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jueves, 2 de mayo de 2013

LA LIBERTAD SEGÚN HANNAH ARENDT, de Maite Larrauri/Max

La libertad según Hannah Arendt
Autora: Maite Larrauri
Ilustrador: Max
Páginas: 103
14,50 euros.


Hace poco descubrí en la Biblioteca Pública de El Escorial la colección de Tándem Ediciones, “Filosofía para profanos”, una colección dedicada al ámbito del pensamiento que tiene como objetivo “facilitar el acceso a la filosofía de algunos autores, no explicando sus vidas o resumiendo sus teorías, sino ofreciendo, para cada uno de ellos, una llave con la que puedan ser leídos”. En las estanterías tenían dos libros de esta colección: “La amistad según Epicuro” y “La libertad según Hannah Arendt”. Me decidí por el segundo.

            La autora, Maite Larrauri, empieza este libro contándonos la extrañeza que le causó encontrar en un artículo sobre la vida de Hannah Arendt (1906-1975)  escrito por su amiga Mary McCarthy (1912-1989) un halago a la belleza de sus piernas. Recordé entonces “Friedrich Nietzsche en sus obras” de Lou Andreas Salomé y busqué en sus primeras páginas: “Incomparablemente hermosas y de noble formación, hasta atraer de manera involuntaria hacia ellas la mirada, eran las manos de Nietzsche, de las que él mismo creía  que revelaban su espíritu”. Unas piernas, unas manos. Una buena manera de introducirnos en la obra de dos pensadores, Hannah Arendt en el artículo de Mary McCarthy, Friedrich Nietzsche en el libro de Lou Andreas Salomé, a través de sus cuerpos; una buena manera de no olvidar que la filosofía no nace de seres etéreos que hablan de ideas gaseosas. Quizá por ese motivo no le gustaba a Hannah Arendt que la denominasen filósofa: “ya que Arendt no se identifica con los filósofos que <<adoptan el color de los muertos>>, esto es, que entienden que deben liberarse del cuerpo y situarse al margen de la humanidad común y corriente”.

            Maite Larrauri luego se sumerge –nos sumerge- en el pensamiento de Arendt haciéndolo latir, dándole vida gracias a su exposición, a los párrafos elegidos de la obra de Hannah Arendt, y a los estupendos dibujos de Max.

            ¿En qué consiste “pensar”? ¿Por qué es peligroso hacerlo? ¿y no hacerlo, qué consecuencias tendría? ¿Cuándo coinciden el pensar y el actuar? ¿qué entendemos por libertad? Nos iremos a la plaza pública ateniense, nos encontraremos con Sócrates –¡ese tábano, ese pez torpedo, esa comadrona!- y nos veremos sometidos, como se veían sometidos los que se encontraban con él, a un sinfín de preguntas.

            p.23: “Pensar es una actividad más parecida a la que realizaba Penélope, que tejía durante el día y destejía durante la noche. Pero, a pesar de la ausencia de conclusiones definitivas, pensar nos impide ser crédulos y obedientes, no nos dejaremos tan pronto convencer por lo que todos dicen o por lo que dicten las modas o por los discursos oficiales. Nos habremos vuelto más atentos hacia lo particular, nos habremos alejado de las creencias comunes.
            Eso no significa que Arendt esté de acuerdo con el repetido dicho de que “pensar nos hace libres”: sólo pensar no nos hace libres, porque la libertad se muestra en la acción, en la intervención en el mundo para hacer aparecer algo que previamente no existía. Pensar es un ejercicio en soledad y, en cambio, ser libre es actuar, lo que requiere la participación de otros seres humanos.”

            “La libertad según Hannah Arendt”, como en los objetivos señalados al principio de esta colección es nada más –ni nada menos –que una llave para abrir la obra de Arendt, porque seguramente despertará a muchos lectores el deseo de leerla.

            En junio se estrenará la película “Hannah Arendt” de Margarethe von Trotta. Se centra en la época que Arendt estuvo como reportera en la revista The New Yorker en el proceso contra el teniente coronel de las SS Adolf Eichmann y que dio lugar a su libro “Eichmann en Jerusalén. Un estudio sobre la banalidad del mal.”
           
