de las tecnologías y teléfonos móviles que bueno es conocer, bien para emplearlas o bien para evitar que las empleen con uno. Por otro lado, aspectos humanos muy en boga hoy en día como el ansia de poder o el «cambio de chaqueta» entre otros están presentes en la novela e invitan a la reflexión personal. La acción en la salchichería berlinesa donde se encuentran todos para jugar al ratón y al gato está muy gratamente conseguida. Toda comparación es odiosa y más en términos inmedibles como la literatura, pero no tiene nada que envidiar a otras más famosas que han obtenido el respaldo mundial y que omito mencionar aunque están en la mente de todos. Me atrevo a pensar que con un buen guión resultaría una excelente y entretenida película. Mis felicitaciones al autor.
Este blog quiere estar dedicado a compartir experiencias en la lectura de libros, tanto electrónicos como físicos. Se inició para dar a conocer mis primeras andanzas con los e-reader pero el objetivo es disponer de información para leer 'lo mejor', y compartiendo información entre todos los que leemos, podemos conseguirlo.
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miércoles, 30 de octubre de 2013
martes, 29 de octubre de 2013
Carta al general Franco, de Fernando Arrabal
Fernando Arrabal es una de las leyendas vivas de nuestro tiempo. A sus ochenta y un años, sigue activo con una clarividencia y una fuerza arrolladora que contagia a quienes le escuchan. Tuve oportunidad de estar presente en su intervención la pasada semana con motivo del «VI Getafe Negro» y quedé maravillado e impresionado de la viveza y profundidad de su comunicación. Nacido en Melilla en 1932, fue sorprendido a corta edad por el Alzamiento Nacional que le separó de su padre y que marcó su vida para siempre. En 1955 marchó a vivir a París. Considerado un muy buen escritor de teatro, su obra ha sido representada profusamente en todo el mundo y poco nada en la tierra que le vio nacer. Amigo de artistas ya desaparecidos de la talla de Dalí, Warhol, Kundera, Picasso, Topor, Breton… sigue deleitando a la audiencia con sus interesantísimas disertaciones sobre la «vida». Ha dirigido siete películas, incluido un premio Pasolini y publicado multitud de libros de todo tipo.
El libro que nos ocupa es en realidad un carta dirigida por el propio Arrabal al general Franco el dieciocho de marzo de mil novecientos setenta y uno, cuatro años antes de la muerte de la persona que regía los destinos de España desde treinta y cinco años antes. En ella muestra sus pensamientos en un tono conciliador y refleja hechos acontecidos en España a lo largo de tantos años tratando de tocar la fibra sensible del dictador. Son poco más de cien páginas con una letra enorme que se leen en un santiamén y que contienen ideas e informaciones interesantes sobre el pensamiento del autor en aquellas décadas. El mejor resumen pudieran ser una serie de frases entresacadas del texto que se reproducen más abajo. El veintinueve de febrero de mil novecientos setenta y seis, meses después de la muerte de Franco, el periódico «Arriba» definía a Fernando Arrabal como «indudablemente, el más prohibido de los prohibidos», pues figuraba en una exigua lista de cinco nombres junto a Carrillo, Pasionaria o Líster.
El libro que nos ocupa es en realidad un carta dirigida por el propio Arrabal al general Franco el dieciocho de marzo de mil novecientos setenta y uno, cuatro años antes de la muerte de la persona que regía los destinos de España desde treinta y cinco años antes. En ella muestra sus pensamientos en un tono conciliador y refleja hechos acontecidos en España a lo largo de tantos años tratando de tocar la fibra sensible del dictador. Son poco más de cien páginas con una letra enorme que se leen en un santiamén y que contienen ideas e informaciones interesantes sobre el pensamiento del autor en aquellas décadas. El mejor resumen pudieran ser una serie de frases entresacadas del texto que se reproducen más abajo. El veintinueve de febrero de mil novecientos setenta y seis, meses después de la muerte de Franco, el periódico «Arriba» definía a Fernando Arrabal como «indudablemente, el más prohibido de los prohibidos», pues figuraba en una exigua lista de cinco nombres junto a Carrillo, Pasionaria o Líster.
¡Cuánta ceniza, cuantas lágrimas, cuanta muerte lenta entre funerales de chatarra al son de campanas podridas!
