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domingo, 24 de noviembre de 2019

Contra todos los dioses, de A.C. Grayling


Anthony Clifford Grayling, autor y filósofo británico, nació en Luanshya, Rodesia del norte —actual Zambia—, en 1949.Su infancia transcurrió en su lugar de nacimiento y Malawi, trasladándose posteriormente a Gran Bretaña donde fue profesor de universidad en humanidades y filosofía. Es autor de una treintena de libros sobre filosofía, biografía, historia de las ideas, derechos humanos y ética. Miembro de diversas entidades nacionales e internacionales, entre ellas el Foro Económico Mundial, escribió en diarios como The Guardian y colaboró con medios como la BBC en temas de ciencia y sociedad. Ha dado conferencias en muchos países del mundo y recibido numerosos premios a lo largo de su vida. A sus setenta años continúa residiendo en el Reino Unido.

La sinopsis de este libro queda perfectamente reflejada en sus alegaciones iniciales:

Ha llegado la hora de subvertir la idea de que el credo religioso merece respeto por sí mismo, y de que debería tratárselo con guantes de seda.

Ha llegado la hora de rechazar tener que andar de puntillas al pasar junto a las personas que reclaman respeto, consideración, un trato especial o cualquier otra forma de inmunidad, por el simple hecho de tener fe religiosa, como si tener fe fuera una virtud privilegiada, como si fuera más noble creer en afirmaciones sin fundamento y en antiguas supersticiones.

Ha llegado la hora de decirles en voz alta a los creyentes que sus decisiones personales son irracionales, y que sus elecciones en la esfera privada pueden ser dudosas. Todo el mundo es libre de creer lo que quiera, siempre y cuando no moleste (ni coaccione, ni mate) a los demás, pero nadie tiene derecho a reclamar privilegios por el simple hecho de ser devoto de una u otra de las muchas religiones del mundo.

En su interior seis discusiones sobre la religión y un ensayo sobre la bondad que llevan al lector a reflexiones del autor sobre el tema yendo, en sus palabras, «directamente al grano y con calculada brevedad y concisión». Los diferentes apartados del libro son muy reveladores: ¿Debemos respeto a las religiones?, ¿Puede ser fundamentalista un ateo?, Una aclaración terminológica: secularismo, humanismo y ateísmo, La corrosión de la razón, Basta tender un puente, La agonía de la religión y La alternativa: el humanismo.

Estamos ante un texto breve, muy breve, pero de un contenido explosivo y muy significativo; sus 96 páginas conteniendo 11.500 vocablos se leen en un santiamén, aportando una colección de ideas reveladoras sobre el mundo de las religiones con las que se podrá estar de acuerdo o no. Los lectores que se vean atraídos por los planteamientos pueden acudir a otros libros de este autor (What Is Good?, The Choice of Hercules o The Meaning of Things) para ampliar con mayor detalle las sucintas ideas que son expuestas aquí. En el fondo, se trata de ofrecer al lector razonamientos que defienden una concepción laica del mundo en el que las ideas religiosas deberían concernir estrictamente a la esfera interior de los individuos y no servir de base o excusa de ningún discernimiento sobre ellas o de aplicación a otros ámbitos sociales.

Algunos párrafos extractados de su contenido
 
Para mantener el poder sobre los crédulos, el cristianismo se ha reinventado a sí mismo tantas veces, y con una hipocresía tan pasmosa, que un monje medieval que resucitara hoy, como el de Woody Allen en El dormilón, sería incapaz de reconocer esa fe que lleva el mismo nombre que la suya.

«La fe es aquello por lo que muero, el dogma es aquello por lo que mato».

Ninguna comunidad religiosa, como institución, tiene más derecho a reivindicar las atenciones del resto de la sociedad que un sindicato, un partido político, una organización de voluntariado, o cualquier otra comunidad de intereses particular (pues eso es exactamente lo que son las iglesias y las comunidades religiosas: «comunidades de interés particulares»).

La buena ciencia alienta los cuestionamientos rigurosos y las pruebas; casi todas las religiones, al menos en alguna época de su historia, han matado a quienes las cuestionaban.