            Patricia L.D.
           

Otros libros de la colección "Filosofía para profanos":
- El deseo según Gilles Deleuze.
- La sexualidad según Michel Foucalut.
- La guerra según Simone Weil.
- La felicidad según Spinoza.
- La potencia según Nietzsche.
- La amistad según Epicuro.
- El ejercicio según Marco Aurelio.
- La educación según John Dewey.

lunes, 11 de marzo de 2013

PERSONA, de Julián Marías.


Persona, de Julián Marías.
Alianza Editorial, 1996.
188 páginas.
 "Hay que insistir en la idea de que la persona es alguien corporal: alguien, no algo."
                                De una conferencia de Julián Marías.

Hace unos días me encontré con Javier Lee, compañero de blog y compañero del club de lectura, en la biblioteca de San Lorenzo de El Escorial. Seguí su recomendación y cogí una película de un director y escritor que hemos reseñado por aquí: Philippe Claudel. La película me gustó mucho, pero hoy no quería comentar esa película, sino cómo en ese espacio público que es nuestra biblioteca a la vez que espacio para muchos ensimismamientos, entre recomendaciones y una conversación acerca de nuestros trabajos, cada uno de nosotros ya estaba seleccionando sus libros para llevárselos después. Es decir, que de modo simultáneo estábamos intercambiando opiniones y –sin comunicárnoslo el uno al otro –elegíamos proyectos de lectura para los próximos días: esos libros, que al poco rato, estaríamos cogiendo en préstamo.

            Uno de los que elegí fue “Persona”, de Julián Marías (1914-2005). Un ensayo del filósofo, en el que intenta esclarecer qué es la persona, y en el que nos podemos encontrar con las ideas –que me han llevado a introducir el libro como lo he hecho –del ensimismamiento (retracción o retiro a la interioridad) y la convivencia (relación interpersonal). Julián Marías no se centra más en una de las dos, por la sencilla razón, que no concibe la persona sino en la simultaneidad de ambas. p.41: Junto a su esencial apertura, la persona es un <<dentro>>, un ámbito (…) no consiste solo en actos y gestos, sino a la vez, en inextricable mezcla con ellos, imágenes, recuerdos, evocaciones, expectativas, deseos, nostalgias, sentimientos de toda índole que coexisten con la vida exterior, de la que son testigos los demás. En ambos <<mundos>> vive simultáneamente el hombre.

            Me acuerdo, ahora, de la secuencia de “Annie Hall” (Woody Allen, 1977) en la que los personajes de Diane Keaton (Annie) y Woody Allen (Alvy Singer), aparecen –poco después de conocerse –conversando en la terraza de un piso. Por un lado asistimos a lo que se dicen, al diálogo que mantienen, y por otro lado vemos los pensamientos que no se dicen, el diálogo que mantienen cada uno de ellos, con sus respectivos gustos, deseos, proyectos, etc.

Un guiño a esta escena lo encontramos en “500 días juntos” (Marc Webb, 2009) donde Joseph Gordon-Levitt (Tom) va a casa de su exnovia, Zooey Deschanel (Summer) y por un lado se muestra en la mitad de la pantalla lo que está ocurriendo (realidad) y en la otra mitad lo que le gustaría a Tom que ocurriese (expectativas). Secuencias que nos sirven como ejemplos de andar por casa, sobre lo que Julián Marías dice también acerca de la persona, y que guarda relación con nuestra distensión temporal (no somos simplemente presente). P.122-124: Lo decisivo, lo que da a la persona un puesto único en el conjunto de todo lo conocido con intuición y que permite la experiencia, es la inclusión de la irrealidad en su realidad. Podríamos decir que lo real no es más que real, y en ese sentido, presente. La persona, no: es desde luego pasado y futuro, memoria de lo que fue, y que sigue actuando, formando parte de lo que <<es>>, y sobre todo futuro incierto, anticipación o proyecto, y consiste primariamente en ello.
La persona, por ese componente de irrealidad del que habla Julián Marías, está en proceso, somos constante innovación, ya que no tenemos una constitución prefijada, dada, cerrada, y por lo tanto, no se puede decir de una persona <<esto es>>. P.32: El animal está <<dado>>, no solo en lo que es como organismo, sino en el repertorio de sus acciones que tiene que realizar; pero que están ya determinadas por su especie; en eso consiste su naturaleza. En el hombre, por el contrario, se introduce la irrealidad –el futuro incierto –como constitutivo de su realidad, ya que está presente proyectivamente en la persona. El repertorio de sus acciones posible, no solamente no está realizado, sino que no está ni siquiera dado como pauta fija, ya que la persona es libertad intrínseca e inseguridad.