Durante semanas, y meses, y años y ya sin la excusa de la guerra, en plena paz, el aparato represivo a sus órdenes siguió condenando y matando a miles de españoles…
En España sobran los justicieros armados hasta los dientes, los inquisidores, los jefes implacables que tienen razón y quieren imponerla a los demás, si es necesario, por el fuego y por la sangre.
Había que mentir, que vivir en el engaño, había que rezar y comulgar para conseguir una plaza de portero en un Ministerio o dar vivas a la Revolución Nacional Sindicalista para poder vender cigarrillos de mutilado en una plaza de Madrid.
La luz encarcelada y la ilusión destruida
Así se nos quiso meter en la cabeza: la religión, la patria, el franquismo, a «cristazo» limpio
Si nadie critica… ¿Cómo se puede progresar?
Le voy a decir algo triste: su España de hoy no solamente me quitó la salud, mi padre, mi lengua, sino que incluso me quita a menudo mis amigos, que dejan de verme o escribirme para no tener dificultades.
viernes, 25 de octubre de 2013
La historia de mi máquina de escribir, de Paul Auster.
La historia de mi máquina de escribir,
Paul Auster.
Editoria Seix
Barral, 2013.
Ilustraciones de
Sam Messer.
Tapa dura.64
páginas.12,95 Euros.
Utilizo el teclado de mi ordenador portátil
Toshiba para escribir esta entrada sobre el libro de Paul Auster La historia de
mi máquina de escribir, escrito por el autor –cómo no –con la misma máquina a la que se refiere el título y que encontramos retratada por Sam Messer en la portada: una Olympia.
En el año 2000, la Olympia y Auster
cumplieron veintiséis años de relación, y si las cincuenta cintas que compró el escritor para la máquina, en su papelería de Brooklyn –preocupado por si se quedaba sin las cintas, por si se extinguían – le siguen durando, entonces cuando escribo
este post, ellos llevan ya 39 años de convivencia. Una relación que se remonta al
año 1974, cuando un antiguo compañero de la Facultad se la ofreció en un momento en el que
Auster no tenía dinero para hacerse con una. Desde entonces la máquina de
escribir Olympia le ha acompañado a todas partes, y ha seguido en pie sin apenas quejarse por nada (un
gritito al arrancarle el hijo de Auster la palanca de retroceso del carro,
cambios de cinta, alguna cicatriz, abolladuras…), y sobreviviendo a la llegada
–que se quitó del medio a tantas y tantas máquinas de escribir –de los
ordenadores. Yo empecé a parecer un enemigo del progreso, el último
pagano aferrado a las antiguas costumbres en un mundo de conversos digitales. p.28-29.
Esta
Olympia podríamos decir que es una más de la familia –alguien más y no algo –gracias a los retratos que ha hecho de ella Sam Messer, que
en cuanto la vio en la casa del escritor se enamoró. Unos retratos que luego le
sirvieron a Auster para hacerse más consciente de ella. Nos cuenta: Los
cuadros están ejecutados con brillantez, y me siento orgulloso de mi máquina de
escribir por haberse constituido en tan valioso tema pictórico, pero al mismo
tiempo Messer me ha obligado a ver de otro modo a mi vieja compañera. Aún me
encuentro en pleno proceso de adaptación, pero, ahora, siempre que contemplo
esos cuadros (tengo dos colgados en la pared del cuarto de estar), me resulta
difícil pensar en mi máquina de escribir como un eso. Sin prisa pero sin pausa, eso
se ha convertido en ella. p.42.
Y mientras leemos la historia que ha
escrito Auster sobre su vieja amiga y contemplamos las ilustraciones que la
acompañan de Messer, empezamos a sentir que esa máquina tiene vida propia.
Y nos acordamos de una frase de La
montaña mágica de Thomas Mann: aquella pieza, que pasaba de generación en
generación sin que el tiempo pasase por ella. Y se nos ocurre que quizá esa
máquina –como la radio de mi abuela, o los cuatro pequeños volúmenes de El
Quijote de mi abuelo –también pase de generación en generación; y
seguramente nosotros nos iremos antes que esa radio, que ese Quijote, y
que esa máquina de escribir que seguirá ahí cuando ya no estemos, aunque no sabemos si sirviendo con sus teclas
para contar otras historias o bien observando toda silenciosa desde algún desconocido lugar.