Las teorías botánicas o meteorológicas no han provocado jamás ninguna guerra; la mayoría de las guerras y conflictos en la historia de la humanidad pueden achacarse directa o indirectamente a la religión.


domingo, 17 de noviembre de 2019

Nosotros en la noche, de Kent Haruf


Kent Haruf, escritor estadounidense nacido en 1943 en Colorado. Se graduó con una licenciatura en la Universidad Nebraska Wesleyan, donde luego ejerció de profesor. Su media docena de libros reflejan el latir de pequeñas comunidades de su región. Obtuvo varios premios literarios siendo esta su última novela, publicada de forma póstuma en 2015 si bien escrita en los últimos tiempos de su vida, después de que en 2014, año de su fallecimiento, los médicos le diagnosticaran una enfermedad pulmonar. Esta novela fue llevada al cine en 2017 con la película del mismo nombre, dirigida por Ritesh Batra y protagonizada por Robert Redford y Jane Fonda.

Louis y Addie llevan muchos años compartiendo vecindad en el pueblecito de Holt, en Colorado. Casados y con descendencia antaño, sus vidas han ido evolucionando hasta su estado actual de viudedad en el que ambos están alcanzando la vejez. Viven solos y acusan esa soledad con mayor intensidad al llegar la noche. Un día, con la mayor llaneza del mundo, Addie llama a la puerta de Louis y le invita a venir a su casa: «Me preguntaba si querrías venir alguna vez a casa a dormir conmigo». Un «y por qué no» da comienzo a una relación curiosa y natural que poco a poco acaba teniendo eco en la vecindad, siendo motivo de diferentes comentarios, que acaban llegando incluso a los oídos de Gene, hijo de Addie, que vive lejos y no aprueba la relación de su madre. Poco a poco, con charlas y viajes, irán conociéndose, cimentando su relación al contarse sus vidas pasadas y sus anhelos futuros, hasta valorar la posibilidad de pasar juntos el resto de sus días. La historia sigue hasta llegar a un desenlace que no podemos ni debemos desvelar aquí.

Libro pequeño en tamaño pero poderoso en sus planteamientos y alcance: una verdadera joya escondida en el maremágnum de lecturas pendientes. El tema de la soledad de las personas mayores que continúan viviendo en sus casas de toda la vida, una soledad la mayoría de las veces no deseada, es tratada con suma delicadeza por el autor en un lenguaje claro y atractivo que irá llevando al lector por las vidas de unos protagonistas que asumen con naturalidad este giro vital a pesar de ir a contracorriente de los convencionalismos sociales. Conciso, conmovedor, se lee de un tirón pues su encantador contenido en 144 páginas o cerca de 28.000 vocablos en su versión electrónica aportará una visión fresca y quién sabe si una idea a fomentar más en esta sociedad colmatada de prejuicios. Entrañable, conmovedor, muy recomendable.



miércoles, 13 de noviembre de 2019

Formas de estar lejos, de Edurne Portela

Edurne Portela es una ensayista y novelista española, nacida en 1974. Su carrera profesional se ha desarrollado en Estados Unidos, donde alcanzó un doctorado en Literatura Hispánica en la Universidad de Carolina del Norte ejerciendo posteriormente de profesora en la Universidad de Leigh, Pensilvania, desarrollando además varios trabajos de investigación. En 2016 decide volver a España y dedicarse por completo a la escritura, colaborando con diferentes medios escritos y radiofónicos. Además de «Formas de estar lejos», publicada en marzo de 2019, ha publicado el ensayo «El eco de los disparos: cultura y memoria de la violencia (2016)» y la novela «Mejor la ausencia (2017)». Más información en su página web .

Alicia y Matty son los protagonistas de la novela. Se conocen en un pequeño pueblo del sur de Estados Unidos, se enamoran, comienzan una vida juntos y llegan a casarse casi de sopetón. Alicia es española y ha dejado atrás su vida en Euskadi donde reside su madre viuda. Matty es norteamericano pero vive lejos de su familia. Dedica a fondo a sus tareas como profesora universitaria, la vida en común de ambos se va resintiendo. Un cambio de residencia a otro Estado no arregla la relación, que se va distanciando hasta entrar en unas formas inaceptables, volcados ambos a sus respectivos trabajos y sin hijos. Alicia intenta adaptarse para conseguir una vida feliz con Matty pero el esfuerzo es cada vez mayor hasta que se llega en una ocasión a la violencia física. Es el momento de dar un giro a su vida.