            Ligadas a estas ideas que nos pueden ayudar a comprender qué es la persona, Julián Marías nos habla de la vocación, del amor, de la amistad, de la función que ha tenido la literatura a la hora de entender qué es la persona, de la autenticidad/inautenticidad… Después de leer el libro y escribir estas pocas líneas sobre él, me pregunto: ¿pero todo esto se puede meter en un librito de 180 páginas? Creo que no. Creo que este ensayo, como tantos otros, es una invitación a seguir dando vueltas a temas que siempre tendrían que estar repensándose, y para referirnos a ellos, tomamos prestadas  palabras que dedica Marías a la persona: están siempre abiertos, son inagotables, tienen siempre nuevas posibilidades no ensayadas. Quizá, este ensayo sea una llamada a la reflexión –si es que no la hacemos día tras día - a cada uno de nosotros para ir ensayando esas otras posibilidades, y de las que dependerá en gran medida nuestra forma de interactuar con los demás y de vivir nuestra vida.

             Difícil entender el lugar al que se está relegando ¿hoy? a la Filosofía. Difícil también encontrar libros como “Persona”, y no lo digo porque no se escriban libros que nos puedan interesar tanto como el de Marías, sino porque es difícil hacerse con él. Por iberlibro he visto que lo tienen en unas pocas librerías y como lleva años descatalogado su precio oscila entre los 25 euros y los 126.  En fin. Menos mal que todavía es posible descubrirlo (no había oído hablar de él) en algunas bibliotecas públicas que no han tenido que cerrar sus puertas.

            Puede resultar interesante, después de leer este libro, ver “El séptimo continente” (Michael Haneke, 1989) para descubrir en imágenes la despersonalización y el ocultamiento de la persona, también temas que investiga Marías. Agradezco a Rubén R. su propuesta de visionarla. Ha sido un acierto.

            pp.28-29: La despersonalización, que no puede ser total, hace que algunos lleguen a la muerte, al balance total, con una impresión desoladora: <<no he vivido>>. Lo interesante es que puede coincidir con una vida llena de acción, contenidos y éxitos; pero todo se siente <<ajeno>>, un error respecto a lo que había tenido que ser la vida de esa persona única, que se descubre, diríamos, en hueco, al entrar en últimas cuentas consigo.

            p.50: La dispersión habitual de la vida hace problemática la concentración, condición imperiosa para el hallazgo de la propia persona. (…) Es improbable que el hombre de nuestro tiempo se pregunte por su destino último, lo que le haría tropezar con su realidad personal, porque su atención está absorbida por las noticias, por las preocupaciones impuestas por la burocracia, las regulaciones de todo orden, los quehaceres profesionales, raras veces conexos con la vocación, la anticipación de la percepción de las subvenciones, jubilaciones, pensiones, servicios públicos, hasta una muerte vista con ojos <<administrativos>> y que se presenta como un mero término de la vida, sin lugar a un balance personal y un interrogante acerca de la posibilidad de un destino ulterior.

            p.125: el hombre sabe que podría no haber nacido, y esto lo obliga a la vez a imaginar y proyectar su vida y a justificarla, a tratar de darle sentido –se entiende, buen sentido, ya que la posibilidad del absurdo acompaña a la conciencia de contingencia, es una permanente tentación.