Pero
sí –y discúlpenme esta debilidad –a veces una cree que ellos tienen vida propia.
Patricia
L.D.
Paul Auster ya ha sido reseñado en más de una ocasión así que no necesita presentación.
Sam Messer ha expuesto sus pinturas
desde 1983. Sus obras se encuentran en numerosos museos y colecciones privadas
de todo el mundo, entre ellos el Museo Whitney de Arte Americano y el Museo
Metropolitano de Arte de Nueva York. Su libro anterior, One Man By Himself: Portraits of John Serl, fue publicado por Hard
Press en 1995. Vive en Santa Mónica, California, con su hija, y enseña en la Universidad de Yale.
La noche de los peones, Esteban Navarro
@EstebanNavarroS Tenía pendiente entre mis lecturas el que yo creía único libro de este autor, «La casa de enfrente» cuando ayer tuve la oportunidad de conocerle personalmente como invitado en una mesa redonda moderada por Lorenzo Silva organizada bajo los auspicios del «VI Getafe Negro», que versaba sobre «Asuntos internos: la policía ante la corrupción». Allí quedó claro que Esteban Navarro contaba con ocho libros en su haber y puedo dar testimonio de su intervención, valiente y comprometida, en una asunto tan espinoso como es el tema de la corrupción en los cuerpos policiales. A la salida, en un breve intercambio de palabras ante mi pregunta acerca de cuál de sus libros me recomendaba leer, su respuesta fue clara y concisa: «el último, siempre el último». Con ello, al llegar a casa y tras unos golpes de ratón a los pocos segundos tenía este libro, que ha sido publicado este mes y al increíble precio para una novedad de 2,84 euros, presto y dispuesto en mi «e-reader» para disfrutar de su lectura a lo largo de la tarde noche.
Toda la acción tiene lugar en una noche, concretamente la del martes o miércoles diecinueve o veinte de octubre de dos mil diez. Andrés Hernández es un policía nacional veterano adscrito a la sala del 091 de una comisaría de Huesca. Al comienzo del turno de noche se produce una llamada de un hospital donde le comunican que ha fallecido un «yonqui» que había manifestado ser amigo suyo y preguntado por él. Andrés se persona en el hospital, enfadado por no haber sido avisado con anterioridad, donde confirma conocer al finado, un amigo de infancia y adolescencia en su lugar de residencia en la costa catalana, pero al que no había visto desde las navidades de 1994. Le entregan una bolsa con sus pertenencias donde lo único que puede servir de pista es una fotografía polaroid de una mujer joven y sonriente tomada en un lugar indeterminado de la costa catalana. En prácticas en esa comisaría se encuentra Diana Dávila, joven de veintiún años con mucha vida a sus espaldas y también nacida y criada sin padre en una localidad cercana a la de Andrés en la costa catalana. A lo largo de la noche, entre muchos cafés y cigarros, de forma individual o conjunta, continuos «flashbacks» nos cuentan la vida y andanzas de ambos y del fallecido así como diversos episodios reales ocurridos por aquellos años en España: ¿se acuerdan de el Nani? La noche avanza sin que Andrés pueda hacer nada por averiguar más cosas y sobre todo la razón que ha traído a su antiguo amigo a venir a verle a él, precisamente, a Huesca, poco antes de morir. Una llamada desde un albergue de mendigos aporta una nueva bolsa de plástico con enseres del muerto, entre los que figura un teléfono móvil muy antiguo con seis números en la agenda que tampoco permiten aclarar nada. Resignado a esperar la llegada del nuevo día, Andrés ha dejado en un descuido la foto de la joven sonriente en la mesa, lo que provoca un acertado comentario de un compañero que desencadena toda una serie de hechos que producen un final sorprendente.