Estamos ante un relato intimista en el que pudiera haber algo bastante de autobiográfico de la autora. Alicia es el prototipo de mujer que no desea ser madre para evitar esas responsabilidades y volcarse por entero en su trabajo y en su primero pareja y después marido. Las relaciones de ambos con los respectivos suegros no son siquiera llevaderas. Como ocurre en la vida real, lentamente, las ausencias por motivo de trabajo, familia o amistades, alimentan desconfianzas y enturbian la relación hasta hacerse tóxica, progreso este muy bien relatado en la novela que avanza sin pausa hasta describir una relación de maltrato en la pareja llegando a la violencia física, pero sobre todo psicológica, sibilina, que por tener lugar en la intimidad del hogar es difícilmente demostrable. Estamos ante un relato muy vívido y agradable de la vida misma, con personajes cercanos y verosímiles que evolucionan con el paso de los años, si bien en la sociedad americana donde el racismo, el clasismo y el machismo estén probablemente más instaurados y admitidos que en la nuestra. Recomendable, especialmente para mujeres sensibles.



lunes, 28 de octubre de 2019

Loba negra [ANTONIA SCOTT 02], de Juan Gómez-Jurado

Disponible desde el pasado jueves 24 de octubre en librerías y mundos digitales la nueva entrega de la serie de Antonia Scott y Jon Gutiérrez, «Loba negra», de Juan Gómez-Jurado, un autor más consagrado allende nuestras fronteras que aquende, si bien la tendencia tiene todos los visos de irse invirtiendo gracias a sus últimas novelas y las ingeniosas e intensas campañas llevadas a cabo en las redes sociales. Otros libros de este autor, todos menos los infantiles que también tiene, están reseñados en este blog amén de algunos encuentros personales con él, por lo que invitamos al lector a usar el buscador del blog. Juan, escritor, periodista y buena gente, colabora tan intensamente con medios escritos, radiofónicos e internautas que nadie sabe de dónde saca tiempo para escribir. De nuevo hay que destacar el compromiso del autor con las nuevas tecnologías desde aquel lejano 15 de enero de 2011 con su campaña «1 libro = 1 euro» siendo otra prueba más de ello este libro en su versión (ebook) digital: 4,74 euros, menos de lo que cuesta un gin-tonic y mucho más paladeable y durante más tiempo. Sigue habiendo gente para todo y habrá quién lo descargue de alguna web donde ya ha hecho su aparición. Más información en la página web personal del autor accesible desde este enlace, donde todavía no ha tenido tiempo de actualizar «Loba negra» a esta fecha (esperamos y deseamos que este comentario se quede anticuado cuanto antes).

Aunque no es estrictamente necesario, si es muy recomendable haber leído «Reina Roja», primer libro en el que aparecen Antonia Scott y Jon Gutiérrez para tener una idea de sus personalidades. En el aspecto de la sinopsis del libro y como ya ocurriera con el anterior, la mejor es la que no se hace, para no desvelar los innumerables trasfondos que van apareciendo en cada vuelta de página, donde nada es lo que parece, por mucho que el lector se las dé de «listo» tratando de adivinar el desarrollo de la acción y sus personajes. El propio autor, en su twitter, ruega a los escribidores de comentarios y reseñas que no revelen nada ni siquiera avisando de que se va a hacer «spoiler»: «Un humilde y pequeño favor, para los de Kindle: si cuando acabéis y tengáis un hueco ponéis una reseña con el título: “No leas las reseñas, spoilers”, os lo agradezco muchísimo. Y por favor, no mencionéis ningún detalle de la trama más allá de la pág. 50». Sus deseos son órdenes para nosotros y el que quiera saber de qué va tendrá que leerlo.

Tras el enorme éxito de «Reina Roja» hace ahora un año, una historia que llevaba (muchos) años en gestación, a buen seguro que miles de lectores, entre ellos yo, han pospuesto sus lecturas en curso para acometer «Loba negra» con el riesgo ya asumido de que no se puede parar y si se dispone tiempo no se hará otra cosa hasta concluir las 552 páginas o los 101.729 vocablos que meterán al lector en un espiral de situaciones cambiantes que harán peligrar sus uñas. Diálogos chispeantes y ocurrentes, comentarios ad hoc que provocan la complicidad, situaciones muy bien estudiadas que parece que no vienen a cuento y que van cuadrando a medida que se avanza en la lectura. Se sigue armando la psicología de Antonia y Jon, coincidentes laborales y nada más, que a buen seguro seguirán teniendo recorrido en posteriores entregas. Como ya decíamos con «Reina Roja», el lector quedará esposado, —perdón, engrilletado— materialmente al libro para no soltarlo hasta acabar. O si deja el libro, lo que no aconsejamos salvo caso de fuerza mayor, quedará en ascuas hasta que pueda continuar la lectura. Y cuando acabe, a esperar ansiosamente el siguiente. Aunque como ya he comentado con anterioridad no soy aficionado a este género, los libros de Juan Gómez-Jurado me trascienden y no me ando con remilgos. Los he leído todos, muchos de ellos de un tirón el día que han salido, cosa que, lamentablemente no he podido hacer con este por cuestiones personales, demorando su lectura tres días… ¡una enormidad de tiempo!