Patricia L.D.

domingo, 7 de octubre de 2012

Sonata para perdedores, de José Manuel Campillo Ortega.

 Acerca de la confesión, nos dice María Zambrano en un libro titulado La confesión: género literario: Sin una profunda desesperación el hombre no saldría de sí, porque es la fuerza de la desesperación la que le hace arrancarse hablando de sí mismo, cosa contraria del hablar. Más adelante: huida de sí y expresión de alguna culpa, de un yo que se quiere rechazar.

El protagonista de Sonata para perdedores, de José Manuel Campillo Ortega, siente esa desesperación, y por eso se lanza a expresar la culpa, liberarla, hablar de sí mismo. Le sirve de confidente su amigo Arturo. Aunque al otro lado de las páginas, nosotros también prestamos nuestros oídos. Y escuchamos: Hace tiempo yo maté a una mujer.
                       
Jaime confiesa una parte de su vida bañada por la traición, el crimen y la mentira. Y esa parte de su vida tiene lugar en Florencia, la ciudad que elige para poner fin a sus días.

Nos encontramos con una persona cansada, sin ninguna ilusión, hastiada de todo, que decide coger todos sus ahorros y marcharse a la ciudad que le verá por última vez, y donde tiene la intención de exprimir hasta el último minuto y hacer todo aquello que nunca ha hecho. Antes del último adiós, antes de suicidarse, quiere que lo imprevisible forme parte de su vida; dejar a un lado la rutina, el orden. Cada momento, vivirlo con intensidad. En definitiva: no pensar la vida, sino vivirla.  

Y que mejor ciudad para despedirse de ese modo que una llena de belleza. Jaime emprende el último viaje a una ciudad rebosante de luz,  pero sobre todo, lo que emprende Jaime es un viaje que le llevará a mirar hacia su interior. Y el interior de Jaime es como la iglesia de San Marcos: quizá no exista otra iglesia en Florencia que resalte mejor la fuerza de la luz en su lucha contra las tinieblas.

Leer Sonata para perdedores me ha traído por su atmósfera, el recuerdo de sensaciones que tuve leyendo El lobo estepario, Fausto, El retrato de Dorian Gray, o El jugador. Porque en ella nos encontramos a un hombre distanciado de la sociedad, que quiere quitarse la máscara, que le cansa llevarla; encontramos un pacto con el diablo; y nos encontramos a alguien que quiere que unos jóvenes dibujen su cuerpo pero que les pase desapercibida su alma decrépita, envejecida y carente de alegría. Me recuerda también porque hay juego, apuestas: No son unas partidas de ajedrez. Son las partidas. En estas se comienza jugando dinero y se acaba vendiendo el alma al diablo. Y a Jaime le gusta apostar: y entre partida y partida llegó la noche que marcó el devenir de mi vida. La que dio comienzo al canalla en el que luego me convertí.

 Como le dice Jaime a su confidente Arturo,acomódate, nosotros debemos hacer lo mismo.  Acomodarnos y seguir leyendo, escuchando.

También me recuerda a esas historias, por la gran cantidad de fragmentos para subrayar y pensar.  En mi caso, cinco folios: anverso y reverso.

Sonata para perdedores suena a otra época, pero con interrogantes que nos acompañan en todas. Me sorprende para bien que un libro como éste lo lean chicos  y chicas de 4º de la ESO y 1º Bachillerato (Psicología). 

Después de leer Kubrick y la filosofía, me apetecía leer algo más de José Manuel Campillo. Me gusta la apuesta que hace su autor, tanto en el ensayo como en la ficción. Se agradece tener la oportunidad de pasar un buen rato, pero siempre acompañado de un plus que nos lleve un poco más allá. O más acá.
                   
Unos veinte minutos después entró en una librería. No estaba muy seguro de que debiera hacer lo mismo, pero la curiosidad me pudo. Quería saber sus gustos literarios. Era consciente de que las distancias se acortaban y que la decisión no era muy acertada, pero las librerías siempre han sido mis santuarios particulares y ahora que ella profanaba uno de ellos quería saber por qué o por quién lo hacía.