No puedo decir que el relato no engancha pues salvo las clásicas interrupciones familiares me lo leí de una sentada. Una prosa sencilla, cuidada, agradable, con los diálogos justos, nos pone en situación de las vidas nada comunes que han llevado los protagonistas, en un andamiaje perfectamente engarzado de los hechos relatados para acabar en un final sorprendente, que me atrevo a aventurar que no sospecha ningún lector. La historia está contada «desde dentro» pues no en vano el autor es policía nacional destinado en una comisaria de Huesca en estos momentos en la vida real, por lo que se percibe claramente que domina el lenguaje y las características del mundillo que nos describe. Por momentos podemos sentirnos inmersos en la noche de una comisaría de una forma auténtica, no siempre parecida a como nos las cuentan en series de televisión o películas, muchas de ellas americanas. Sin entrar en grandes berenjenales ni cuestiones metafísicas, el autor nos aporta algunas ideas muy interesantes sobre las características personales de los policías, personas como cualesquiera otras, que se devuelven con la formación que han recibido en la sociedad actual, que es como es. Las vidas de los «peones» avanzan hacia adelante, pueden detenerse, pero nunca retroceder y, si llegan a su destino, podrán convertirse en reinas, pero nunca reyes. En suma, un relato muy dinámico, vivo, plenamente actual y verosímil que nos hará pasar un buen rato de entretenimiento.
Toda la acción tiene lugar en una noche, concretamente la del martes o miércoles diecinueve o veinte de octubre de dos mil diez. Andrés Hernández es un policía nacional veterano adscrito a la sala del 091 de una comisaría de Huesca. Al comienzo del turno de noche se produce una llamada de un hospital donde le comunican que ha fallecido un «yonqui» que había manifestado ser amigo suyo y preguntado por él. Andrés se persona en el hospital, enfadado por no haber sido avisado con anterioridad, donde confirma conocer al finado, un amigo de infancia y adolescencia en su lugar de residencia en la costa catalana, pero al que no había visto desde las navidades de 1994. Le entregan una bolsa con sus pertenencias donde lo único que puede servir de pista es una fotografía polaroid de una mujer joven y sonriente tomada en un lugar indeterminado de la costa catalana. En prácticas en esa comisaría se encuentra Diana Dávila, joven de veintiún años con mucha vida a sus espaldas y también nacida y criada sin padre en una localidad cercana a la de Andrés en la costa catalana. A lo largo de la noche, entre muchos cafés y cigarros, de forma individual o conjunta, continuos «flashbacks» nos cuentan la vida y andanzas de ambos y del fallecido así como diversos episodios reales ocurridos por aquellos años en España: ¿se acuerdan de el Nani? La noche avanza sin que Andrés pueda hacer nada por averiguar más cosas y sobre todo la razón que ha traído a su antiguo amigo a venir a verle a él, precisamente, a Huesca, poco antes de morir. Una llamada desde un albergue de mendigos aporta una nueva bolsa de plástico con enseres del muerto, entre los que figura un teléfono móvil muy antiguo con seis números en la agenda que tampoco permiten aclarar nada. Resignado a esperar la llegada del nuevo día, Andrés ha dejado en un descuido la foto de la joven sonriente en la mesa, lo que provoca un acertado comentario de un compañero que desencadena toda una serie de hechos que producen un final sorprendente.
No puedo decir que el relato no engancha pues salvo las clásicas interrupciones familiares me lo leí de una sentada. Una prosa sencilla, cuidada, agradable, con los diálogos justos, nos pone en situación de las vidas nada comunes que han llevado los protagonistas, en un andamiaje perfectamente engarzado de los hechos relatados para acabar en un final sorprendente, que me atrevo a aventurar que no sospecha ningún lector. La historia está contada «desde dentro» pues no en vano el autor es policía nacional destinado en una comisaria de Huesca en estos momentos en la vida real, por lo que se percibe claramente que domina el lenguaje y las características del mundillo que nos describe. Por momentos podemos sentirnos inmersos en la noche de una comisaría de una forma auténtica, no siempre parecida a como nos las cuentan en series de televisión o películas, muchas de ellas americanas. Sin entrar en grandes berenjenales ni cuestiones metafísicas, el autor nos aporta algunas ideas muy interesantes sobre las características personales de los policías, personas como cualesquiera otras, que se devuelven con la formación que han recibido en la sociedad actual, que es como es. Las vidas de los «peones» avanzan hacia adelante, pueden detenerse, pero nunca retroceder y, si llegan a su destino, podrán convertirse en reinas, pero nunca reyes. En suma, un relato muy dinámico, vivo, plenamente actual y verosímil que nos hará pasar un buen rato de entretenimiento.
jueves, 24 de octubre de 2013
El caballero de la armadura oxidada, de Robert Fisher
Recomendado por la mañana en un cursillo sobre autogestión personal de las emociones, llegar a casa y leerlo de un tirón fue todo uno. «Aquí te pillo y aquí te mato» digo te rescato y te leo Ya había oído hablar de este librito algo más de quince mil vocablos hace tiempo, pero permanecía olvidado en uno de los muchos rincones de los libros pendientes y nunca le llegaba la hora. Libro de autoayuda y motivación, puede ayudarnos a descubrir si llevamos una coraza imaginaria que nos dificulta nuestro deambular por la vida y hacemos montañas de cosas insignificantes.