viernes, 18 de octubre de 2019

La rubia del Tívoli, de Esteban Navarro Soriano

Esteban Navarro Soriano, escritor murciano, nacido en Moratalla en 1965 que durante muchos ejerció de policía nacional destinado en Huesca con lo que obtuvo numerosas ideas y situaciones para sus libros, bien por experiencias propias bien referidas por compañeros, a las que añade mucho de imaginación para convertirlas en historias redondas. Hace algunos años fue el primero en acuñar la expresión «generación Kindle» para designar a los autores que aprovechaban la facilidad de la auto publicación y del fenómeno de los libros electrónicos para hacerse un hueco en el panorama literario. En la actualidad, octubre de 2019, es ya escritor a «tiempo completo» y cuenta con más de una veintena de libros publicados, numerosos premios en diferentes certámenes y participa activamente en actos relacionados con su obra. Alguno de sus libros ya ha sido reseñado en este blog como «El apagón», «La noche de los peones», «Ángeles de granito», «La gárgola de Otín», «El cónsul infiltrado» o «Una historia de policías». La edición digital del libro que hoy comentamos vio la luz ayer 17 de octubre de 2019 y está disponible al precio imbatible de 3,99 euros. Más información en su blog accesible desde este enlace.

La rubia del Tívoli no es otra que Carmen Broto, o Brotons, una joven nacida en Guaso-Boltaña, Huesca, a la que la Guerra Civil Española lleva a Barcelona en su adolescencia, entrando como sirvienta en una casa de posibles. Poco a poco irá transformando su vida debido a su desparpajo y belleza, frecuentando las altas élites de una Barcelona en plena Guerra Civil y en la decena de años posteriores hasta sufrir un trágico final —a manos de sus propios amigos de correrías—, que el autor nos desvela en los comienzos del libro. Posteriormente, con un salto atrás en el tiempo, el relato irá descubriendo pormenores de la vida de Carmen resolviendo los interrogantes que sin duda asaltarán al lector. La historia está basada en hechos reales y fue conocida como «El crimen de la calle Legalidad». Según Wikipedia… «el asesinato conmovió a la sociedad barcelonesa de fines de la década de 1940 y dio origen a morbosos rumores que implicaban en el hecho a jerarcas del régimen franquista e incluso la propia Iglesia católica en la persona de uno de sus dignatarios».

Una historia atrayente ambientada en la Barcelona de los años 30 y 40 con un personaje central, Carmen, Cascabelitos, que se hace a sí misma y alcanza cotas impensables en la alta sociedad barcelonesa como dama de compañía y que el autor perfila magistralmente a medida que avanza el relato. Excelente manejo de los tiempos al dividir la historia en dos partes, empezando por un final que atrae el interés del lector para después desgranar las intrigas planteadas con una ambientación muy lograda de la ciudad y los personajes de aquellos años. Una narración continua, con diálogos y ambientes sugestivos y plausibles en los que hay el eterno trasfondo de poder, dinero y sexo, que se lee de una sentada. Muy recomendable como otros tantos libros de este autor, entre los que me atrevo a destacar «Una historia de policías»; altamente recomendable también, y que le causó problemas en su trabajo y posiblemente propició su salida del Cuerpo Nacional de Policía.

Para lectores interesados en el tema, en la serie de Radio Televisión Española titulada «La huella del Crimen» está disponible un capítulo titulado «El caso de Carmen Broto» accesible desde este enlace. También y al parecer, aparece camuflada en el libro de Juan Marsé titulado «Si te dicen que caí».


miércoles, 16 de octubre de 2019

Vigilancia permanente, de Edward Snowden

Edward Snowden nació en 1983 en Elizabeth City, Carolina del Norte, Estados Unidos. Desde muy joven se decantó por las nuevas tecnologías en ordenadores y lenguajes de programación llegando a ser empleado de las agencias de seguridad norteamericanas CÍA y NSA y estando destinado en diversos países como Suiza o Japón entre otros. En 2013 y desde Hong Kong, filtró a los periódicos The Guardian y The Washington Post varios documentos clasificados como alto secreto en los que se constataba el uso de una gigantesca máquina de vigilancia electrónica que anulaba la privacidad de forma generalizada de ciudadanos no exclusivamente norteamericanos. Perseguido por las autoridades de EE.UU., reside actualmente en Moscú con su mujer, aunque su asilo político no es permanente. Ha solicitado asilo político a numerosos países al parecer todavía sin éxito. En sus propias palabras … «estoy convencido de que hice lo correcto: “Antes trabajaba para el Gobierno, pero ahora trabajo para el pueblo. Y tardé casi 30 años en reconocer que había una diferencia”».