Y yo te pregunto, ¿tú por quién o por qué  profanas las librerías? y de paso os recomiendo la librería La Central que han abierto hace poco en Callao (Madrid). Para quedarse a vivir allí.   

Patricia L.
Nota:  Se puede adquirir Sonata para perdedores  en versión Kindle por 0, 99 euros; y en formato papel por 15; el libro de “Kubrick…” desde hace unos días está disponible en papel por 8,80 euros; y en versión Kindle por 2,87.
                                                                                                                                                       

sábado, 9 de junio de 2012

Kubrick y la Filosofía, de José Manuel Campillo Ortega


Sin ser  Kubrick mi director favorito, la primera experiencia con el mundo de los e-books ha sido Kubrick y la Filosofía, de José Manuel Campillo Ortega. Que eligiera este libro y no cualquier otro, supongo que guarda relación con el hecho de que me dejaran una caja con todas las películas del cineasta. Y es que a Kubrick quería darle otra oportunidad.

 Cuando terminé de leer este libro pensé que qué motivador hubiese sido tener una asignatura con los contenidos y la metodología que encontramos en  él. Acercarnos a cuestiones que nos tocan tan de cerca, por formar parte ineludible de nuestra existencia, como son el valor, el miedo, la amistad, el respeto, las obsesiones, la libertad, el poder, el azar, las convenciones sociales, el sexo, los sueños, el carisma, la violencia, los errores, etc., a través de la obra de un cineasta tan estéticamente atrayente como Kubrick. Porque uno puede ser fan o no de Kubrick, incluso puede amarle u odiarle, pero todos guardamos en un lugar de nuestra memoria imágenes de algunas de sus películas. El maestro de la imagen por excelencia pone el énfasis (aunque no sea consciente del todo) en ella, no en la palabra. Y como más adelante señala Campillo, esas imágenes son inseparables de la música que las acompañan: Así habló Zaratustra, el Danubio Azul, la Novena Sinfonía

J.M. Campillo Ortega plantea y analiza de un modo accesible, pero sin perder el rigor que bien se merecen, los temas mencionados más arriba, desmigando –con el acierto de no desvelar los finales de los films, o claves que considera que debemos ser nosotros, los espectadores, quienes las investiguemos –once películas. Pondré al lado de ellas, en cursiva, los libros y autores elegidos por Kubrick para hacer su adaptación al cine, ya que estamos en A leer que son 2 días, y aunque el libro que toca es Kubrick y la Filosofía, puede que su lectura nos abra el apetito de muchas otras:  

1. Atraco perfecto.  Clean Break, de Lionel White.
2. Senderos de gloria. Senderos de gloria, de Humphrey Cobb.
3. Espartaco.  Espartaco, de Howard Fast.
4. Lolita. Lolita, de Vladimir  Nabokov
5. ¿Teléfono rojo? Volamos hacia Moscú. Red Alert, de Peter George.
6. 2001: Una odisea del espacio.  El centinela, de Arthur C. Clarke.
7. La naranja mecánica. La naranja mecánica, de Anthony Burgess.
8. Barry Lyndon. La suerte de Barry Lyndon, de William M. Thackeray.
9. El resplandor.  El resplandor, de Stephen King.
10. La chaqueta metálica. The short-times, de Gustav Harford.
11. Eyes Wide Shut. Relato soñado, de A. Schnitzler.  

Como compañeros para su ensayo, para su homenaje al director, el autor ha elegido a Freud, Jung, Platón, Aristóteles, Hume, Marx, Pavlov, Nietzsche, Hobbes, Rousseau, Sartre, Foucault, entre muchos otros, sirviéndose del acercamiento a estos pensadores para comprender más y mejor eso que llamamos <<la condición humana>>.  (Con una bibliografía al final que es todo un postre). Y todos girando alrededor de Kubrick, de sus historias. Algo importante: no es necesario haber visto las películas del cineasta para seguir el ensayo, aunque después de leerlo apetecerá verlas. Como apetecerá leer, ¡por fin! Lolita de Nabokov. Y Relato soñado, la novela de A. Schnitzler que Campillo Ortega califica de <<extraordinaria>>.