El caballero tiene un dilema: se encontraba atrapado en su armadura ocultando sus limitaciones y tapando sus posibilidades cuando se da cuenta de que está a punto de perder a su familia por culpa de esa armadura. Decide deshacerse de ella, yendo a buscar a Merlín, el mago, que le encamina al sendero de la verdad donde tendrá que pasar por una serie de pruebas en los castillos del silencio, el conocimiento y la osadía para alcanzar la cima de la verdad que implica conocerse y aceptarse como realmente es y por ende alcanzar la felicidad propia y de los que le rodean.
Sam es el «yo» interior del caballero que va ganando presencia a medida que el caballero va avanzando en su propio descubrimiento y mejoramiento personal. Un libro sencillo y revelador que se lee en un santiamén y que puede aportarnos algunas claves para ayudarnos a enfrentar los problemas de la vida diaria.
Algunas frases extraídas del texto
El caballero tiene un dilema: se encontraba atrapado en su armadura ocultando sus limitaciones y tapando sus posibilidades cuando se da cuenta de que está a punto de perder a su familia por culpa de esa armadura. Decide deshacerse de ella, yendo a buscar a Merlín, el mago, que le encamina al sendero de la verdad donde tendrá que pasar por una serie de pruebas en los castillos del silencio, el conocimiento y la osadía para alcanzar la cima de la verdad que implica conocerse y aceptarse como realmente es y por ende alcanzar la felicidad propia y de los que le rodean.
Sam es el «yo» interior del caballero que va ganando presencia a medida que el caballero va avanzando en su propio descubrimiento y mejoramiento personal. Un libro sencillo y revelador que se lee en un santiamén y que puede aportarnos algunas claves para ayudarnos a enfrentar los problemas de la vida diaria.
Algunas frases extraídas del texto
¿Cómo podréis cuidar de ellos si ni siquiera podeis cuidar de vos mismo?
No solo había hablado con una paloma y una ardilla sino que, además, las había hecho enfadar a las dos en el mismo día
Acabais de dar el primer paso para libraros de vuestra armadura.
¿Y cuando fue la última vez que sentisteis el calor de un beso, olisteis la fragancia de una flor o escuchasteis una hermosa melodía sin que vuestra armadura se interpusiera entre vosotros?
El primer castillo se llama silencio, el segundo conocimiento y el tercero voluntad y osadía. Una vez hayais entrado en ellos, encontrareis la salida cuando hayais aprendido lo que habeis ido a aprender.
… durante toda su vida había perdido el tiempo hablando de lo que había hecho y de lo que iba a hacer. Nunca había disfrutado de lo que pasaba en el momento.
El caballero lloró aún más al darse cuenta de que si no se amaba, no podía amar realmente a otros.
Decidió que era verdad, que el tiempo transcurría con rapidez cuando se escuchaba a sí mismo. Recordó cuantas veces el tiempo se hacía eterno mientras él esperaba que otras personas lo llenaran.
miércoles, 23 de octubre de 2013
El futuro del libro, de Geoffrey Nunberg
Lo primero que hay que tener muy en cuenta es la fecha de publicación de este libro: 1996. Esto es fundamental para poner en su lugar las ideas vertidas en él sí lo miramos con el prisma de los conocimientos actuales. En los diecisiete años transcurridos, algunas de las afirmaciones en él contenidas, como veremos, han quedado completamente obsoletas dados los cambios ocurridos en la tecnología, los archiperres (aparatos con pantallas) y el desarrollo de la «world wide web» que si bien existía por aquel entonces, su acceso generalizado estaba todavía por desarrollar. Geoffrey Nunberg es el «compilador» que ha reunido en estás poco más de trescientas páginas impresas las opiniones de una docena de autores. El éxito y eco de este libro estuvo, y está aún, en la apostilla de un por todos conocido Umberto Eco.