El libro es en realidad una autobiografía del propio autor. En él relata sus andanzas de joven y adolescente, sus problemas con los estudios y su decantación por los asuntos de la informática, en los que llega a desarrollar gran conocimiento por sus dotes de auto estudio. Consigue diferentes cometidos bien directamente o a través de empresas de intermediación en las diferentes agencias de seguridad norteamericanas y en diferentes puntos del globo, donde sus ideas y sus conocimientos ayudan a desarrollar programas especiales de recolección y gestión multitudinaria de datos procedentes de los registros electrónicos que cada vez proliferan más entre los ciudadanos, por lo general poco o nada preocupados por sus rastros tecnológicos. En la parte final, antes de su revelación a la prensa, Snowden utilizaba los turnos de noche para grabar información en minúsculas tarjetas SD que camuflaba en las pegatinas de su cubo de Kubrick que iba volteando continuamente para sortear los controles de seguridad. Figuran en el relato los pormenores de su encuentro con la prensa en Hong Kong que no fueron precisamente fáciles. La parte sentimental y familiar de su vida, muy complicada por su trabajo, está reflejada magistralmente.
«No podemos permitir que nos usen de este modo, que nos usen en contra del futuro».

…la mejor manera de encontrar algo es dejar de buscarlo.

Gus les dijo a los periodistas que la agencia podría rastrear sus smartphones, incluso estando apagados, y que la agencia podría vigilar todas y cada una de sus comunicaciones.

Nuestros datos deambulan a lo largo y a lo ancho. Nuestros datos deambulan sin cesar.
Si hacemos caso al conocido refrán «Ojos que no ven, corazón que no siente» hay libros, como este, que sería mejor no leer. A poca gente le quedan dudas en estos días de 2019 de la vigilancia a la que tienen sometida las tecnológicas —Google, Microsfot, Apple, Whatsapp, Instagram, Facebook…— a cualquier ciudadano que utilice dispositivos electrónicos tales como teléfonos, altavoces o electrodomésticos inteligentes, e incluso juguetes para niños (ver entrada «FISGONES» en el blog amigo de sensacionesinciertas). Lo sabemos, lo constatamos, pero lo ignoramos o quizá es que no tengamos alternativa sin renunciar a servicios que se nos antojan imprescindibles hoy en día. En este libro se constata que la captura de datos y su almacenamiento «masivo y para siempre» va mucho más allá de lo que podamos imaginar. Su uso parece ser comercial por el momento, pero las fotos, correos electrónicos, tuits o conversaciones de más de una decena de años —y sigue— pueden ser vistos o utilizados de forma diferente en el futuro. Las empresas lo reconocen sin pudor e incluso nos ofrecen su recuperación, pero no nos permiten ni su borrado ni ningún control sobre estos datos, que son suyos y no nuestros. Colaboración a gran escala entre empresas multinacionales, agencias de seguridad o espionaje en esta era digital en la que estamos inmersos con poco o ningún control por parte de nadie. Las leyes, cuando se cumplen en un país no se cumplen en otro, además de ir muy por detrás de los avances tecnológicos: juegue a poner PRISM en el buscador Google. Una lectura entretenida y muy reveladora, aunque ponga los pelos de punta. De forma complementaria, recomiendo ver la película «Snowden» o la conferencia (curiosísma en el planteamiento asistencial) en la plataforma TED titulada «Here's how we take back the internet». Para finalizar este comentario, recuperemos el refrán aludido en su versión «Ojos que no ven, tortazo que te (puedes) pegar».

Algunas frases entresacadas...
…la última generación sin digitalizar, cuyas infancias no están subidas a la nube, sino en su mayoría atrapadas en formatos analógicos como diarios escritos a mano, Polaroids o cintas VHS, objetos tangibles e imperfectos que se degradan con el tiempo y pueden perderse sin remedio. Los deberes del colegio los hacía en papel, con lápices y gomas, no en tabletas conectadas en red que registraban mis pulsaciones en el teclado. El seguimiento de mis estirones no se hacía con tecnologías de hogares inteligentes, sino que se marcaban con una navaja en la pared del marco de la puerta de la casa en la que me crié.