En el documental Stanley Kubrick: Una vida en imágenes,  Woody Allen al comentar 2001: Una odisea en el espacio, dice que la primera vez que vio esta película no le gustó nada. Luego una amiga le transmitió su entusiasmo por ella, y decidieron ir otra vez al cine. En esa ocasión le gustó bastante más. Y a la tercera, la vencida: le entusiasmó. Esta anécdota, también le sirve a J.M. Campillo para hacer un paralelismo entre la experiencia del visionado de las películas de Kubrick y dos formas de quedar atrapado en las redes de una mujer: la obra de Kubrick no es la mujer que te conquista a primera vista; es la luchadora, la que está ahí, la que al final no te gana para un momento, sino para toda la vida.

            Y me encanta que termine prácticamente su libro así, porque como ya dije, quiero darle otra oportunidad a Kubrick. No sé si el cine de Kubrick me ganará para toda la vida pero lo que sí puedo asegurar es que el libro de Campillo Ortega me ha resultado muy seductor, y me ha transmitido, como aquella amiga le transmitió a Woody Allen, esa pasión por su cine.  Como el señor Allen, volveré a sentarme en el sofá… y PLAY.  Que empiece la función. Y a la segunda o a la tercera…


Patricia L.

viernes, 10 de febrero de 2012

El amor y la muerte - José Luis Corral Lafuente

Desde que leí 'El Salón Dorado', tengo una especial predilección por los libros de este escritor. Creo que es uno de los mejores en Novela Histórica y en esta novela se confirma una vez más. Porque lo grande de la novela histórica, según mi humilde parecer es mostrarnos el conjunto del momento narrativo y desde mi punto de vista está perfectamente conseguido en esta novela, es más, creo que 'se rebaja' la calidad de los personajes precisamente por la riqueza de la narrativa del entorno, de todos los personajes, lugares y hechos acaecidos en el período. Creo que como historiador que es, adorna más el entorno que a los personajes.
Y los personajes son muy importantes, quien no ha oído o leído sobre Abelardo y Eloisa, esa trágica historia de amor, trágica porque se trunca de una forma espeluznante, pero amor al fin y al cabo porque dura toda la vida.
La novela, narrada por un discípulo de Abelardo, no deja de ser un fiel relato de las venturas y desventuras de este filósofo del siglo XII, considerado ahora un adelantado a su tiempo por querer anteponer la razón a la fé ciega que era y sigue siendo aún ahora el 'fundamento' de la religión. Abelardo, primogénito de un fiel vasallo del duque de Bretaña, decide no dedicarse a las armas, como su padre, renuncia a los 'beneficios' de dicha primogenitura y decide estudiar filosofía, y desarrollar la lógica y la dialéctica.
Destaca como alumno y en los enfrentamientos dialécticos, incluso con varios de sus profesores, sale triunfante en todos, lo que le lleva a impartir sus propias clases y a empezar a tener muchos seguidores. Pero esa es la razón de que también le empiecen a salir enemigos, envidiosos de sus triunfos.
La vida de los maestros está por aquellas fechas muy relacionada con la religión y el celibato no se puede romper para seguir con ese estatus, y ha aparecido Eloisa, una culta y hermosa mujer, y el amor nace entre ellos de una forma apasionada, y fruto de la relación nace Astrolabio.
¿Cómo resolver los conflictos?. No se pueden casar, se aman, y es muy difícil ocultar esa relación, y sus enemigos ven una gran ocasión para vengarse de él.
Es muy conocida la historia pero no seré yo quien la desvele, ya lo hace el narrador, súbdito y amigo de Abelardo.
Los personajes descritos, símbolos puros del amor primigenio, y de la sabiduría fruto de la lógica y la razón, son casi utópicos, aunque pudieran tener sentido ocho siglos antes. Como ya decía al principio, creo que está mejor desarrollado el entorno de la época, que los propios personajes centrales.
Como resumen, se trata de otra gran obra de José Luis Corral con una prosa fantástica y, por supuesto, muy recomendable.