Empezando por el final, Umberto Eco llama nuestra atención sobre la frase acuñada por Víctor Hugo y puesta en boca del jorobado de Notre Dame: «ceci tuera cela» que podríamos traducir, llevándola al terreno que nos ocupa, por «esto matará aquello». A lo largo de la historia se han sucedido estos «asesinatos» y seguirán ocurriendo como consecuencia de la evolución y el desarrollo de la tecnología.
En todo caso este libro es de difícil lectura, pues en muchas ocasiones los autores se «van por las ramas» en disquisiciones cuasi filosóficas que con el paso del tiempo han perdido interés. Hace años los escritores se devanaban los sesos para transferirnos por el lenguaje escrito la belleza de un paisaje o las características físicas de un personaje. Luego llegaron las imágenes a los libros y ahora pueden hasta tener movimiento y sonido si estamos visualizando contenidos en una tableta. Frases tales como «nadie va a sentarse a leer una novela en una ridícula pantallita», «nadie se va a meter en la cama con un ordenador», «escribir sin libro es como una agricultura sin tierra», «uno de los principales problemas del ordenador es la tosca resolución de las pantallas» se han contestado o rebatido por si solas con el paso de los años.
Enciclopedias y diccionarios cayeron hace muchos años en desuso primero con los CD-ROM's y luego incluso estos cedieron el paso a internet. Recuerdo los primeros años de la Encarta en los que leer los artículos con imágenes en movimiento y sonido era un placer, pero que ya ha quedado desfasado.
«Hay que ser prudentes con la trivialización y el desprecio hacia el pasado, no sólo porque podemos perder documentos importantes, sino también análisis culturales muy valiosos conseguidos con viejas tecnologías de comunicación, mientras estamos inmersos en el proceso de construir otras nuevas» Es difícil evaluar una cosa cuyo alcance desconocemos, pero aferrarse a lo antiguo esgrimiendo únicamente su antigüedad no parece una apuesta coherente ni de futuro. Muchas disciplinas, véase música, cine, fotografía, han migrado a soportes digitales con un cambio profundo y radical de sus planteamientos. La revolución ha traído la inmediatez, el intercambio sin retrasos, la posibilidad de cambio y corrección en cualquier instante. ¿Es esto bueno? ¿Es malo? La producción de documentos se ha socializado de tal forma que es casi imposible poner impedimentos a la circulación de los mismos: el que yo escriba un texto, o un libro, y que alguien lo pueda leer al instante siguiente en cualquier lugar del mundo y mandarme sus impresiones puede ser visto como una ventaja o un quebranto, según su uso. Por el contrario, una desventaja es la cantidad de documentos que hay en circulación, muchos de ellos reelaborados a partir de otros y que dificultan la localización de lo que verdaderamente nos interesa.
¿Cuál es la mejor forma de proceder en el futuro? Pues tendremos que esperar a que ese futuro llegue y nos desvele las implicaciones del cambio de soporte de físico a digital. Mientras tanto, cada cual elegirá los caminos que le parezcan más adecuados dentro de las posibilidades disponibles a su alcance. Una vez más el tiempo dará o quitará razones.
Empezando por el final, Umberto Eco llama nuestra atención sobre la frase acuñada por Víctor Hugo y puesta en boca del jorobado de Notre Dame: «ceci tuera cela» que podríamos traducir, llevándola al terreno que nos ocupa, por «esto matará aquello». A lo largo de la historia se han sucedido estos «asesinatos» y seguirán ocurriendo como consecuencia de la evolución y el desarrollo de la tecnología.
En todo caso este libro es de difícil lectura, pues en muchas ocasiones los autores se «van por las ramas» en disquisiciones cuasi filosóficas que con el paso del tiempo han perdido interés. Hace años los escritores se devanaban los sesos para transferirnos por el lenguaje escrito la belleza de un paisaje o las características físicas de un personaje. Luego llegaron las imágenes a los libros y ahora pueden hasta tener movimiento y sonido si estamos visualizando contenidos en una tableta. Frases tales como «nadie va a sentarse a leer una novela en una ridícula pantallita», «nadie se va a meter en la cama con un ordenador», «escribir sin libro es como una agricultura sin tierra», «uno de los principales problemas del ordenador es la tosca resolución de las pantallas» se han contestado o rebatido por si solas con el paso de los años.