Nuestros dispositivos están constantemente emitiendo comunicaciones en nuestro nombre, queramos o no. Y, al contrario que los humanos con los que nos comunicamos por voluntad propia, nuestros dispositivos no ocultan información privada ni utilizan palabras clave en un intento por ser discretos. Se limitan a buscar la disponibilidad de red en las torres de telefonía móvil más cercanas con señales que nunca mienten.

Todo el mundo tiene algo, alguna información comprometedora enterrada entre sus bytes, si no en sus archivos, sí en sus emails; si no en esos mensajes, sí en su historial de navegación. Y de pronto esa información la estaba almacenando el Gobierno de Estados Unidos.

En mi situación actual, no dejo de recordar nunca que la ley es diferente en cada país, mientras que la tecnología no.



miércoles, 2 de octubre de 2019

Canciones de amor a quemarropa, de Nickolas Butler

@wiscobutler Nickolas Butler nació en Allentown, Pensilvania, y se crió en Eau Claire, Wisconsin. Es licenciado por la Universidad y el taller de escritores de la Universidad de Wisconsin. Ha tenido diferentes oficios tales como mantenedor en Burger King, vendedor de perritos calientes, guardaespaldas, en una empresa de tele marketing, en una industria cárnica, en un tostadero de café y de dependiente en una licorería entre otros. Cultiva también el relato y la poesía y publica sus textos en diferentes medios con los que colabora. Su primera novela fue «Shotgun Lovesongs», con la que obtuvo cierto éxito y fue traducida a varios idiomas. El libro comentado en esta entrada «Canciones de amor a quemarropa» fue publicado en 2014. En 2017 publicó «Los corazones de los hombres» y en marzo de 2019 ha visto la luz «Little faith». Vive actualmente en una zona rural de Wisconsin con su mujer y sus dos hijos. Más información en su página web.

Amigos desde que eran niños en el (imaginario) pueblo de Little Wing, cercano al (real) de Eau Claire, Henry, Lee, Kip y Ronny son los protagonistas junto con Beth, mujer de Henry, de un relato que desgrana los rumbos diferentes que fueron tomando sus vidas al alcanzar la madurez. Henry y Beth siguen en el pueblo trabajando duro en su granja, Lee es un afamado cantante, Ronny fue un vaquero de rodeo, pero ahora tiene sus problemas con el alcohol y Kip hizo sus pinitos como agente de bolsa. La amistad sigue latente pero las cosas han cambiado mucho y sus reencuentros sacan a la luz viejas historias y emociones que ponen en jaque sus convicciones. El amor y la amistad, la vida cerca de la naturaleza o la vuelta a los orígenes son, entre otros, los temas que conforman este relato. Además del narrador, los protagonistas se van alternando en los capítulos, sin solución de continuidad, contando en primera persona sus sentimientos y sus recuerdos.

Esta novela supondrá el disfrute de aquellos lectores que gusten de las recreaciones del ambiente norteamericano como pudieran ser «Las uvas de la Ira» de John Steinbeck o «Stoner» de John Williams por citar algunos ejemplos, pero será un duro castigo para aquellos a los que no les gusten este tipo de narraciones (americanadas he escuchado a algún lector). Hay muchos temas tratados en un relato en el que hay profusión de descripciones de los sitios y las personas para permitir hacernos una idea completa del ambiente rural y en las historias en primera persona que conforman la psicología de los personajes. La vuelta a las raíces, a un pueblo pequeño perdido, es un asunto constante en la vida de las personas que luchan para salir de él o para volver cuando se han marchado. Es un relato que podía seguir ad eternam o acabar en cualquier momento, como así ocurre sin que pueda decirse que se trata de un final: la trama queda abierta. Personalmente me ha gustado, me ha entretenido, me ha parecido sencilla y por ello conmovedora y mientras he estado sumergido en la historia he revivido parecidos temas en mi propia vida: en los pueblos no pasa nada y pasa mucho al mismo tiempo, siempre se pueden encontrar detalles en la vida cotidiana con sus rutinas de cada día. El estilo narrativo es sencillo a la vez que seductor y nada farragoso. Se llega a conocer a los personajes, pero se intuye que todos tienen mucho más detrás que el lector puede rellenar a su gusto.