Enciclopedias y diccionarios cayeron hace muchos años en desuso primero con los CD-ROM's y luego incluso estos cedieron el paso a internet. Recuerdo los primeros años de la Encarta en los que leer los artículos con imágenes en movimiento y sonido era un placer, pero que ya ha quedado desfasado.
«Hay que ser prudentes con la trivialización y el desprecio hacia el pasado, no sólo porque podemos perder documentos importantes, sino también análisis culturales muy valiosos conseguidos con viejas tecnologías de comunicación, mientras estamos inmersos en el proceso de construir otras nuevas» Es difícil evaluar una cosa cuyo alcance desconocemos, pero aferrarse a lo antiguo esgrimiendo únicamente su antigüedad no parece una apuesta coherente ni de futuro. Muchas disciplinas, véase música, cine, fotografía, han migrado a soportes digitales con un cambio profundo y radical de sus planteamientos. La revolución ha traído la inmediatez, el intercambio sin retrasos, la posibilidad de cambio y corrección en cualquier instante. ¿Es esto bueno? ¿Es malo? La producción de documentos se ha socializado de tal forma que es casi imposible poner impedimentos a la circulación de los mismos: el que yo escriba un texto, o un libro, y que alguien lo pueda leer al instante siguiente en cualquier lugar del mundo y mandarme sus impresiones puede ser visto como una ventaja o un quebranto, según su uso. Por el contrario, una desventaja es la cantidad de documentos que hay en circulación, muchos de ellos reelaborados a partir de otros y que dificultan la localización de lo que verdaderamente nos interesa.
¿Cuál es la mejor forma de proceder en el futuro? Pues tendremos que esperar a que ese futuro llegue y nos desvele las implicaciones del cambio de soporte de físico a digital. Mientras tanto, cada cual elegirá los caminos que le parezcan más adecuados dentro de las posibilidades disponibles a su alcance. Una vez más el tiempo dará o quitará razones.
«El viejo todavía no ha dicho su última palabra, y tampoco probablemente los futuros pequeños Sartres, con sus aulas equipadas con pantallas de ordenadores flexibles, ultrafinos y ultraligeros, desearán todavía, durante un tiempo, con la esperanza de salvar su alma, un esqueleto de "cartón y cuero", con su "carne de papel" que huela a "cola y champiñones"».
martes, 22 de octubre de 2013
El sanatorio de oficiales, de Ricardo Ruiz de la Sierra
Publicado en 2012, se trata del segundo libro de este autor, Ricardo Ruiz de la Sierra, que lucha denodadamente por hacerse un hueco en la literatura actual, concibiendo todo lo posible y lo imposible, tras escribir sus libros, por verlos maquetados, corregidos y puestos en las manos de los lectores, vamos, aquello de «Juan Palomo, yo me lo guiso y yo me lo como» Sus otros dos libros, «La triste reina» publicado en 2001 y «El funcionario prudente», publicado este año, han sido comentados en el blog y se puede acceder a ellos a través de los enlaces. Ricardo, de profesión veterinario, anda por el mundillo literario presentando sus libros y participando activamente en tertulias y ateneos como actividades complementarias a sus escritos.
«El sanatorio de oficiales» está concebido como obra teatral, por lo que contienen escuetas anotaciones acerca de cómo configurar el escenario, elementos y luces, para su representación, pero puede ser leído como una novela. La acción tiene lugar en 1946, nueve años después de acabada la Guerra Civil Española en un sanatorio ubicado en un lugar no especificado en, o cerca de, la malagueña localidad de Ronda. Entre otros enfermos, Francisco, capitán del ejército español del lado vencedor, está recuperándose de una tuberculosis. Medio en sueños, medio en vela, mantiene conversaciones con una enfermera, consigo mismo y con dos «fantasmas» que les escuchan y que son su suegro José, al que no llego a conocer en vida pues fue fusilado al comienzo de la contienda y un fiscal al que le ocurrió lo propio pero al final de la misma. En estas conversaciones rememora su niñez manchega, su oposición al cuerpo de Telégrafos y cómo llegó sin quererlo y presionado por su teniente a convertirse en alférez al serle sorprendido el Alzamiento cuando realizaba el servicio militar obligatorio en Melilla. Durante su estancia en el sanatorio, una enfermera le atiende, le consuela y le escucha sus cuitas y desvelos, ofreciéndole su apoyo y su comprensión en una feroz lucha interna por poner en orden sus pensamientos y sentimientos. Al final, como es «marca de la casa» en los libros de este autor, un giro a todas luces inesperado nos sorprenderá a buen seguro.
Librito de apenas veintitrés mil vocablos que se lee en un suspiro. El autor no se entretiene en florituras y expresa multitud de ideas y datos concernientes a los hechos más relevantes de la Guerra Civil y sus antecedentes. En un tono absolutamente conciliador, narra diferentes hechos ocurridos engarzados a través de la vida de los tres personajes de la obra: un capitán del ejército vencedor, un patrono católico representado en la figura de su suegro y un fiscal que además fue magistrado y político. Si no conocemos con detalle datos de aquella pelea entre hermanos, este libro nos puede venir muy bien para asentar unas cuantas ideas que nos sirvan de base para indagar más en estos luctuosos hechos en los que perdieron todos, vencedores y vencidos. Es bueno conocer la historia para prevenir que se repita. Por otro lado y como es también costumbre en este autor, embebidas en el texto podemos encontrar numerosas reflexiones humanas y psicológicas que nos darán que pensar.
«El sanatorio de oficiales» está concebido como obra teatral, por lo que contienen escuetas anotaciones acerca de cómo configurar el escenario, elementos y luces, para su representación, pero puede ser leído como una novela. La acción tiene lugar en 1946, nueve años después de acabada la Guerra Civil Española en un sanatorio ubicado en un lugar no especificado en, o cerca de, la malagueña localidad de Ronda. Entre otros enfermos, Francisco, capitán del ejército español del lado vencedor, está recuperándose de una tuberculosis. Medio en sueños, medio en vela, mantiene conversaciones con una enfermera, consigo mismo y con dos «fantasmas» que les escuchan y que son su suegro José, al que no llego a conocer en vida pues fue fusilado al comienzo de la contienda y un fiscal al que le ocurrió lo propio pero al final de la misma. En estas conversaciones rememora su niñez manchega, su oposición al cuerpo de Telégrafos y cómo llegó sin quererlo y presionado por su teniente a convertirse en alférez al serle sorprendido el Alzamiento cuando realizaba el servicio militar obligatorio en Melilla. Durante su estancia en el sanatorio, una enfermera le atiende, le consuela y le escucha sus cuitas y desvelos, ofreciéndole su apoyo y su comprensión en una feroz lucha interna por poner en orden sus pensamientos y sentimientos. Al final, como es «marca de la casa» en los libros de este autor, un giro a todas luces inesperado nos sorprenderá a buen seguro.
Librito de apenas veintitrés mil vocablos que se lee en un suspiro. El autor no se entretiene en florituras y expresa multitud de ideas y datos concernientes a los hechos más relevantes de la Guerra Civil y sus antecedentes. En un tono absolutamente conciliador, narra diferentes hechos ocurridos engarzados a través de la vida de los tres personajes de la obra: un capitán del ejército vencedor, un patrono católico representado en la figura de su suegro y un fiscal que además fue magistrado y político. Si no conocemos con detalle datos de aquella pelea entre hermanos, este libro nos puede venir muy bien para asentar unas cuantas ideas que nos sirvan de base para indagar más en estos luctuosos hechos en los que perdieron todos, vencedores y vencidos. Es bueno conocer la historia para prevenir que se repita. Por otro lado y como es también costumbre en este autor, embebidas en el texto podemos encontrar numerosas reflexiones humanas y psicológicas que nos darán que pensar.
… charlamos, siempre de lo mismo: de la guerra, supongo que es una forma de poner mis recuerdos en orden, mis contradicciones y mis dudas, lo que pasa es que a veces creo que ellos tienen vida propia, como los personajes de una novela que se les escapan al autor, a mí me cuentan cosas que yo desconozco.
Capitán- Pues conmigo has hecho mucha labor de psicóloga.
Enfermera- O de charcutera, con eso de las penas al sol como los jamones. (Él rió). Bueno ¿y esos dos fantasmas que te han visitado?
Capitán- Ahora que los nombras, esta noche he soñado con ellos, y que tenía doce hijos.
Enfermera-¡Qué barbaridad!
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